Las elecciones rusas y los medios

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26 de febrero de 2004  

Mientras se acercan las elecciones presidenciales rusas, la preocupación de la comunidad internacional por el creciente autoritarismo de Vladimir Putin, que acaba de despedir a los miembros de su gabinete, es ya inocultable. El actual presidente ruso parece no tener rival alguno capaz de hacerle sombra en su ambición de reelección. En rigor, todo aquel que pudo haber sido rival, de una manera u otra, ha quedado en el camino. Preso, amedrentado o desalentado.

Curiosamente, el pueblo ruso está, pese a todo, anticipando su voto a favor de la reelección de Putin. Quizá cautivado por su estilo de "mano dura", después del caos de la era de Yeltsin. Privilegiando el orden sobre la libertad, una vez más.

Putin controla férreamente los medios de comunicación masiva, que lo apoyan sin el menor disimulo. Es fácil, porque hoy el Estado controla las tres cadenas nacionales de televisión. Dos de ellas por ser su propietario. La otra, NTV, por ejercer control inmediato sobre ella. Todos los noticiosos parecen, entonces, entonar una misma y monocorde melodía, al unísono. Destacando todos los logros diarios de la administración y ocultando sus fracasos, como ocurrió por dos veces, en público, con el lanzamiento de una nueva generación de misiles. Lo mismo que había sucedido en 1996, cuando Yeltsin fue reelegido con el apoyo de los "oligarcas", entonces dueños de los medios de comunicación rusos.

La situación es, sin embargo, un poco mejor en materia de diarios y radios, donde todavía se escuchan algunas voces críticas. Pero la televisión es, por cierto, el instrumento electoral más potente de todos. De allí que Putin esté aferrado a ella, procurando controlar lo que comunica, minuto tras minuto.

Queda claro que lo que está ocurriendo en Rusia transmite una sensación de peligro, porque cuando hasta las noticias huelen a propaganda, ocurre que la democracia misma está en peligro.

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