Los dueños del conurbano

Barones del peronismo provincial, representan, para muchos, la llave del poder político nacional. Se los acusa de clientelismo social y de connivencia con sectores delictivos y con lo peor de la Policía bonaerense. Quiénes son y a quién responden los dueños del conurbano, los referentes políticos por cuyas manos pasan los problemas más graves del país
Pablo Morosi
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9 de noviembre de 2003  

Detrás de los nombres de la primera fila de la política nacional, agazapados en sus feudos territoriales, los barones del peronismo bonarense se convirtieron, para muchos, en la llave del poder político nacional. Dueños del conurbano de la inseguridad y del asistencialismo, fueron los verdaderos artífices de los últimos triunfos electorales que consolidaron al justicialismo provincial en un papel central en el escenario político.

Su ámbito natural son los municipios del Gran Buenos Aires donde, en apenas el 2 por ciento de la superficie de toda la provincia, se concentran casi 9 millones de personas, el 24 por ciento de la población del país. Una reserva clave para definir cualquier compulsa electoral.

El sello partidario y la acción del aparato campea en sus distritos, donde soportaron el embate y las reacciones originados por la debacle económica y la crisis de representatividad a finales de 2001 y supieron reconvertirse en cultores de una nueva esperanza llamada Néstor Kirchner, un hombre que no salió de sus filas pero que se jactan de haber instalado en el sillón de Rivadavia.

No poca gente cree que son lo peor de la política tradicional y se los asocia con el clientelismo, la prebenda, el patoterismo, los negocios turbios a costa del Estado y la omnipresente sospecha sobre la relación que los liga con cierta fracción de la Policía bonaerense en la protección de negocios ilegales. Más aún, se los acusa de haber alentado los saqueos que terminaron con el gobierno de Fernando de la Rúa. Pero ellos se defienden y dicen que salvaron al país del marasmo.

La "caja", producto del cobro de peajes a prostitutas, capitalistas del juego ilegal, comerciantes de distintos rubros y presos que pretenden mejorar su situación procesal o aliviar su estadía en los calabozos policiales, ha sido denunciada reiteradamamente y sobran las causas penales y los policías exonerados de la fuerza como para exhibirla.

La proliferacion en territorio bonaerense de desarmaderos ilegales donde se comercializan autopartes robadas engrosa las presunciones de connivencia y permisividad policial y política. Cuando Juan Pablo Cafiero impulsó desde el Ministerio de Seguridad provincial, en marzo último, una ofensiva contra este tipo de locales, expresó su sospecha de que "en esto hay autoridades que, por lo menos, miraron para otro lado".

Ciertos nombres son conocidos, otros no tanto; pero todos reportan hoy a un único y indiscutido líder: Eduardo Duhalde, dueño y señor del PJ provincial, una estructura política que maneja desde hace dos décadas.

Entre los soldados del PJ territorial figuran dirigentes como Hugo Curto (Tres de Febrero), Alberto Balestrini (La Matanza), Manuel Quindimil (Lanús), Baldomero Alvarez de Oliveira (Avellaneda), Alberto Descalzo (Ituzaingó), Julio Pereyra (Florencio Varela), Raúl Otacehé (Merlo), Julio Alak (La Plata), Juan José Mussi (Berazategui) o Mariano West (Moreno). La nómina puede extenderse a los 29 distritos que componen el conurbano, de los cuales 22 quedaron en manos del PJ en la última elección.

En la larga lista de referentes no pueden faltar otros con mayor exposición pública que suman, al peso territorial, trayectoria institucional por su paso como funcionarios o legisladores en la provincia o en la Nación: Hilda "Chiche" González, Eduardo Camaño, Antonio Arcuri, José Pampuro, Ginés González García, Aníbal Fernández, Alfredo Atanasof, Jorge Villaverde, Graciela Giannettasio, Osvaldo Mércuri, Hugo Toledo, Carlos Brown, Oscar Rodríguez y su esposa Mabel Müller.

Otro grupo de dirigentes, provenientes del interior provincial, también resultan piezas clave. Es el caso del diputado José María Díaz Bancalari (San Nicolás), del Jefe de Gabinete y responsable de la campaña electoral del PJ provincial Florencio Randazzo (Chivilcoy), del titular del bloque de diputados provinciales, Juan Garivotto (Mar del Plata), del diputado Isidoro Laso (Bolívar) o del presidente del bloque de senadores provinciales del PJ, Juan José Amondaraín (La Plata).

