
Las fábricas se van de México
Por Elisabeth Malkin The New York Times
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MEXICO
Desde hace dos años, las fábricas abandonan México, muchas de ellas por China. Esto ha generado, entre los grandes empresarios y los funcionarios del gobierno, una ola de exámenes de conciencia respecto a la capacidad del país de competir por el mercado norteamericano con otros exportadores baratos. "Es como si alguien nos sacudiera instándonos a despertar y modificar la estrategia porque el ambiente ha cambiado", dice Rolando González Barón, presidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora Exportadora, entidad representativa de las plantas que arman productos de exportación con componentes de libre importación. En 2001, sus ventas en el exterior sumaron 77.000 millones de dólares, casi la mitad de las exportaciones totales de México.
Al subir la moneda
La industria más afectada es la electrónica. Según cifras oficiales, en 2001 la producción menguó un 8,8 por ciento. En opinión de Federico Lepe, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de la Industria Electrónica de Guadalajara, para mantener su competitividad deberá promover la investigación y el desarrollo a fin de poder ofrecer productos "personalizados".
En cambio, la industria automotriz, que representa casi el 15 por ciento del PBI mexicano, está en condiciones de hacer frente a la competencia asiática. Como sólo produce lo necesario, en la cantidad y momento requeridos, sus proveedores abastecen constantemente las plantas de montaje siguiendo cronogramas ajustados. Resulta difícil dirigir esto con un océano de por medio.
Durante años, un peso barato disimuló las deficiencias de la manufactura mexicana, incluidos la alta rotación del personal y una logística engorrosa. Desde que la moneda empezó a subir, en 1999, los costos han aumentado alrededor del 30 por ciento. Ahora, las industrias manufactureras exportadoras deben establecer qué ofrece México, además de la afortunada vecindad con el rico mercado consumidor norteamericano.
Entre octubre de 2000 y marzo de 2002, su cenit y su nadir, las maquiladoras perdieron 287.000 puestos de trabajo, es decir, un 21 por ciento. Si bien han restañado esta hemorragia y, en estos últimos meses, el peso ha bajado un 10 por ciento, el debate se enardeció cuando México ofició de anfitrión en la Conferencia Económica Asia-Pacífico (APEC), celebrada en octubre en Cabo San Lucas. Los grandes empresarios mexicanos presionaron a los funcionarios para que atacaran enérgicamente los subsidios chinos a las inversiones, aduciendo que violaban las normas de la Organización Mundial del Comercio y achacándoles, en parte, las desgracias de México.
"Sé que China nos engaña. Si sigue engañándonos y no hace nada por mejorar, se meterá en problemas. En el futuro, la sancionarán", vaticina González. "Estamos apartando los obstáculos", responde China, ante las acusaciones de proteccionismo lanzadas en la reunión de la APEC.
González y otros ejecutivos admiten que los problemas de competitividad de México frente a China calan mucho más hondo. Además de mano de obra barata y una productividad creciente, China ofrece a los inversores extranjeros una base sofisticada de proveedores, exenciones tributarias, ingenieros y gerentes bien capacitados, y puertos eficientes.
El fantasma chino
En México, las compañías se quejan de los impuestos altos, la criminalidad, el papeleo, el atascamiento del transporte en la congestionada frontera, una infraestructura pobre y una escasez de técnicos y administradores calificados. Para mantener su competitividad, México tendrá que desarrollar sus puntos fuertes, incluida su capacidad de proveer a las fábricas y minoristas norteamericanos en las cantidades y fechas requeridas. Los inversores controlan sus listas de reformas necesarias para atraer más manufacturas, empezando por la educación. "Por cada dólar del PBI, China invierte diez veces más que nosotros en costear maestrías en ingeniería y administración de empresas en Estados Unidos y Gran Bretaña", señala Carlos Mancera, socio de la consultora educacional local Valora.
La competitividad mexicana ya no puede basarse únicamente en sus salarios bajos. Los obreros de las maquiladoras ganan entre 2 y 2,50 dólares por hora, incluidos numerosos beneficios e impuestos al trabajo. Las cifras chinas de costos laborales, aun siendo menos confiables, van de 35 centavos a un dólar por hora, pagando todos los beneficios e impuestos.
Resolver estos problemas es una tarea tan ciclópea que pocos esperan ver un pronto avance.
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)






