Los dólares que busca Cristina Kirchner

Luciana Vázquez
Luciana Vázquez PARA LA NACION
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1 de agosto de 2020  • 15:26

Entre 1983 y 2019, cada vez que los argentinos fuimos a las urnas, las bonanzas o las crisis económicas fueron determinantes claves de los resultados electorales. El año pasado, el "voto heladera", la imposibilidad de llenarla, castigó al gobierno de Cambiemos que no logró seducir a los votantes con una propuesta de más largo plazo: valores republicanos y voto cemento, la infraestructura institucional y productiva que no se come pero sirve para crecer. La crisis económica presente, contante y sonante se impuso; el electorado castigó fuerte a la gestión del presidente Mauricio Macri y al rumbo económico de su gestión.

¿La economía lo explica todo? ¿Por qué pierden elecciones los presidentes en América Latina, en América del Sur? ¿Por qué logran ser reelegidos? Por la economía, en principio: el "voto económico", una lectura ampliamente sostenida a la hora de interpretar resultados electorales. Pero detrás de esa respuesta hay una sorpresa interesantísima: no se trata de la marcha de la economía local y del tipo de políticas económicas que un gobierno decide sino sobre todo, de la economía global.

EXITOS ELECTORALES, SOJA Y PETROLEO

Es decir, la popularidad de un oficialismo -no importa su signo ideológico y eso es clave, le pasa a la izquierda o la derecha en el poder- depende de factores exógenos a la gestión económica doméstica. En América del Sur, el precio de los commodities y la tasa de interés de Estados Unidos. Con precios altos de las exportaciones de commodities, claves en Argentina y la región, y tasas bajas de interés para el crédito, para la compra de bienes de capital, que suelen ser importados, y el endeudamiento, un gobierno tiene la popularidad y su reelección casi garantizada.

Pero a la inversa, cuando los precios de los commodities caen y las tasas de interés suben, no importa la inteligencia económica de una gestión para intentar capear el temporal: el votante atribuirá la responsabilidad de la crisis al gobernante de turno aunque la culpa la tenga sobre todo el contexto externo.

Y por el contrario, en épocas de vacas gordas internacionales, una política económica ineficiente, que, por ejemplo, se desentienda del ahorro, de la inversión pública de largo plazo y se abuse del gasto para alentar medidas cortoplacistas recibirá un premio electoral que no merece.

Esas conclusiones surgen de "Presidential success and world economy", un trabajo muy interesante de los politólogos Daniela Campello y César Zucco, de la Fundación Getulio Vargas en Brasil, publicado en 2015. El título que tuvo la primera versión de esa investigación es sugerente: "Mérito o suerte", en referencia a la razón por la cual un presidente es reelegido en América Latina. ¿El mérito de sus políticas económicas o la suerte, mala o buena, que le acarrea el contexto económico externo?

El problema de la política es entonces la economía de los commodities y su impacto institucional y electoral: en gran medida, esa matriz productiva permite prever triunfos y derrotas electorales más allá del tipos de políticas económicas y productivas que lleven adelante los gobiernos y de las coaliciones partidarias que se logren orquestar. La economía externa mandando sobre la rosca política.

En ese marco, en la Argentina, la pandemia se vuelve un dato político urgente en su dimensión global y económica. En medio de un parate mundial de la actividad económica, no importa lo que haga la gestión actual, la crisis económica será atribuida al gobierno. El slogan con el que insiste el oficialismo, "No es la cuarentena, es la pandemia" y que busca minimizar la responsabilidad de la gestión de Alberto Fernández en relación a la marcha dramática de la economía argentina, no alcanzará para convencer al ciudadano, es decir al votante.

Si la pandemia se interpreta como el shock externo de los commodities, de algunos de ellos por lo menos, y no se sabe bien todavía cómo se va a comportar la tasa de interés de EEUU, hay riesgos de que la marcha económica resulte crítica más allá de las decisiones de Fernández. El votante lo interpretará como errores del gobierno.

La pandemia económica global, que es la crisis externa, y no los esfuerzos por contener el impacto de la crisis económica local, definiría, según este marco, la suerte del gobierno de Fernández.

