Hay que entenderlos...

Graciela Guadalupe
Graciela Guadalupe LA NACION
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24 de febrero de 2019  

"Punta del Este se hizo con plata negra".

(Del gremialista Marcelo Balcedo, preso en su chacra de Uruguay.)

Tienen suntuosas propiedades, aunque aducen que les fueron donadas, legadas o regaladas. Muchos portan armas para "defensa personal" (solo a Marcelo Balcedo le secuestraron una pistola Glock 9 mm con un kit para convertirla en una ametralladora, un revólver 38 y un fusil réplica del AR 15 calibre 22; todas, acompañadas con una gran cantidad de municiones). Balcedo, extitular del Sindicato de Obreros y Empleados de la Minoridad y la Educación (Soeme), está acusado de lavado de dinero, tráfico de armas y contrabando, y se jacta de haber movido mucha plata en negro en su vida. Por cierto, no es el único. Otros fueron apresados por liderar mafias comerciales que hicieron pasar como transacciones legales ante las propias narices de los entes recaudadores oficiales.

Se los reconoce porque tienen cajas fuertes tamaño extra large repletas de billetes. Poseen acciones, fondos de inversión, bienes en el extranjero, cuentas y testaferros para ocultarlos. Las joyas que atesoran son apenas vueltos de negociados suculentos. Son o fueron algunos de los más poderosos sindicalistas del país. Pero, como muchos acaudalados, tuvieron infancias tristes. Les contaron la historia sesgada. Les arrancaron de los manuales de la primaria las máximas del general San Martín a su hija Mercedes, cuando la instruye sobre el respeto por la propiedad ajena, hablar lo poco y necesario y despreciar el lujo.

Son hijos de un tipo de política que, para mantenerlos tranquilos, los blindó con dinero y protección. Son hijos de padres malcriadores. Nacieron arengando que el capitalismo es malo, aunque usan y abusan de sus beneficios. Fueron prohijados por una política que los hizo fuertes para conseguir avales y que fue rehén de sus presiones una vez obtenidos esos apoyos.

No tienen una vida fácil. Hay que entenderlos. Ellos no son violentos, defienden derechos. No agreden, se hacen ver. No insultan, prueban léxicos diferentes. El sindicalista no se vuelve rico, se abastece. No rompe el mobiliario público para conseguir proyectiles, es diseñador de espacios abiertos. No quema neumáticos, arma fogatas donde cantarle a la luna. No grita, vocaliza. No cumple condena penal, es un preso político. No corre ni aunque lo apuren. Básicamente, no se deja correr. No va a la huelga, la huelga va hacia él. Si tiene fortuna es porque es afortunado. Si roba, es Robin Hood. Si lo pescan, es una injusticia. Y, si tiene que trabajar, no es sindicalista.

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