Los Monos y su primera condena por narcotráfico

A las bandas de narcotraficantes se las puede vencer cuando el Estado muestra su voluntad de erradicarlas mediante la firme acción de la Justicia
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27 de diciembre de 2018  

Luego de tres meses de juicio oral, la Justicia Federal de Rosario ha condenado a penas que van de tres a 17 años de prisión a los integrantes de la banda de narcotraficantes Los Monos. No parece una novedad, pues en abril la Justicia santafesina los había condenado a 22 años por integrar una asociación ilícita. Sin embargo, la reciente condena es la primera que esa banda recibe por narcotráfico, el principal delito perpetrado a lo largo de los años.

Son varios los aspectos por destacar, comenzando por la ejemplaridad de las penas impuestas y la cantidad de condenados: 35 de los 39 imputados. El castigo penal recayó también sobre varias esposas de los cabecillas que habían continuado con el negocio según estrictas directivas de sus parejas mientras ellos cumplían prisión. La venta ilegal de drogas es un ilícito cuya ejecución requiere forzosamente la comisión de otros delitos, como el de lavado de dinero, por un lado, y, por el otro, los de amenazas y homicidios en la lucha por el control de la calle y de los puestos de venta ante la competencia de bandas rivales.

Puesto que el narcotráfico es una galaxia delictiva en constante expansión si no se lo combate, tras conocerse las condenas de abril cuestionamos desde esta columna las demoras en las que incurría el fuero federal, competente en este tipo de delitos, ya que resultaba tan sospechoso como insostenible y paradójico no llevar a juicio por narcotráfico a Los Monos,una deuda que ahora ha sido saldada.

El combate contra este azote no puede acotarse a declaraciones públicas y expresiones de deseos, ni siquiera a las meras incautaciones de drogas tras pacientes tareas de inteligencia. Se materializa cuando el Estado manifiesta, en los hechos, su voluntad de castigar con todo el peso y las garantías de la ley a los responsables, incluidos en primer término los cabecillas. Es lo que ha ocurrido mucho tiempo después de lo deseable en Rosario y lo que ahora destacamos.

Es bien sabido, pues lo sufrimos en carne propia, que el narcotráfico se expande a costa de la salud de las personas y las instituciones, infiltrando estas últimas sin pausa pero progresivamente gracias a su enorme poder económico o, si este no surte efecto, a su capacidad de amedrentar. Así, la crónica ha comenzado a registrar los casos de gobernadores, intendentes, concejales, jueces, fiscales federales, policías e integrantes de las fuerzas de seguridad en abierta complicidad con narcotraficantes.

Las referidas condenas constituyen un comienzo. No se pueden dejar resquicios ni aflojar en la tenaz decisión de combatir este mal porque, como ha ocurrido tras la primera condena contra Los Monos, las represalias, bajo la forma de ataques a balazos a dos centros judiciales rosarinos y al edificio del concejo municipal, se hicieron sentir. La violencia recrudecía en la ciudad mientras crecía la cifra de homicidios.

Ante una tan exponencial como peligrosa expansión del narcotráfico a la que asistimos a lo largo de tantos años de gobierno kirchnerista y, en el caso puntual de Rosario, de gobiernos socialistas, todos los remedios parecen insuficientes.

La Justicia debe caer con todo el peso de la ley sobre los delincuentes, sus cómplices y las redes de sostén. Los sistemas de seguridad deben blindar debidamente a fiscales, jueces y camaristas, a los peritos, a los testigos y periodistas que narran los hechos garantizando para ellos y sus familias que no reciban ataques intimidatorios o en venganza.

Los gobiernos nacional, provincial y municipal deben redoblar el esfuerzo enfrentando con coraje y convicción cualquier extorsión que se corporice en balas. Desactivar a los líderes de un actor mafioso como Los Monos es solo un eslabón, valioso por cierto, en una lucha que deberemos seguir dando desde todos los frentes antes de que sea demasiado tarde.

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