Los conflictos con el cuerpo

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
(0)
26 de abril de 2018  • 00:12

Muchas personas manifiestan: "No me gusta mi cuerpo". Entre los muchos mitos que circulan por asociación entre cuerpo y belleza, podemos mencionar los siguientes:

  • a. Belleza= sexo extraordinario. Esta es una falsa asociación que coloca la felicidad en el cuerpo. Estar delgado no significa haber resuelto los conflictos internos. De hecho, muchas personas bajan de peso pensando que entonces sus conflictos emocionales serán resueltos y, aun así, éstos continúan. Relacionar un "cuerpo lindo" con deseo sexual es una falsa asociación.
  • b. Belleza= capacidad. Este es otro mito: pensar que la falta de belleza es limitadora. Es decir, creer que no puedo hacer ciertas cosas a causa de mi belleza o de mi cuerpo. La sociedad castiga psicológicamente al que no posee este ideal. Se suele asociar el sobrepeso con la pereza y la hermosura o la delgadez con la capacidad.
  • c. Belleza = bondad. Existen innumerables investigaciones que señalan que a la "gente linda" se la ayuda más, o recibe mejores notas, o vende más que la no atractiva. Por lo general, los hombres se esfuerzan más si hay mujeres bonitas a su alrededor. Esta es una asociación falaz, dado que la bondad, la capacidad, la competencia y los valores trascienden la belleza y todo lo que la cultura determina que es bello.

¿Cómo veo mi cuerpo?

Lo primero que debemos aclarar es que "este esquema" que todos poseemos, la percepción de nuestro propio cuerpo, no se construye en un día y se puede ir modificando a lo largo de la vida. La manera en que percibimos nuestro cuerpo en la adolescencia no es igual a la percepción que tenemos en la adultez o en la vejez. Si no me gusta mi cuerpo, es difícil que me guste el ser humano que lo habita. Hay personas que envuelven su esquema corporal de una emoción. Estas son algunas variables:

  • a. Vergüenza: "Me siento inadecuado, me da miedo mostrarme, le tengo miedo al rechazo".
  • b. Culpa: "Mi cuerpo es feo, es malo, y lo castigo de múltiples maneras".
  • c. Seducción: "Mi cuerpo es ‘un arma de seducción y conquista’ para obtener poder, ascender, manipular, etc.".

Algunas investigaciones revelan qué aspecto de su cuerpo no quieren las mujeres. En primer lugar, el rostro. Y en segundo lugar, el peso, lo cual muchas veces es motivo no solo de autocastigo sino también objeto de la burlas de otros.

En el pasado se consideraba que el cuerpo era una cárcel y que lo único importante era el mundo interior. Algunas ideas al respecto:

  • a. Una cosa es el cuerpo real y otra cosa es el cuerpo imaginado. Como dijimos, a lo largo del tiempo, vamos construyendo nuestra imagen con aquello que yo siento emocionalmente por mi propia historia y lo que otros ven de mí. Es decir, que la imagen corporal es algo social e incluye la mirada de nuestros padres, la mirada de nuestros amigos, la mirada propia y la mirada de la cultura que propone ideales inalcanzables, justamente para frustrarnos. Muchos padres tienen dos hijos: un varón y una nena. Los dos se golpean, se caen, pero es la nena la que va a ser más acariciada y más consolada que el varón, aunque el dolor sea el mismo. Por lo general, en la niñez, el varón recibe menos caricias y menos estímulos verbales que la mujer.
  • b. Cuando hay un conflicto con el propio cuerpo, hacemos uso de una lupa. La lupa es una sobredimensión. Cuanto más observo en detalle el aspecto de mi cuerpo que no me agrada, más ansiedad siento. Entonces, voy a armar rituales para intentar resolver esa ansiedad que me termina llevando a experimentar más ansiedad.

¿Qué podemos hacer?

  • Podemos quejarnos, castigarnos o buscar una solución mágica. Pero la solución correcta es hacer algo activo. ¿Qué significa esto? Hacer todo lo posible para sanar la relación con nuestro cuerpo.
  • Integrar cuerpo e historia. Cuando me miro al espejo, lo que veo es mi historia, no solo mi cuerpo. Cuando separamos el cuerpo de nuestra propia historia, estamos parcializándolo y cayendo en la subjetividad extrema.
  • Amarme y respetarme como persona. Dos preguntas muy útiles son: ¿Cómo me estoy tratando? ¿Cuánta compasión ejerzo sobre mi propia vida? Los verdaderos cambios surgen desde el amor, no desde el odio, y la clave siempre es el amor que es generador de deseo.
  • No compararme. Permanentemente ciertas pautas culturales nos impulsan a compararnos con ideales que no existen, haciéndonos creer las mentiras que anteriormente nombramos.
  • Tener metas para nuestro cuerpo. ¿Cómo me quiero ver de aquí a un par de años? ¿Cuánta salud deseo disfrutar? Tengo que construir hábitos saludables no solamente en lo físico, a través de las comidas, del deporte, etc., sino también en lo emocional. A veces somos presas del hambre emocional: comemos por culpa, por bronca o por ansiedad.
  • No necesitamos tener el "cuerpo perfecto" para tener una actitud positiva y saludable. La belleza es mucho más que una medida corporal. Los valores trascienden el cuerpo. Y no a todo el mundo tiene que gustarle nuestra apariencia porque intentar agradar a todos es fracasar con uno mismo.
  • Cuando logramos identificar nuestros pensamientos distorsionados, los "debo", las generalizaciones, los "siempre", los "nunca", las "ideas perfeccionistas", y los desactivamos o desanudamos, podemos empezar a caminar amándonos y cuidándonos. Porque somos valiosos, no por lo que tenemos, ni por lo que sabemos, ni por las medidas de nuestro cuerpo, sino por lo que somos.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.