Lo público y lo privado

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26 de marzo de 2000  

LA progresiva desaparición del antiguo modelo delEstado de bienestar y la creciente ampliación de la órbita de influencia del capital privado ha traído como consecuencia, en casi todo el mundo, el surgimiento del llamado sector social, conformado por organizaciones no estatales que desarrollan actividades de bien público sin fines de lucro.

El fenómeno responde a motivaciones fáciles de entender: a medida que el Estado se fue retirando de muchas de sus tradicionales tareas asistenciales y de provisión de servicios a la comunidad, fueron surgiendo en el propio seno de la sociedad -como anticuerpos espontáneos- iniciativas tendientes a lograr que el sector privado tomase a su cargo, desinteresadamente, algunas de esas acciones.

Se fue conformando así un sector de la actividad privada cuyo fin no era ya la clásica obtención de márgenes de rentabilidad y de ganancias lucrativas, sino la satisfacción de necesidades sociales y públicas. A ese nuevo campo de la actividad se le ha dado, con acierto, el nombre de sector social.

Ahora bien, existe actualmente una tendencia a ir más allá de la mera creación de organizaciones sociales sin fines de lucro. Se observa -con razón- que al retirarse el Estado como proveedor de bienestar y de servicios y al asumir esas prestaciones un sector de la sociedad ajeno a las estructuras del poder se ha producido una transferencia de responsabilidades que obliga a reformular los conceptos de "lo público" y "lo privado".

Hoy el interés público es atendido, en muchos casos, por agentes que no pertenecen a la esfera gubernamental, de modo que por un lado el sector privado extiende cada vez más su esfera de competencia hacia zonas que no son ya estrictamente "privadas" y, por el otro, la atención del interés público ya no está reservada en exclusividad al sector estatal.

La mejor manera de caracterizar, hoy, a un empresariado responsable es definirlo como el sector que aplica "recursos privados para fines públicos". En consonancia con ese modo de encarar la misión del sector privado, está cobrando forma una nueva manera de concebir la responsabilidad del empresariado. La antigua visión de que el único papel posible para una compañía privada es generar lucro, crear empleo y satisfacer al consumidor está cediendo su lugar a una concepción más amplia de las posibilidades que tiene toda empresa de involucrarse en el área de la acción social.

Es que las empresas tienen recursos importantes para poner al servicio del bien común que no necesariamente se relacionan con el dinero. Tienen, por ejemplo, conocimientos técnicos y gerenciales, canales de comunicación y distribución, elementos ociosos o subutilizados y, sobre todo, tienen el factor humano. La tendencia de muchas empresas a celebrar alianzas con organizaciones del sector social para colaborar con ellas en una obra o tarea de bien común se está desarrollando cada vez más, con la particularidad de que la contribución empresarial no consiste sólo en aportar dinero -como fue tradicional- sino en brindar apoyo técnico, gerencial o de infraestructura.

Surge, así, el concepto de voluntariado empresarial , que debe diferenciarse del simple voluntariado individual. Los beneficios que trae el sistema serían muchos y variados. La empresa puede, por ejemplo, aportar a una determinada organización social sus funcionarios o sus profesionales, lo que significaría una "garantía de calidad" para el cumplimiento de sus fines o asegurar, en una determinada acción, el buen uso de los recursos.

La relación entre una empresa y una entidad del sector social puede darse por dos caminos: que una persona enrolada individualmente como voluntaria consiga involucrar en su compromiso a la compañía en que trabaja, lo que puede significar que se lo autorice a usar su tiempo y también a volcar determinados recursos de la empresa, financieros o de infraestructura, en beneficio de la tarea de bien público a la que está dedicada.

Un caso distinto se plantea cuando es la propia empresa la que toma la iniciativa de colaborar con un fin social, instando a los miembros de su personal o a otras personas a trabajar como voluntarios en ese proyecto.

Un ejemplo estimulante de lo que puede lograrse con el apoyo empresarial a finalidades de bien público es el que se está dando en la órbita educativa, donde empresas de primer nivel, convocadas por el titular del Ministerio de Educación de la Nación, Juan Llach, han decidido colaborar con proyectos generados por equipos docentes de distintas zonas del país. Se trata de un paso audaz hacia la incorporación de metodologías originales e imaginativas para resolver problemas concretos en un sector de vital importancia social, como es -en este caso- la educación.

Es, también, una demostración práctica de la manera en que se articulan, hoy, lo público y lo privado, dos conceptos que han dejado de responder al esquema simplista del pasado -que ya no tiene vigencia- para dar paso a formas de cooperación más eficaces, potentes y multiplicadoras.

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