Le Parc, vanguardia en presente

Fernando García
Fernando García PARA LA NACION
Le Parc y su instalación en el Teatro Colón
Le Parc y su instalación en el Teatro Colón Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
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31 de agosto de 2019  

Un afiche que reproduce una obra geométrica temprana de Julio Le Parc anuncia sobre la avenida Córdoba la muestra Transición Buenos Aires-París 1955-1959 en la que puede atisbarse la génesis del cinetismo y el op art que marcarían las seis décadas siguientes del artista nacido en Mendoza en 1928. La muestra del Museo Nacional de Bellas Artes arma constelación con la megamuestra del CCK (más de 160 obras) por la que ya desfilaron 180 mil personas desde su inauguración en las últimas vacaciones de invierno. Es la muestra récord del ex Palacio de Correos desde su inauguración en 2015.

En agosto de 1967, Le Parc había batido otro récord pero en el Instituto Di Tella cuando, después de ganar el Gran Premio Internacional en la Bienal de Venecia, Romero Brest le abrió las puertas a su primera retrospectiva. Esa muestra de Julio Le Parc fue vista por 159.287 personas entre el 1 y el 20 de agosto, cinco veces más que La Menesunda de Marta Minujín y Rubén Santantonín, cuyo folklore oral evoca multitudes. Junto a una muestra de grabados de Picasso, las piezas cinéticas de Le Parc fueron lo más visto por los porteños en esos años que fueron de la democracia proscriptiva de Illia a la dictadura plena de Onganía. Le Parc llegaba a todas las casas a través de la tele: Telenoche le había dedicado un programa especial que disparó la concurrencia a Florida 936.

Pasaron 52 años y la convocatoria que Le Parc está teniendo en el CCK y el MNBA no sorprende a nadie; a esta altura el hombre de humor ácido es una leyenda viva del modernismo argentino (aunque haya realizado la mayor parte de su obra en París, es nuestro). El país es otro, mal o bien llevamos tres décadas votando el presidente que queremos y se pueden pegar afiches anunciando muestras en la vía pública. ¿Acaso antes no se podía? Lo que sigue ilumina el contexto en el cual Le Parc cautivó a los porteños en forma masiva.

El Di Tella contaba con un arma mortífera que era el departamento de diseño gráfico a cargo de Juan Carlos Distéfano con el aporte de Rubén Fontana, Juan Andralis y el fotógrafo Humberto Rivas. De una salita pequeña que Fontana evoca como "villa miseria", salían las piezas que revolucionaron la comunicación cultural en el país. Vistos hoy esos programas de mano, catálogos y afiches tienen la rara cualidad de la vanguardia: se ven contemporáneos y al mismo tiempo definen su tiempo. Para la muestra de Le Parc, Fontana y Distéfano pensaron un afiche que, como todos, explotaba la potencia pura de la tipografía al tiempo que asimilaba la búsqueda óptica del mendocino. Las letras de la palabra "Le Parc" reverberaban como en un espejismo del desierto o como bajo los efectos de una droga lisérgica.

Según recuerda Fontana, los afiches de vía pública del Di Tella debían pasar por la revisión de un organismo municipal. Para agosto de 1967 las cosas entre Florida 936 y el Onganiato empezaban a ponerse picantes. El caso es que un funcionario objetó el hipnótico afiche. No por su efecto levemente psicodélico, nada de eso. Sino porque regía en Buenos Aires una resolución que prohibía pegar carteles en "idioma extranjero". Enrique Oteiza, entonces director del Instituto, intercedió para explicarle a la Municipalidad que se trataba del apellido de un artista argentino consagrado en el mundo, pero no hubo caso. Resignados, consiguieron que el afiche se pegara en las cercanías del Di Tella con la muestra muy avanzada. Acaso el burócrata anónimo solo estaba ejecutando el plan maestro del artista: que la obra de arte se despojara de toda autoría para impactar por sus cualidades expresivas.

Justicia poética entonces, el afiche que hoy anuncia la muestra del temprano Le Parc en Bellas Artes parece estar atrás de la pieza de Distéfano y Fontana en la forma de comunicar cultura en Buenos Aires. En términos de diseño es tibio, conservador, y no hace más que convocar al otro en su calidad de fantasma gráfico que, más que una muestra, estaba promocionando la vigencia de Le Parc en el siglo XXI.

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