Como todos ellos, Duhalde construyó su poder desde el pago chico y supo dar vida a un sello que contiene y proyecta dirigentes y que constituye un complejo entramado de ritos, códigos -que reservan un sitio especial para la liturgia y los tradicionales íconos partidarios- y lealtades cargado de simbolismos y sutiles señales que sirven como eficiente sistema de premios y castigos.

"Gordos y mafiosos"

"Mucha gente hace suyo el prejuicio de que el peronismo bonaerense es un grupo de gordos, negros y mafiosos", dijo el gobernador Felipe Solá cuando lo interrogaron sobre la vigencia del aparato justicialista en la provincia de Buenos Aires. "El peronismo bonaerense es el proyecto político más importante del país en los últimos 20 años", aseguró.

Consultado por LA NACION, Solá consideró que "la relación entre policías y políticos viene desde lejos y hay que reconocer que hay intendentes que piden un comisario y después no se hacen cargo cuando el oficial tiene problemas pero -aseguró-, en rigor, nunca hubo pruebas de connivencia entre ambos".

Sin embargo, para el ex ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, León Arslanián, impulsor de una profunda reforma policial en la provincia, el proceso de degradación de la bonaerense se relaciona con "un acuerdo tácito" entre el poder político y los uniformados. Este acuerdo, dijo Arslanián a LA NACION, alentó "la permisividad y permitió que se recaudara de la prostitución y del juego, lo que convirtió a esa fuerza en un organismo contaminado, sin controles éticos. Por eso la responsabilidad es puramente política".

La conjetura de que parte de dicha recaudación se utiliza en las campañas electorales en la provincia de Buenos Aires resulta algo más difusa y difícil de rastrear.

Nunca se transformó en certeza, pero la sola mención del tema ha provocado grandes temblores dentro del PJ bonaerense. Bastó que el entonces subsecretario de Planificación y Logística del Ministerio de Seguridad provincial, Marcelo Saín, mencionara, a mediados de 2002, los vínculos entre la política, la policía y el delito para que fuera desplazado de su puesto.

No le fue mejor al ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Béliz, que hace una semana promovió casi el mismo planteo y fue instado a renunciar por el presidente del PJ provincial, Manuel Quindimil, y repudiado por el resto del aparato partidario.

El propio Duhalde es un ejemplo paradigmático del tipo de relación construida entre los comisarios y muchos de los referentes del justicialismo bonaerense. Cuando fue elegido gobernador, nombró al frente de la fuerza a su amigo Pedro Klodzyc. Pese a la andanada de denuncias contra efectivos de la fuerza por los más diversos delitos, incluido el narcotráfico, su permanencia como jefe se extendió durante cinco años (entre 1991 y 1996) y puede explicarse con una sola clave: la lealtad.

Como recuerda el periodista Daniel Otero en su libro El entorno, la trama íntima de aparato duhaldista y sus punteros (GEL/Galerna, 1997), hubo otras "amistades" célebres, como la del matancero Alberto Pierri y el ex comisario inspector Mario "Chorizo" Rodríguez; o la que cosecharon el ex secretario de Seguridad de Duhalde y ex juez de San Isidro, Alberto Piotti, con el también retirado comisario Mario "Ñoño" Naldi. Modelos de aquel estigma que se llamó la "maldita policía".

Rodríguez, que se destacó, entre otras cosas, por haber detenido a la superbanda de Luis "Gordo" Valor, fue denunciado en 1994 ante la Procuración General de la Suprema Corte de Justicia bonaerense mediante una carta firmada por "Policías honestos". Entre otras cosas, allí se menciona una suerte de "feudo policial" instaurado por los hermanos Alberto y Gustavo Pierri en la elección de comisarios y jefes policiales en las unidades regionales de La Matanza y Morón. Rodríguez era entonces jefe de la Brigada de Investigaciones de La Matanza.

"Esta amistad de los Pierri les permite controlar todo lo legal e ilegal que pasa en la Policía: juego clandestino, prostitución, venta ambulante. Además realizan todo tipo de operaciones: inteligencia, escuchas telefónicas clandestinas, trabajos sucios, etc...", dice la presentación anónima que nunca fue investigada.

