Lo frágil de la belleza

Diana Fernández Irusta
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26 de febrero de 2018  

Fuente: AP

Nada más luminoso, tenue e hipnótico que un arrecife. Así lo verán los afortunados turistas que esta imagen captura en pleno chapuzón en las islas Seychelles. Lo que contemplan tras sus máscaras de snorkel es algo así como el latido profundo de un planeta vivo; el testimonio de siglos y siglos de lento trabajo de algas, corales, seres diminutos y no tanto, todos implicados en una danza paciente, pródiga, generosamente bella. Un arrecife es antiguo y sutil y frágil como el más delicado de los cristales. Por eso la nación que alberga las aguas donde estos bañistas veranean acaba de lanzar un singular plan ambientalista: intercambió deuda soberana por conservación de la vida marina.

Si todo sale bien, sus parques subacuáticos serán enclaves protegidos en medio de un planeta exhausto. Si todo sale bien, se habrán preservado diminutos islotes de belleza: recuerdos de la vida que hubo antes de nuestra excesiva especie.

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