Lo que se hizo no fue poco

Por Alicia Pierini Para LA NACION
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29 de abril de 2004  

Este año se cumple una década de la inclusión de las Convenciones Internacionales de Derechos Humanos en la Constitución nacional. Fue, quizás, la política de Estado más importante en esta materia del último fin de siglo.

Había sido precedida por la ratificación parlamentaria del Pacto de San José de Costa Rica -en 1984-, que incluye a la Comisión Internacional de Derechos Humanos como órgano de fiscalización regional de la acción de los gobiernos. Y también por un memorable fallo de la Corte Suprema de Justicia de julio de 1992, por el que se les otorga jerarquía superior a las disposiciones convencionales en materia de derechos humanos por sobre la legislación nacional.

Esta política de Estado -de-sus tres poderes- ha sido tan importante que ni la maquinaria desvalorizadora que adjudicó la reforma constitucional a la mera reelección pudo eludir su trascendencia. Tan importante como el desagravio público a las víctimas realizado a partir de 1991, al desarrollarse desde el Gobierno el Sistema de Reparación Histórica, integrado por leyes, decretos y sentencias, que dignificó a todas las víctimas del terrorismo de Estado, promovió los juicios por la verdad y obtuvo documentación que cuadruplicó el archivo legado por esa formidable Conadep a la que siempre hemos reivindicado por su tarea, aun sin compartir la nefasta teoría de los dos demonios.

Hasta se trajeron archivos del exterior para probar la existencia del Plan Cóndor, expresión de la llamada doctrina de la seguridad nacional, agregando más verdad y poniendo los cimientos de los derechos humanos para los países agrupados en el Mercosur. Queda mucho por hacer, pero lo ya logrado no es menor, aunque la impunidad, hasta hoy, no haya podido ser vencida.

Bienvenida la nueva etapa que promete más compromiso y más justicia. Pero la historia no empieza cuando uno llega. Se amasa día tras día, en la sociedad y en el Estado, con avances y retrocesos, imperfecciones y corajes, con más hechos que palabras. Con éstas apenas nombramos un deseo: nunca más.

Memoria es identidad. Identidad es Patria. Y ésta, por su historia, sólo se viste de azul y blanco. Tampoco esto debe olvidarse.

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