Quizá no en vano, aunque los dos mayores desarmaderos fueron hallados en el interior provincial, La Matanza, Lomas de Zamora, Lanús, Avellaneda y los distritos del norte del conurbano fueron los lugares donde más clausuras de desarmaderos hubo.

Otro dato que sirve para mostrar cómo desde el PJ no se olvidan de los policías amigos es la permanencia del comisario general Claudio Smith en el cargo de director General de Operaciones Estratégicas, pese a que está procesado por "obstruir el trabajo de la Justicia" cuando se desempeñaba en la Jefatura Departamental de Lomas de Zamora.

La situación procesal de este jefe es más comprometida que la de los 19 jefes policiales investigados por enriquecimiento ilícito y, sin embargo, no fue puesto en disponibilidad simple, como suele ocurrir en estos casos. Smith -que estuvo procesado por uno de los primeros episodios de "gatillo fácil", la masacre de Villa Albertina, ocurrida el 17 de junio de 1985, donde fueron asesinadas tres personas- es un hombre muy cercano a Duhalde. Es hijo de Santos Smith, que fue director de Transporte provincial cuando Duhalde era gobernador e intendente de la residencia presidencial de Olivos durante la presidencia del máximo referente del justicialismo bonaerense.

Asados bien regados

A los señores del peronismo bonaerense les gustan los actos multitudinarios, donde pueden demostrar su capacidad de movilización; los asados de camaradería regados con buen vino y las reuniones reservadas en donde suelen tratar los temas importantes, que luego se convalidan en congresos públicos; también exhiben cierta desviación por eliminar las fronteras entre la conducción del Estado y el manejo partidario, algo que quedó de manifiesto, una vez más, cuando el PJ bonaerense en pleno decidió festejar su triunfo en las urnas en los salones de la Residencia de la Gobernación.

Todos dicen tener serias inquietudes sociales y preocuparse por los desposeídos y, cuando los escasos recursos del Estado no alcanzan para ayudar, acostumbran crear fundaciones o colaborar con entidades no gubernamentales dedicadas a la labor comunitaria.

La estructura asistencial organizada por los Duhalde, primero en la provincia -35 mil manzaneras y 600 mil beneficiarios- y luego en la Nacion -800 mil planes Jefes y Jefas de Hogar se reparten en el ámbito bonaerense-, resultó eficaz a la hora de conseguir resultados en las urnas. Para montarla fueron piezas clave los referentes distritales del PJ y sus inefables colaboradores barriales: los "punteros".

En el PJ bonaerense, quien tiene un nombre tiene, a su vez, una referencia territorial. Si sienten que el poder distrital es suficiente, los dirigentes del PJ se lanzan a conquistar la hegemonía en la sección electoral. Como se dijo, su estrategia nunca descuidará lo local; por eso, viven en medio de una tensión interna constante.

Por tal razón, muchos de ellos, cuando se proyectan hacia cargos provinciales o nacionales, dejan a sus principales hombres -o mujeres- de confianza en el distrito. Lo hizo Arcuri en San Vicente, al ceder la intendencia a su esposa, Brigida Malacrida, o Mussi en Berazategui, que, para asumir como ministro de Salud provincial en 1991, dejó en su lugar a Carlos Infanzón, un viejo compañero de estudios de medicina.

Cuando enfrentan la lucha interna son capaces de casi todo. Y es moneda corriente la violencia entre punteros de facciones partidarias opuestas que muchas veces terminan en las páginas policiales de los diarios. También es común la práctica de reclutar gente para las campañas en las barras bravas de los clubes de fútbol de sus distritos.

Como muestra de lo que pueden llegar a hacer por disputar el territorio, baste un ejemplo reciente: en la última elección Carlos Brown se presentó como candidato a intendente de San Martín por fuera del partido y le arrebató 16 mil votos al postulante oficial del PJ, Eduardo Bustos. Conclusión: ganó Ricardo Ivoskus, que consiguió la reelección por el ARI. Ahora Brown, junto con un millar de peronistas, está a punto de ser inhabilitado por el Consejo partidario por haber osado sacar los pies del plato partidario.

"La clave está en manejar el sello del partido en el territorio. Y eso se logra en la puja interna. Si tenés la interna, después tenés casi asegurada la (elección) general", grafica un encumbrado miembro del consejo partidario provincial que, como otros dirigentes del PJ, no duda en afirmar que "el peronismo es el único partido en condiciones de gobernar en el país".

