Los mocasines de Néstor Kirchner

La Argentina debe recuperar la racionalidad y el sentido republicano, erradicando símbolos propios de un personalismo autoritario
(0)
22 de mayo de 2016  

Después de mucho pensarlo, el titular del Sistema Nacional de Medios Públicos, Hernán Lombardi, decidió suprimir la sala Experiencia Néstor Kirchner, del Centro Cultural homónimo. Paralelamente, en la Casa Rosada también se eliminarán los restos del kirchnerismo exhibidos en el Museo del Bicentenario, ubicado bajo la antigua Aduana Taylor.

Como en otros temas urticantes, el gobierno de Mauricio Macri se mueve con cuidado, para minimizar las reacciones adversas y evitar ahondar la "grieta". Estas precauciones demuestran, una vez más, cómo las democracias liberales son débiles frente a las ideologías autoritarias, los populismos y los fanatismos varios. Cuando funcionan las instituciones republicanas, rige el aforismo atribuido a Voltaire: "Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo". Y de ese modo, el demócrata ofrece la otra mejilla, tratando con modales desconocidos a quienes prometieron "ir por todo", con la esperanza de que aprenderán con el tiempo la diferencia entre la libertad de expresión y la militancia rentada; entre trabajar para el Estado permanente y trabajar para un gobierno determinado. Pero muchas veces recibe un desplante, como ocurrió con el matemático Adrián Paenza en la televisión oficial, quien muy difícilmente habría podido expresarse por ese medio en la era kirchnerista si fuese opositor.

La experiencia NK ha llegado a su fin. Ahora la población podrá disfrutar de otras experiencias, pues la República Argentina cumplirá este año el bicentenario de su Independencia, recordándonos que el país no comenzó en 2003, como esa sala pretendía adoctrinar a la población.

Para aquellos visitantes más jóvenes, será una experiencia sanadora confrontar el ascetismo honrado del médico de Cruz del Eje, Arturo Illia, con el abogado de Santa Cruz que bajo la bandera del progresismo ocultó negocios que ahora maneja su viuda. Y admirar la potente visión desarrollista del intelectual Arturo Frondizi, para entender que no hay consumo sustentable sin inversión para sostenerlo. Y conocer el verdadero pensamiento del fundador del justicialismo, Juan Domingo Perón, quien vino a morir a la Argentina para desplazar a Héctor Cámpora del poder y echar a los montoneros de la Plaza de Mayo.

Mientras se reúnen los documentos y materiales para que los visitantes puedan experimentar la Argentina que existía antes de los Kirchner, Lombardi ha anunciado, como un antídoto para desinfectar el Centro Cultural de todo personalismo (bueno sería que se le coloque un nombre que nos represente a todos), una muestra dedicada a Jorge Luis Borges por el trigésimo aniversario de su muerte. Si Cristina Kirchner pretendió identificar a su ex esposo con la Nación argentina, fue Borges el argentino que más detestó los personalismos y quien escribió: "Nadie es la patria, pero todos lo somos".

Por otro lado, el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada, otro de los emblemas kirchneristas, también está en plena despolitización. Y así, por más que Juana Azurduy quiera impedirlo con su sablazo zurdo que ya tronchó al Gran Almirante genovés, saldrán del museo hacia algún placard familiar el recordado traje cruzado del ex presidente, sus mocasines y hasta la camiseta de Racing Club con la leyenda "100% K".

La presencia de estos atuendos en la sede del Poder Ejecutivo Nacional demuestra el grado de frivolidad con que actuaba la viuda de quien los vestía, solamente comparables con sus bailes ante la militancia o el anuncio de la elección de Amado Boudou como candidato a la vicepresidencia de la Nación.

Sin duda, ella era mucho más expresiva y tenía más carisma que Kim Jong-un, el gobernante de Corea del Norte que dedicó Pyongyang al culto de su padre y a sí mismo. Pero son tan obvios los ejemplos de otros personajes que construyeron poder a través del culto a la personalidad que sería jerarquizar el traje, los mocasines y la camiseta si se comparase a Néstor Kirchner con José Stalin, Francisco Franco, Benito Mussolini o con el mismísimo Juan Domingo Perón.

Existe una palabra en el lenguaje coloquial argentino, que es "berreta". Según la Academia de la Lengua Española, se trata de un lunfardismo que significa "de mala calidad". En este caso, aunque el traje fuese de la mejor tela y los mocasines de una zapatería selecta, el acto de colocarlos en una vitrina, al mismo nivel que los próceres de la Independencia o los estadistas del Centenario, fue otra maniobra "berreta" que ofende la memoria de aquéllos y el sentido patriótico de quienes los honran.

El traje y los mocasines de un ex presidente que gobernó hasta hace ocho años sólo deben exhibirse en un museo de la vestimenta, en una exposición privada o en una feria de curiosidades, sin entrar en forma prematura en el ámbito de quienes sólo la historia puede reconocer como eminentes.

En realidad, el mero hecho de la exhibición demuestra que a Cristina Kirchner poco le importaban los próceres o los estadistas que nos precedieron; tampoco el respeto a la sede del Poder Ejecutivo, ni la proximidad de los símbolos patrios, como la bandera y el escudo. Mucho menos la detuvo el pudor natural de no exaltar al marido cuando quien gobierna es su esposa. Ni esperar un tiempo prudencial para que la sabiduría de Clio decante su opinión respecto a los méritos o deméritos del dueño del traje y usuario de los mocasines.

Quien los colocó allí sólo pensaba en sí misma y en la utilización de esos atavíos para acrecentar y consolidar su poder personal, mediante los artificios simbólicos que usan los demagogos para exaltar sentimientos populares como el Gauchito Gil, San Expedito o la Virgen Desatanudos.

Es auspicioso que la Argentina recupere el sentido republicano, permitiendo la diversidad de voces y erradicando símbolos del personalismo autoritario. Y, sobre todas las cosas, que se recupere la racionalidad, para que el futuro del país no dependa de discursos, de mitos, ni de slogans. Porque a la pobreza no la erradicará el Eternauta, sino el sacrificio y el trabajo duro, cotidiano y solidario de 43 millones de argentinos.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.