Las horas más difíciles

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
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22 de junio de 2002  

Con una sonrisa melancólica han visto en las empresas argentinas la devaluación que el dólar sufre persistentemente contra el euro. Desde que la Argentina decidió dejar la convertibilidad -porque el superdolar generaba una sobrevaluación del peso del 20%- la divisa norteamericana perdió casi 20% frente al euro.

El tipo de cambio real con Europa ha mejorado de manera extraordinaria, mucho más que el "sencillo" 20% que era necesario en 2002. Pero la corrección que hizo el mercado por sí mismo más la hiperdevaluación que hizo el Gobierno en su tarea de aprendiz de brujo no sirven para nada. Sin crédito, sin sistema financiero, la Argentina exporta mucho menos que antes de devaluar.

Para colmo, la fantasía que exponía Jorge Remes Lenicov sobre la baja del gasto -en términos reales- y el aumento de la recaudación, por medio de la inflación, tampoco funcionan. El último informe del Ieral de la Fundación Mediterránea muestra que la situación fiscal empeora y el gasto aumenta, aun cuando no se paga la deuda.

Todo este escenario complica el acuerdo con el FMI, que el Gobierno, cual náufrago desesperanzado, busca como el último de los salvavidas.

El ministro Roberto Lavagna fue maltratado por el FMI durante la semana. Desde el Gobierno se anunció que viajará la semana próxima a Washington a "cerrar" la negociación. Con la misión "exploratoria" de John Thornton en Buenos Aires el mensaje -con guiño de picardía criolla- era que ya estaba todo listo.

El vocero del FMI, Thomas Dawson, dio una conferencia de prensa en la que -en los códigos del FMI- zamarreó a los insurrectos argentinos. Dijo que no había ninguna reunión agendada. Que la misión no había terminado. Que Thornton daría un informe en Washington -pasado mañana- y que entonces el organismo verá como siguen las cosas.

Thornton reiteró antes de partir que al FMI no le gusta el plan de canje de depósitos por bonos. Transmitió las exigencias de Anoop Singh para que se cree una agencia de liquidación bancaria, como en Indonesia. El Gobierno pidió información a Yakarta, mientras presionaba diciendo que no usará las reservas para pagar los próximos vencimientos de deuda con los organismos.

La apuesta de las autoridades argentinas parece ser el forcejeo en términos políticos, tratando de atemorizar al FMI.

Pero el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O´Neill -principal sostén de Anne Krueger-, reiteró su política de mano dura: no hay que ayudar ni siquiera a Brasil, aunque tambalee la región.

El prenuncio del alejamiento de Mario Blejer del Banco Central es otra mala noticia. Ninguno de los profesionales que podrían garantizar solvencia e independencia quiso aceptar el cargo. Sin un plan, el Gobierno y los "duros" del FMI juegan a todo nada a ver quién afloja primero.

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