Lo que queda de Occidente

Por Julio César Moreno Para LA NACION
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30 de agosto de 2001  

Hasta no hace mucho tiempo -unos 20 o 30 años-, la "civilización occidental y cristiana" estaba en plena vigencia. Era un concepto que aparecía en los textos de historia, en los programas de los partidos políticos, en las encíclicas papales y -en nuestro caso- hasta en las proclamas militares. Su defensa constituyó una especie de paradigma en los largos años de la Guerra Fría, o sea de la confrontación de Occidente con el comunismo.

Pero hoy la palabra Occidente aparece poco. ¿Qué quedó de la "civilización occidental y cristiana"? Después de la caída del Muro de Berlín y de la disolución de la Unión Soviética, la palabra "globalización" invadió el escenario del mundo no solo geográfico, sino también económico, ideológico y político. La fórmula "economía de mercado y democracia liberal" se convirtió en un nuevo paradigma, al amparo de un proceso irrefrenable de transnacionalización de la economía y las finanzas.

Pero he aquí que en los últimos años ha surgido un impetuoso movimiento "antiglobalización" (desde Seattle a Génova), al que la Iglesia Católica no es indiferente. Precisamente en nombre de los valores cristianos, la Iglesia ha hecho una crítica severa al neoliberalismo y la globalización y ha levantado la bandera de la lucha contra la pobreza, la marginalidad, el subdesarrollo y las desigualdades sociales. Y a causa de la participación de un fuerte contingente católico en las manifestaciones antiglobalización de Génova, en Italia se habló hasta de la restauración de la cultura cattocomunista (católico-comunista) en torno del valor común de la solidaridad.

Sin embargo, no habría que temer una desviación "antioccidental" de la Iglesia. El Papa ha sido muy claro (y la Iglesia argentina también) en cuanto a la revalorización de los partidos políticos como agentes naturales de la representación popular, como también respecto de la vigencia de las instituciones democráticas. Pero, como siempre, las cosas son más complejas, ya que junto con estas claras definiciones de la Iglesia se advierte un cierto remozamiento de la "teología de la liberación" y corrientes afines.

Nuevos pluralismos

También en la Argentina se han observado en los últimos meses fenómenos similares al movimiento antiglobalización. La Iglesia ha sido muy cuidadosa en el sentido de no azuzar los conflictos sociales, pero también ha sido muy clara en la denuncia del hambre, el desempleo y las injusticias sociales. Muchos católicos participan de los cortes de rutas, puebladas y manifestaciones callejeras, junto a militantes de izquierda y otros partidos.

Y en el plano estrictamente político, con relación a las próximas elecciones legislativas, se han constituido nuevos pluralismos. Elisa Carrió, radical disidente y católica militante, ha convocado a buena parte de la centroizquierda, sectores de su propio partido y del justicialismo. Y hay otros fenómenos similares en el país. La civilización occidental y cristiana se ha convertido, en buena parte del mundo, en un escenario de alta movilidad social, política y cultural.

El autor es licenciado en filosofía y periodista.

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