Los motivos del voto serán claves para 2019

Eduardo Fidanza
Eduardo Fidanza PARA LA NACION
(0)
8 de diciembre de 2018  

El debate sobre el protocolo del uso de armas de fuego para las fuerzas de seguridad puede analizarse desde distintos planos. Uno de ellos, que condiciona y condicionará los comportamientos políticos de aquí en más, es obvio: la inminencia de las elecciones presidenciales, que tendrán el primer test en agosto de 2019 , apenas dentro de ocho meses, cuando se celebren las PASO. Lo mismo ocurre con el G-20 , un suceso destacado de los últimos días y, por cierto, con la evolución de la situación económica , cuyos indicadores se consideran relevantes, si no decisivos, para determinar quién ganará los comicios. Cada hecho es evaluado por los competidores considerando si debilitan o favorecen sus chances electorales: algunos los hacen adelantar casilleros, otros provocan retrocesos que los sondeos evalúan en tiempo real para controlar los daños. En este contexto, cada fuerza busca influir en los motivos de los votantes para que estos orienten sus preferencias de acuerdo con los intereses de los partidos. Acaso ese duelo de estrategias resulte crucial para determinar el triunfador.

Considerando la jerga de los medios y los aportes de la academia, podrían sintetizarse -en una estilización tosca- tres razones para justificar el voto: el bolsillo, que determina el llamado "voto económico"; la confianza, que suscita el "voto político"; o la desilusión, que motoriza el célebre "voto bronca". Los votos económico y político son objetos de estudio académico y han suscitado miles de libros y papers. El voto bronca, en cambio, forma parte de la saga mediática, que también ha popularizado, entre otros, el "voto cuota", argumento utilizado para explicar los éxitos electorales del menemismo en la década de los 90. De estos tres motivos, dos resultan más fáciles de entender para el sentido común: si se vota por plata o por bronca. Perón, que no era politólogo, sino un líder rebosante de metáforas, consagró que el bolsillo es la víscera más sensible. La bronca o la desilusión también pasan por las tripas: son el producto del despecho, el sentimiento de haber sido traicionado que clama por un castigo. Las razones políticas del voto, en cambio, son más sofisticadas y menos frecuentes, pero si ocurren pueden otorgar triunfos resonantes e inesperados.

¿Por qué se vota por razones políticas? Ante todo por algo que contradice las costumbres: porque la gente decide confiar en los líderes, avalándolos con el sufragio y no pidiéndoles resultados inmediatos. Los que votan por razones políticas bancan a sus candidatos, les hacen "el aguante", los tratan con indulgencia. A veces por afecto, otras veces por considerar que son lo menos malo, disimulan la parte débil de sus gestiones y buscan logros para revalidar el apoyo. Si se admite la simplificación, podría decirse que el voto económico es racional, el voto bronca es pasional y el voto político es sentimental. De este repertorio, las dos principales fuerzas que se enfrentarán, Cambiemos y el peronismo (de Pichetto o de Cristina), apelarán a dos tipos de voto bien distintos en 2019: el peronismo necesita un electorado enojado, dispuesto a castigar; el oficialismo precisa, en cambio, algo más difícil: que lo sigan bancando a pesar del sufrimiento que ocasiona la política económica. Aspirar al voto bronca es una actitud pasiva y simplifica la tarea de la oposición, pero implica un riesgo para el sistema: el elector despechado sufraga para vengarse, sin importarle la calidad de lo que elige.

En rigor, el drama electoral (y sentimental) lo tiene Cambiemos. Como todo amante en dificultades debe resolver el dilema de cómo ser legítimo para el amado. Precisa encontrar las razones para que reverdezca el vínculo sabiendo que no ha estado a la altura de las promesas. En términos de estrategia política, debe resolver el siguiente problema, muy bien expuesto por José María Maravall para el caso del PSOE en la década del 80: cómo hacer para que las políticas impopulares no arrojen del poder al partido que las implementa. El socialismo español lo logró, según Maravall, por esta suma de factores: la buena imagen de las políticas de educación y salud, el liderazgo de Felipe González, la confianza en el partido de gobierno, el rechazo a la oposición. Estas causas compensaron el dramático hecho de que alrededor de una quinta parte de la población activa estaba desocupada.

Descifrar si los argentinos votarán en 2019 por razones políticas o por desilusión económica es un predictor clave para conocer al ganador. Cambiemos logró algo infrecuente: que en 2015 y 2017 se lo votará por confianza, no por resultados concretos. Si nuestro argumento es verosímil, el año próximo necesitará otra vez de esa benevolencia. Sin embargo, según la experiencia del PSOE, será insuficiente. Deberá adosarle logros compensatorios que aún no se advierten. No sorprenda entonces que el G-20 o el protocolo de las armas sean parte de una búsqueda frenética de motivos para restablecer antes de que sea tarde el contrato que unió a Macri con sus votantes.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.