Los Estados Unidos contra Irak: una humilde propuesta

Con ironía, el autor "propone" a Bush que sea Irán el que lidere un ataque a Saddam
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24 de noviembre de 2002  

Los esmerados esfuerzos del gobierno de Bush para controlar a Irak -a través de la guerra, un golpe de Estado, o cualquier otro recurso- han generado diversos análisis acerca de los móviles que guían a Washington.

Quien ofrece una interpretación, Anatol Lieven, veterano miembro del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, un organismo con sede en Wash-ington, advierte que los esfuerzos de la Casa Blanca configuran "la típica estrategia moderna de una oligarquía de derecha en peligro, que consiste en desviar el descontento de las masas hacia el nacionalismo" a través del miedo a los enemigos externos.

El objetivo del gobierno norteamericano, según Lieven, es "la unilateral supremacía mundial por medio de la superioridad militar absoluta", razón por la cual el mundo, en gran parte, está tan aterrado. Sin embargo, el gobierno norteamericano ha pasado por alto una sencilla alternativa para invadir a Irak: dejar que Irán lo haga. Antes de analizar esta humilde "propuesta", vale la pena examinar los antecedentes de la belicosidad de Washington.

Desde los atentados del 11 de septiembre del año último, los republicanos utilizaron la amenaza terrorista como pretexto para promover las ideas y el programa político de la derecha. Para las elecciones legislativas, la estrategia desvió la atención de la economía a la guerra. Cuando comience la campaña política con vistas a las elecciones presidenciales, seguramente los republicanos no desearán que la gente plantee interrogantes acerca de las jubilaciones, el desempleo, el cuidado de la salud y otras cuestiones.

Preferirían, en cambio, estar elogiando a su heroico líder por haberlos salvado de una inminente aniquilación por parte de un enemigo de fuerza colosal, y marchando a hacer frente a la siguiente fuerza poderosa que esté resuelta a causar nuestra destrucción.

Las atrocidades del 11 de septiembre de 2001 dieron tanto la oportunidad como la excusa para poner en práctica planes, trazados desde hacía mucho tiempo, para asumir el control de la inmensa riqueza petrolera de Irak, un componente central de los recursos del Golfo Pérsico a los que el Departamento de Estado, en 1945, describió como "una fuente prodigiosa de poder estratégico, y uno de los mayores premios materiales de la historia moderna". El control de las fuentes de energía impulsa tanto el poderío económico como el poderío militar de los Estados Unidos, y el "poder estratégico" se traduce en una palanca de control mundial.

Una diferente interpretación es que el gobierno norteamericano cree exactamente en lo que dice: que Irak, de golpe, se convirtió en una amenaza tanto para nuestra propia existencia como para la de sus vecinos.

De modo que debemos asegurarnos de que las armas iraquíes de destrucción masiva sean inutilizadas, y que Saddam Hussein, el monstruo propiamente dicho, sea eliminado. Y pronto. La guerra debe ser librada este invierno (boreal). El próximo será demasiado tarde. Para ese entonces puede que el hongo atómico que pronostica la asesora de seguridad nacional, Condoleezza Rice, ya nos haya eliminado a nosotros.

Suposiciones

Supongamos que esta interpretación es acertada. Y que si los países de Medio Oriente temen más a Washington que a Saddam, como aparentemente es el caso, eso simplemente muestra su limitada percepción de la realidad. Además, supongamos que es sólo una casualidad que para el próximo invierno (boreal) la campaña presidencial norteamericana ya estará en marcha.

¿Cómo, entonces, podremos alcanzar los objetivos proclamados?

Una plan sencillo parece haber sido ignorado, quizá porque sería considerado demencial... y con razón. Pero es ilustrativo preguntarse por qué.

La humilde "propuesta" consiste en que los Estados Unidos incentiven a Irán para que invada Irak, suministrando a los iraníes el apoyo necesario tanto en el plano militar como logístico, desde una distancia segura (misiles, bombas, bases y demás).

