Leopoldo López, a la cárcel por ser opositor

Christopher Sabatini
Christopher Sabatini PARA LA NACION
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27 de mayo de 2015  

NUEVA YORK.- Hace 15 meses que el ex alcalde de Chacao y líder opositor venezolano Leopoldo López permanece detenido en la cárcel militar de Ramo Verde acusado por el gobierno de instigar a la violencia.

Su juicio se ha alargado desde septiembre, y durante algunos meses las audiencias han ocurrido con regularidad, mientras que en otros -tal como pasó en abril- se han detenido abruptamente sin aviso previo o plan de retomarlos. Las convocatorias para las audiencias no sólo están sujetas a la discrecionalidad de un sistema judicial plenamente bajo el control del presidente Nicolás Maduro, sino que también están cerradas a la prensa. Supuestamente, si uno está presente en la sala de juicio, ni siquiera puede tomar notas.

Dada la calidad de la causa del gobierno, es comprensible que intenten alargar el juicio y evitar el escrutinio público. Uno de los mayores cargos del gobierno de Maduro es que López estaba enviando sutilmente -¡pero insidiosamente!- mensajes subliminales para fomentar la rebeldía. (¿Acaso alguien todavía cree en mensajes subliminales? ¿No pasaron de moda en los años 70?) Y ciertamente, en una de las audiencias recientes, un testigo gubernamental, un experto en telecomunicaciones, dio como prueba de las actividades nefastas de López que en uno de los días de manifestaciones su teléfono celular no recibió ninguna llamada doméstica, pero sí varias internacionales.

Si acaso hubiese un momento estilo Perry Mason en un juicio, éste estaría llamado a serlo, ¿no? ¿Llamadas internacionales? Diría que este hombre es culpable? si no fuera porque yo mismo recibo por lo menos seis llamadas internacionales diariamente de periodistas, amigos, colegas. Quizá no debería ir a Venezuela.

Todo esto podría ser ridículamente risible hasta que uno conoce sus padres. Su madre, a quien vi tan sólo tres días después del Día de la Madre, y su padre, muestran el estrés y la angustia de tener a su hijo detenido arbitrariamente y en estado de aislamiento e incomunicación. Al hablar con ellos, un padre no puede evitar imaginarse lo que ellos están experimentando: temor por la seguridad de su hijo y preocupación por lo que le está pasando. Pero en los padres de Leopoldo López también hay orgullo por el compromiso de su hijo con valores democráticos y con su país.

Después de reunirme con ellos quedé sumamente inspirado por su orgullo familiar y su patriotismo.

Su hijo sigue haciéndole frente al titular de Ramo Verde, el coronel del ejército Homero Miranda, sin temor a las consecuencia. Y seamos francos, un gobierno que acusa a un opositor político con cargos tan absurdos, alarga el juicio y lo aísla en una celda de dos metros cuadrados puede hacerle lo que quiera detrás de puertas cerradas.

Y lo han hecho. Cuando cerró con llave la puerta de su celda para evitar un ataque de guardias enmascarados (como había sucedido antes), tomaron una antorcha y quitaron la puerta. Cuando trataron de restringir el número de libros que podía tener en su celda, insistió en continuar su lectura cambiando los libros que había leído con libros nuevos traídos por su familia en algún tipo de parodia de biblioteca pública. Y cuando un grupo de seis guardias le dijo que se pusiera los zapatos porque iba a ser trasladado, se negó y no hicieron nada.

Ahora que lo pienso, quizás uno de los elementos más irrisorios de esta historia no sean los cargos y la causa judicial que el gobierno ha montado en contra de un manifestante político pacífico, sino que él sigue haciendo frente y hasta burlándose de sus atormentadores. Es suficiente para enorgullecer a una madre (y a un padre).

El autor es profesor adjunto en la Universidad de Columbia y editor de LatinAmericaGoesGlobal.org

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