No pocos son los que tuvieron problemas con la justicia. Ejemplos: el otrora intendente de Morón, Juan Carlos Rousselot -que luego se pasó al menemismo- se convirtió en un jefe comunal récord, ya que en su contra se abrieron más de 20 procesos judiciales. O el ex intendente de San Miguel, José De Luca, que terminó preso por "administración fraudulenta" de un subsidio destinado a una colonia de vacaciones para chicos carenciados.

Prototipos

Nadie duda de que Hugo Curto, intendente de Tres de Febrero, es un verdadero prototipo del dirigente de distrito del PJ bonaerense.

Curto, de 65 años, nació en la localidad de Zavalía, partido de General Viamonte, en el noroeste bonaerense. Llegó a Villa Bosch, en Tres de Febrero, buscando un nuevo horizonte laboral.

En 1963 ingresó en la planta Fiat de El Palomar y rápidamente se inmiscuyó en el mundo sindical. A principios de la década del 70 integró la mesa de conducción de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Fue dirigente de la CGT, entre 1984 y 1990, y de la mítica 62 Organizaciones Peronistas.

En 1987 ingresó a la Cámara de Diputados y en 1991 fue electo intendente de Tres de Febrero, cargo para el que fue reelecto por tercera vez consecutiva hace una semana.

Más de una vez se lo ha vinculado con la barra brava de Estudiantes de Buenos Aires y, durante los cacerolazos, fue acusado de mandar a sus muchachos para desalentar movilizaciones de vecinos y partidos de izquierda.

En un currículum elaborado por sus colaboradores puede leerse que "prefiere la acción solidaria antes que la especulación intelectual".

Como Curto, el veterano Manuel Quindimil, intendente de Lanús, decidió perpetuarse en el gobierno comunal. Es otro de los hombres clave en el armado territorial. La próxima nochebuena cumplirá 80 años. Este hijo de inmigrantes españoles que nació en Valentín Alsina iniciará, en diciembre próximo, su séptimo mandato al frente del municipio de Lanús.

Manolo, como se lo conoce popularmente, fue delegado gremial de un frigorífico y participó activamente en las movilizaciones populares que respaldaron a Juan Perón, el 17 de octubre de 1945, cuando tenía 22 años.

En 1948 ingresó como empleado a la Municipalidad de Lanús y, rápidamente, accedió a una jefatura. Dos años más tarde fue designado Delegado Municipal de Valentín Alsina hasta 1955, año en el que Perón fue derrocado. Entonces pasó a la clandestinidad y se sumó a la resistencia peronista.

Acompañando la candidatura presidencial de Héctor Cámpora llegó por primera vez a la jefatura del gobierno municipal en mayo de 1973. De allí salió, sólo por la fuerza del gobierno militar, en 1976. Al retornar la democracia volvió a ganar las elecciones y se mantuvo en el cargo hasta hoy. En la última elección resultó reelecto casi con el 50 por ciento de los votos.

Sin prontuario

El intendente de La Matanza, Alberto Balestrini, de 57 años, nació en la Capital Federal y aparece como una gran promesa del PJ bonaerense.

En la década del 60, Balestrini se mudó a La Matanza, donde estudió magisterio. Luego cursó derecho y se recibió de abogado en la Universidad de El Salvador.

En 1989 fue designado secretario administrativo de la Cámara de Diputados y dos años después resultó elegido diputado nacional. En 1995 volvió a ser elegido, pero esta vez como senador provincial y, en 1999, se presentó como candidato a intendente de La Matanza, el mayor municipio del país, donde desbancó a Héctor Cozzi, un hombre del otrora poderoso Alberto Pierri.

Con 1.500.000 habitantes, el distrito podría ser considerado la quinta provincia argentina. Con un índice de pobreza de más del 60 por ciento y un porcentaje que, entre desempleados y subocupados, supera el 40 por ciento. De allí la importancia estratégica del distrito, donde se calcula que habría unos 100 mil subsidios por desempleo.

Hace un año, en una entrevista concedida a LA NACION, Balestrini sintetizó la importancia que adquirió su figura dentro del PJ del siguiente modo: "La Matanza es el distrito más importante del país y yo soy un intendente sin prontuario". ¿Qué más podría agregarse a semejante revelación?

El jefe comunal forma parte de un grupo de dirigentes que encarnan un proceso de actualización partidaria llamado "renovación peronista", cuyo principal referente es el gobernador Felipe Solá.

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