
Los espacios infinitos

Si se hiciera el ejercicio de abstraer al jugador, estaríamos en el espacio exterior: el contorno celeste, la Tierra; el silencio de los espacios infinitos y ese satélite lejano -la pelota- iluminado por un sol invisible. Pero el jugador es Novak Djokovic, y por lo tanto nadie puede olvidarse de él. Djokovic está solo en ese espacio exterior en miniatura que es la Arena Rod Laver, en Melbourne, uno de los estadios del Abierto de Tenis de Australia. Peter Handke tituló un libro El miedo del arquero al penal. ¿Y qué tienen en común el arquero y el tenista? No mucho, salvo la soledad. Nadie está más solo que el tenista, y el tenista nunca está más solo que cuando saca. El saque es el único golpe que no depende del otro, que es lo mismo que decir que depende enteramente de uno, y cuando todo depende de uno, uno está solo. Por eso, el fondo de esa figura que se contorsiona en un movimiento perfecto es alegórico. Ya lo sabía Pascal: "La soledad de los espacios infinitos me aterra".