¿Cuánto de este panorama influye en la decisiones actuales del gobierno y es más, de Alberto Fernández por un lado y de Cristina Fernández por el otro?

EL AGRO, ¿ENEMIGO O SOCIO O TODO LO CONTRARIO?

El 17 de noviembre del año pasado, cuando faltaba menos de un mes para su asunción como presidente, Alberto Fernández sostuvo: "Mis socios más importantes en el gobierno van a ser los exportadores porque los que exportan traen divisas". Fernández se refirió entonces al sector del petróleo, el minero y el del campo.

La caída histórica del precio del petróleo en esto meses de pandemia dejó la utopía de Vaca Muerta y su aporte a la exportación de commodities en el freezer por el momento. Esa fuente de divisas no parece hoy prometedora.

En relación al sector del agro, Vicentin, el proyecto de expropiación de esa empresa, que ayer el presidente desmanteló y comunicó en tuiter, puso en duda sus planes en relación a la generación de dólares: la embestida contra Vicentin repuso en el sector del agro y en la opinión pública la desconfianza acerca de la visión kirchnerista, ahora en su versión albertista, acerca del agro. Más que socios en eso de poner en marcha la economía, el agro percibió que se lo volvía a tratar de enemigo.

Sumó confusión la decisión de Fernández de mostrarse en el acto del 9 de julio con el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Daniel Pelegrina, a su derecha, en el escenario de la patria, en imágenes transmitida a todo el país.

De la expropiación de Vicentin a la no expropiación, y en el medio el abrazo con la Sociedad Rural. Surgen dudas entonces acerca del rol que el presidente le atribuye al agro como sector privado clave para la producción de dólares y al estado en el desarrollo de ese sector: cuánta intervención estatal y de qué tipo imagina Fernández para esos socios que, él mismo sostuvo, son importantes pero que al mismo tiempo, son resistidos por la base dura del kirchnerismo, que los estigmatiza. Y ese dato no es menor: la política alber-kirchnerista le presta particular atención a los efectos retóricos de sus decisiones en la narrativa popular sobre la que construye su identidad. El episodio Venezuela-Víctor Hugo es un ejemplo claro.

"Hay que tener contento al agro", es el mantra que, sin embargo, se escucha por estos días en los pasillo del ministerio de Economía que dirige Martín Guzmán. Es decir, por un lado, mantener contenta a la base dura del kirchnerismo. Pero por otro lado, atender a este determinismo de las democracias de commodities, atadas a la suerte de las exportaciones de materias primas.

Esta cuestión es central. La lectura está clara: la economía global se detiene pero hay un país que se pone en marcha, China, y una relación de comercio internacional que se afianza cada vez más: la de Argentina-China.

El rol clave de las exportaciones y sobre todos las del agro en estas épocas de pandemia, son el reaseguro para el ingreso de dólares y la superación de la restricción externa, la imposibilidad de producir dólares para Argentina. Esas son las lecciones del economista Daniel Heymann, el mentor argentino del ministro Guzmán que hoy lo asesora ad honorem, y que contribuyen a dar forma a esa visión. Las exportaciones son el botón que hay que apretar para hacer girar la rueda de la economía. Siempre lo fue. Pero ahora más que nunca.

La gestión de la pandemia sanitaria ya no acarrea para el presidente el gran rédito político de los primeros meses. El proyecto de saneamiento de la Justicia que Fernández lanzó esta semana empieza a exponerlo a otra polémica. Y la economía es una amenaza creciente también difícil de desactivar: las medidas económicas locales no lograrán atemperar los impactos de la pandemia económica externa, incluso quizás los intensifiquen. Demasiados costos que pesan sobre la figura presidencial.

Se impone una pregunta: ¿cuáles costos pesan sobre la imagen de la vicepresidenta?

LAS FOTOS QUE Sí SE SACA CRISTINA KIRCHNER

Hay silencios que aturden. Ausencias que brillan. Y presencias que hablan por sí solas. A esas tres dimensiones de la astucia política Cristina Kichner las conoce como nadie.

Estuvo ausente en el lanzamiento del polémico plan de reforma de la Justicia lanzado por el presidente Alberto Fernández en Casa Rosada, que tendría a la vicepresidenta como una de las principales beneficiarias. Había estado ausente el 9 de julio y se preservó así del fuego amigo del kirchnerismo más duro que se inquietó con las figuras del capital privado junto al presidente en el escenario de la patria.

