Las tarifas no lo son todo

Claudio Figuerola
Claudio Figuerola PARA LA NACION
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3 de mayo de 2018  • 00:24

El revalúo de las tarifas de los servicios públicos era tan necesaria como lo es el sinceramiento de la carga impositiva sobre las facturas que recibimos periódicamente. Ambos aspectos son dos de los tres pilares fundamentales para la sustentabilidad de los distintos sistemas de producción y distribución de estos bienes que resultan clave para el día a día de toda la población, así como también la posibilidad de extender estos servicios hacia aquellas personas que aún no cuentan con sus beneficios. Pero el hecho es que, más allá de todos los esfuerzos que implicaron el revalúo y la baja de impuestos, esto no cambiará el hecho de que los habitantes de Argentina deberemos acostumbrarnos a facturas de servicios más costosas.

Estudios internacionales muestran que, en las sociedades occidentales, los hogares representan aproximadamente un tercio del consumo de energía. Quizás sea por eso que, durante los últimos treinta años, los esfuerzos de los gobiernos de los países desarrollados para reducir esta proporción hayan incluido la investigación y desarrollo de tecnologías y edificios más eficientes, así como actividades políticas dirigidas a los hogares, alentándolos a comprar estas tecnologías más eficientes. Esto se traduce, en la Argentina de hoy, a la entrega de millones de lámparas LED, etiquetas de consumo con nuevas escalas, la inclusión de los televisores en la obligatoriedad de informar el consumo o bien etiquetar a los edificios con valores de referencia en materia de consumo.

El hecho de saber que sólo el 42% del consumo energético se explica por factores exógenos, como la estructura de la construcción y 4,2% a la tecnología que empleamos para calefaccionar el ambiente o el agua que usamos nos deja el interrogante por el origen del resto. ¿Dónde está el resto? Pues bien, el 50% se fundamenta en la forma en el cual las personas usamos estos recursos. Esta tendencia ya fue confirmada en el Congreso Mundial de Energías Renovables, realizado en Suecia en el año 2011. Estamos llegando siete años tarde a un debate que ya quedó resuelto.

La oportunidad que tenemos hoy, gracias al avance de la tecnología de Internet de las cosas y el acceso que las personas podemos tener a ella es que nuestras prácticas de consumo ahora pueden ser medidas en tiempo real. Así, podemos contar con una noción certera del efecto que tienen nuestros consumos, tanto a nivel económico como respecto a su impacto ambiental. Justo ahí, en el corazón donde se explica el 50% de los importes de nuestras facturas de servicios públicos.

El gran cambio que tenemos por delante es cultural. La modificación impositiva, sin dudas, ayuda, pero no nos resolverá el problema de fondo que implica para nosotros no haber sido educados para cuidar el consumo. Medir de modo fehaciente y preciso nuestras formas de usar la electricidad, el gas y el agua son el primer paso para que nosotros cambiemos y enseñemos a nuestros hijos un camino más responsable y sostenible, ambiental y económicamente hablando.

Ingeniero, empresario y CEO de Wabee

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