Las espinas del modelo

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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8 de marzo de 2014  

Son sólo tres carillas, pero paralizaron a varios gerentes. Llegaron a cadenas de supermercados, laboratorios y empresas de consumo masivo, llevan la firma de Humberto Guardia Mendonça, vice primero de la Comisión de Defensa de la Competencia, y exigen a cada compañía una radiografía que parece de otra época: los estados contables de los últimos cinco años, margen bruto y canales de distribución por línea de producto, condiciones de venta, descuentos y bonificaciones por tipo de cliente, costos, participación de mercado por rubro, ventas mensuales y proyección de uso de capacidad instalada para los próximos dos años. Es decir, que cada corporación le revele al Gobierno su política comercial.

Augusto Costa, sucesor de Guillermo Moreno y responsable del envío, no pudo haber elegido un mejor homenaje a la planificación centralizada que pregona su jefe, Axel Kicillof. Ya en 2012, en un encuentro en el banco Mariva que los anfitriones niegan pero que este diario confirmó, el ahora ministro de Economía lo había expuesto ante un grupo pequeño de inversores extranjeros: una de las razones de la caída de la Unión Soviética, deslizó, es que no tuvo el sistema de acceso a la información de los gobiernos actuales. "Las planillas de Excel con que contamos nosotros y la AFIP", especificó.

La carta de Costa parece un trabajo práctico de aquella tesis. "Por último -ordena-, hágase saber que deberá presentar la información solicitada en soporte digital y formato Excel, teniendo en consideración que, para los puntos 1 y 2, deberá presentar un archivo por cada uno de los 5 años, desde enero de 2009 hasta la fecha, debiendo confeccionar por solapa la información de cada mes y respetando el formato de los cuadros indicado."

Hay diez días para contestar. Suficiente para sumarle urgencias a un contexto en el que conviven otras consternaciones corporativas, como dos proyectos de ley también resistidos: el del diputado Recalde, que prevé declarar "de interés público" y "sujeto a expropiación" todo tipo de bienes, y el de Aníbal Fernández, que obliga a las compañías a pagar, antes de cualquier apelación o explicación, todas las multas con que sancione el Poder Ejecutivo.

La atmósfera creada es un daño aún no inventariado por quienes aspiran a suceder a Cristina Kirchner. Hace tiempo que las empresas han decidido evitar aquí inversiones importantes y, lo que es peor, toman como natural esa discrecionalidad del poder. Falta un año y medio para diciembre de 2015: este deterioro económico e institucional será el punto de partida del próximo gobierno.

Héctor Méndez puede ser un caso testigo. El líder de la Unión Industrial vendió hace unos días su participación del 10% en TEL 3, proveedor de tendido de cables y de fibra óptica, luego de que uno de sus socios, miembro de la Cámara de la Construcción, recibiera un mensaje inquietante de Roberto Baratta, colaborador de Julio De Vido: "Mientras esté Méndez no hay obras".

La venta, revelada ayer por el periodista Marcelo Bonelli en Clarín, confirma parte de las advertencias que Gustavo Weiss, número uno de la Cámara de la Construcción, venía expresando cada vez que el Grupo de los Seis discutía la conveniencia de criticar en público al Gobierno. No hay que olvidar, decía, que llevarse mal significa menos certificados de obra. La militancia del hormigón y el cemento.

Méndez había recibido en realidad un aviso más sutil el año pasado. En Río Gallegos, en aquel famoso encuentro con los dueños de la pelota, la Presidenta lo miró con sorna: "Méndez, la obra pública deja plata, ¿no?". Casi nadie la interpretó entonces. Era un mensaje para entendidos.

Un mal clima de negocios puede al mismo tiempo ser una oportunidad para candidatos presidenciales. Con muy poco, Daniel Scioli, casi socio fundador del kirchnerismo, ha logrado que el establishment lo crea la contracara de este proceso. Los empresarios gravitan en las campañas. Ningún gobernador tendría por qué dedicarle a nadie cuatro horas, pero eso duró la reunión que Scioli y Cristóbal López tuvieron en enero en La Plata, luego de acordada la venta del 50% del Casino Trilenium al dueño de Indalo.

Scioli viene de intentar sumar voluntades en Nueva York y suscita en el establishment menos desconfianza que el impredecible Sergio Massa. No es sólo economía: el respaldo del mundo de los negocios mejora el perfil de cualquier candidato que pretenda convencer a intendentes, el próximo objetivo con que el gobernador buscará equilibrar las adhesiones de Massa en la primera sección del conurbano. El jueves por la noche, en una tanguería del Abasto, operadores sciolistas de todo el país empezaron a discutir esta estrategia.

Esta vez no hay ni obras ni fondos para ofrecer. Menudo problema ante jefes comunales que están lejos de aquel 10% en que el general Perón ubicaba a los idealistas. Massa y Scioli parten entonces de bases de sustentación similares. El de Tigre se abocó a retomar la iniciativa mediática. El miércoles anterior a la Asamblea Legislativa, en el gremio de la sanidad, sus operadores buscaban un disparador para oponerse: que la Presidenta anunciara la reforma del Código Penal. "Ojalá nos haga ese regalo", había dicho uno, y así fue.

Massa y Scioli creen que el kirchnerismo no seguirá en el poder. Y el ex motonauta ha asumido además que no será nunca el ungido del proyecto. Es cierto que nadie imaginaba a Cristina Kirchner promocionando actos del sciolismo, pero parte de la tropa bonaerense sonrió el miércoles al ver que, cuando el jefe iniciaba la apertura legislativa, un tuit presidencial ensayaba una competencia por rating: "[AHORA EN VIVO] En la misa homenaje al Comandante Hugo Chávez en la Parroquia de la Virgen de Caacupé de Barracas".

Para el kirchnerismo puro, esta distancia significa el resguardo de ciertas banderas que podrían preservar capital político para un eventual regreso en 2019. Aunque queden pocos fieles. El año pasado, apenas operada la Presidenta, el neurocirujano Facundo Manes exhortó a la paciente a invitar amigas o, mejor, ampliar ese círculo que entonces integraban sólo la madre y la hermana, Máximo y Florencia, Carlos Zannini, Eduardo de Pedro y Julio De Vido. "Mi entorno es lo que ve", lo frustró ella.

Habrá que acostumbrarse a ese número. Y a una despedida con liturgia propia, quizá más encendida y cuidada que nunca. Sólo así podrían entenderse los esfuerzos que, el sábado, en medio del llamado a la concertación, mostraba el personal de seguridad del Congreso para que los palcos no le insuflaran a la Asamblea el fervor de otros años.

La oposición, que esperaba ser insultada, fue despedida entonces por una lluvia de pétalos de rosa. Son las mil flores de Néstor, Mao y el modelo. Empresarios decididos hace tiempo a vivir con lo puesto sabrán dónde encontrar las espinas.

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