Pero el jueves pasado, un hecho significativo: el equipo de la vicepresidente se preocupó por divulgar un encuentro, con foto incluido, el de Cristina Kirchner con el Consejo Argentino de Agroexportaciones (CAA), nada menos, que se acaba de crear. El CAA le presentó una "Estrategia de Reactivación Agroindustrial Exportadora Inclusiva, Sustentable y Federal. Plan 2020-2030".

Fue la misma Cristina Fernández la que puso las condiciones del encuentro: pidió especialmente que no se hiciera por Zoom sino presencial. La foto del encuentro y su divulgación estaban premeditados.

La elección de la organización agroexportadora con la que eligió mostrarse también es significativa. Se trata de 45 organizaciones del sector del agro, desde bolsas cerealeras, cámaras representantes de la agro industria y también tres de las organizaciones representativas de la producción más primaria integrantes de la Mesa de Enlace que tanto dolor de cabeza le ha dado al kirchnerismo.

Y una ausencia significativa en esa reunión: la organización que no integra este nuevo colectivo agroexportador y agroindustrial es la Sociedad Rural de Pelegrina, el hombre que estuvo a la derecha del presidente el 9 de julio y que no estuvo el jueves sentado a la mesa de Cristina Fernández de Kirchner.

"Representa más a la producción ganadera, más tradicional, sin procesamiento ni integración. El Consejo es más moderno, más integrado en la cadena de valor", es una de las interpretaciones que surgen desde la CAA acerca de la decisión de la Sociedad Rural de no sumarse al proyecto. "La Rural está en una etapa de definiciones entre moderados y duros. Están más preocupados por posicionamientos ideológicos ante el gobierno", fue la otra lectura.

Por el momento, la CAA no tuvo reunión con Alberto Fernández. Desde la CAA argumentan que quieren llevarle soluciones al presidente y no problemas, y todavía les falta reunir los consensos políticos transversales para garantizar que el proyecto se vuelva política de estado y no de un gobierno de turno.

Pero hay otra razón en la postergación de ese pedido de reunión con el presidente. "No es un presidente que tiene una capacidad propia per se para imponer posiciones propias", analizan los agroindustriales.

Antes del encuentro con la vicepresidenta, la CAA sí se encontró con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Le pidieron la reunión un lunes, y Massa se las dio para el día siguiente, un martes a las 4 de la tarde. El mismo Massa quiso hacer suyo el proyecto de ley que surgiría del proyecto del CAA. Los agroindustriales se quedaron sorprendidos por ese entusiasmo.

¿Cuál es el mensaje político de esa reunión con los exportadores del agro y la agroindustria que tan intencionalmente exhibió Cristina Fernández?

Pablo Gerchunoff, un destacado historiador de la economía argentina, distingue entre materias primas minerales y materias primas alimentarias y cómo juegan en ciertos momentos. Cristina Fernández parece estar entendiendo esta lección: en el medio de la pandemia, con la necesidad de alimentos que se generará y que China ya está demandando, Cristina Fernández se muestra a la cabeza de una estrategia clave, la de las exportaciones alimentarias.

El comunicado oficial que salió desde vicepresidencia después de la reunión con la agroindustria dejó en claro porqué le interesa el proyecto de los agroindustriales. Creación de empleo a partir de esa ecología exportadora basada en el valor agregado del conocimiento, 200 mil empleos directos en el interior y 700 mil en total. El cuidado del entorno ambiental, que es parte de la narrativa de cuidado de la retórica kirchnerista. Una suba del 52% en las exportaciones. Sin pedirle al estado, es decir sin subsidiar a los terratenientes que es parte también de los estigmas que le gusta articular al kirchnerismo. Y contribuyendo al mercado interno, una preocupación que manifestó la vicepresidente en esa reunión: el mercado interno, uno de los caballitos de batalla de las políticas peronistas que temen que sean descuidados por política pro exportaciones.