Como intermediario, uno de los integrantes del "eje del mal" podría apoderarse de otro.

La propuesta tiene muchas ventajas respecto de las alternativas.

En primer término, Saddam Hussein será derrocado, en realidad despedazado, junto con sus más cercanos partidarios. Sus armas de destrucción en masa también serán inutilizadas, junto con los recursos para fabricarlas.

Segundo, no habrá bajas norteamericanas. Es cierto que muchos iraquíes e iraníes morirán. Pero eso ni siquiera puede ser una preocupación. Quienes forman parte del círculo del presidente Bush -muchos de ellos partidarios del ex presidente Reagan ahora reciclados- respaldaron firmemente a Saddam Hussein cuando el líder iraquí atacó a Irán en 1980, sin pensar en absoluto en el enorme costo humano, ya fuere entonces o bajo el posterior régimen de sanciones.

Es probable que Saddam recurra al uso de armas químicas. Pero la actual conducción política norteamericana respaldó con firmeza a la "Bestia de Bagdad" cuando utilizó armas químicas contra Irán durante la administración Reagan, y cuando Saddam empleó gases letales contra "su propio pueblo", los kurdos, que realmente formaban parte de su propio pueblo como los indios cherokees formaban parte del pueblo del ex presidente norteamericano Andrew Jackson.

Los actuales planificadores de Wash-ington siguieron apoyando a la Bestia después de que Saddam hubo cometido en grado sumo sus más abominables crímenes, e incluso le suministraron los medios para desarrollar armas de destrucción en masa, nucleares y biológicas, hasta que Irak invadió Kuwait.

El primer presidente Bush y Dick Cheney, en efecto, también dieron el visto bueno a la matanza de chiitas perpetrada por orden de Saddam Hussein en marzo de 1991, en aras de la "estabilidad", como se explicó sobriamente en ese momento. Pero ambos retiraron su apoyo al ataque de Saddam contra los kurdos tan sólo después de intensas presiones internas y externas.

El papel de la ONU

Tercero, con las Naciones Unidas no habrá problemas. Será innecesario explicarle al mundo que las Naciones Unidas son pertinentes e importantes cuando acatan las órdenes de los Estados Unidos, pero no lo son cuando no lo hacen.

Cuarto, Irán ciertamente tiene credenciales mucho mejores que Washington para librar una guerra, y para administrar una nación iraquí ya sin Saddam en el poder. Y en contraste con el gobierno de Bush, Irán no registra antecedentes de respaldar al asesino Saddam y su programa de armas de destrucción masiva.

Se podría objetar, acertadamente, que no podemos confiar en la conducción política iraní, pero seguramente eso es todavía más cierto respecto de aquellos que siguieron ayudando a Saddam mucho después de que el líder iraquí perpetró sus más horrendos crímenes. Además, nos ahorraremos la embarazosa situación de profesar una fe ciega en nuestros propios líderes al estilo de lo que ocurre en los Estados totalitarios y de lo que justamente nos burlamos.

Quinto, la liberación será recibida con beneplácito y mucho entusiasmo por gran parte de la población, más que si la invasión corriera por cuenta de los norteamericanos. La gente celebrará en las calles de Basora y Karbala, y podremos sumarnos a los periodistas iraníes para aclamar la nobleza y la causa justa de las fuerzas de liberación.

Sexto, Irán podría tomar la decisión de instalar en Irak una "democracia". La mayor parte de la población es de origen chiita, e Irán tendría menos problemas que los Estados Unidos en concederles cierta voz y voto en un gobierno sucesor. Tampoco habrá inconveniente para tener acceso al petróleo iraquí, así como las compañías norteamericanas podrían fácilmente explotar los recursos energéticos iraníes en este momento, si Washington lo permitiera.

Hay que reconocer que la humilde propuesta de que Irán libere a Irak es demencial. Su único mérito es que es mucho más razonable que los planes actualmente trazados, o lo sería, si los proclamados objetivos del gobierno norteamericano tuvieran alguna relación con los reales y verdaderos.

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