El voto, ese papelito

Graciela Guadalupe
Graciela Guadalupe LA NACION
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11 de agosto de 2019  

"Fijate si estoy en esa lista larga que cuelgan en las escuelas".

(De Carmen, 98 años.)

Cuando Carmen ingresó en el geriátrico -"por decisión propia", aclara cada vez que puede-, le preocupaba hacerse de nuevos amigos con quienes leer, charlar y jugar a las cartas. Nada muy sofisticado. Lo consiguió. Algunos -como ella, que supera largamente los 90- la siguen acompañando. En realidad, se acompañan mutuamente. Otros partieron y no pocos, también como ella, empezaron a tener días buenos, alternados con algunos malos, matizados por recurrentes lagunas de memoria.

En 2015, me pidió que la fuera a buscar para ir a votar. Y allí fuimos. En 2017, no solo me reiteró el pedido, sino que sumó a una amiga, Beatriz, a la "salida cívica", cuyo corolario es siempre un té con masitas y un largo paseo en auto. Esta vez fue la enfermera que la cuida quien me mandó un mensaje: "Dice Carmen que por ahí ella se olvida de pedirle que la lleve a votar este año. Que le está fallando un poco la memoria. Por eso le escribo yo. Para que lo tenga en cuenta", me llegó por WhatsApp.

No solo no hacía falta el recordatorio, sino que me le aparecí anteayer en el geriátrico para confirmarle que temprano esta mañana iríamos camino del cuarto oscuro.

Hablamos de todo, aunque esta vez los silencios entre frase y frase eran más largos. Estaba contenta por la visita, aunque por momentos miraba como queriendo saber quién la visitaba. Le pregunté si había decidido el voto y me dijo que sí. Y me mostró recortes de diarios y revistas que la habían ayudado a elegir. Algunos párrafos estaban subrayados. Papeles, lapiceras y sus anteojos de lectura se trasladan siempre con ella. Al igual que el bastón.

El aroma de la tarta de ricota que le llevé la transportó a su infancia y, con el primer bocado, los recuerdos se le amontonaron. Fue maravilloso ver cómo los ordenaba por fecha, tema o protagonista. Y cuántas acotaciones al margen hilvanaba sin alterar el hilo del relato. "Fijate si estoy en esa lista larga que cuelgan en las escuelas", reclamó, enérgica, por los padrones. Hasta que una nueva laguna, esta vez más extensa, se le instaló sin pudor.

La enfermera, que todo lo veía, me sugirió dejarla descansar y me entregó un poema que Carmen había resaltado para que me dieran en caso de que le ganara el olvido. Era un pasaje del Testamento gaucho, de Claudio Martínez Paiva: "Cuando le toque votar -le advertía el gaucho al hijo- tenga presente que en ese papelito que usted deja / deja lo más sagrado que tiene un hombre / porque ahí deja usted su honor, su libertad y su conciencia".

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