Es tan llamativa esta aparición en escena de Cristina Fernández. No lo ha hecho para hablar de la pandemia: hay un reproche por eso en la opinión pública. No lo ha hecho para hablar de la justicia y de este proyecto que tiene a su abogado defensor en el Consejo asesor.

Cristina Kirchner y su hijo Máximo bajan barreras ideológicas ahora y buscan entenderse con el capital privado. Máximo Kirchner en reuniones privadas con dueños de grandes empresas, reuniones en cuyo armado Massa tiene un rol clave. Cristina Fernández dando señales como la de este jueves con el sector agroindustrial y su discurso innovador. Con un proyecto que según aclaran desde el CAA, reserva al estado el rol de autoridad de aplicación en materia tributaria y de control. "No se contempla ni un solo rol empresarial", aclaran los agroindustriales. Esa reunión de Cristina Fernández con los agroindustriales deja en offside al presidente Fernández y sus embates contra Vicentin.

LOS DOLARES ESTRATEGICOS

Por debajo de estas demostraciones públicas, de estas ausencias y presencias vicepresidenciales con enorme peso simbólico-político, hay una idea del rol del estado que está cambiando. Más por táctica que por principio quizás, por la comprensión de que de esta pandemia económica no se sale sino con una política de exportaciones agroalimentarias.

Pero el resultado es político en términos de interna del Frente de Todos y en términos de competencia electoral: mientras que Alberto Fernandez paga los costos, cada vez más golpeado por la dificultad en contener la pandemia, enfrentado con el sector del campo a partir del campo con lo de Vicentin, Cristina Fernández se los ahorra a sí misma y se muestra en situaciones constructivas, amables para el otro sector del electorado. El campo.

En esa reunión de Cristina Fernández con el sector agroindustrial, el rol del estado que delinea la aparición de la vicepresidenta parece hablarle mejor al otro lado de la grieta. Y al mismo tiempo, asegura el futuro político de su proyecto de poder.

Ahí están los dólares estratégicos que el cristi-kirchnerismo necesita para resistir el impacto político de la pandemia en la pospandemia, es decir, perder elecciones. Todo, sin pagar los costos políticos de gobernar en el presenta de la pandemia. Esos se los lleva el presidente.

PANDEMIA, ESTADO Y PRIVADOS

El rol del estado también está en juego en el tema de la pandemia. Se vio ayer otra vez en el anuncio tripartito entre el presidente de la Nación, el jefe de gobierno de la Caba, Horacio Rodríguez Larreta, y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof.

En los últimos días, en una nota de la periodista Florencia Halfon, el gobernador Kicillof equiparó el manejo de la pandemia con el manejo del mercado: no se puede dejar librado todo a la iniciativa privada en el mercado ni se puede dejar librada la gestión de la pandemia a la iniciativa individual, a la responsabilidad social.

En el anuncio de ayer, el discurso en torno al cuidado y la responsabilidad social y solidaria atravesó las palabras de los tres dirigentes. Pero hay una diferencia en el modo en que se plantó Kicillof: insistió con la lógica del miedo, mencionó la cantidad de chicos que han enfermado y una mayor voluntad de intervención del estado en las libertades individuales como advertencia, la cuarentena dura como horizonte posible.

El modo en que la pandemia obliga a las redefiniciones del rol del estado privados resulta muy interesante. De una cuarentena dura y de culpar a los ciudadanos a hablar de responsabilidad social y libertad con responsabilidad no ya sólo en boca de Horacio Rodríguez Larreta sino también del presidente, hay un salto cualitativo en la comprensión del sector privado, en este caso los ciudadanos que viven sus vidas aunque quieren cuidarse y quieren cuidar a los otros. Imposible dejar de vivir aunque el miedo a la muerte también esté presente.

El estado y la concepción de su rol tallando por debajo de la pandemia sanitaria, de la economía en pandemia y de la política alberkirchnerista y cristikirchnerista.

Lo que está claro es que un estado presente necesita caja. Y para tener caja, hay que asociarse con los privados. En la economía, con los sectores que exportan y son pujantes en esa área. Y en la pandemia, con la ciudadanía, no en contra de la ciudadanía. Estado presente: qué significa hoy en tiempos de pandemia cuando el motor de los privados, ciudadanos y capital, se necesita más que nunca.

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