Los nómades del conocimiento

Andrés Schuschny
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8 de marzo de 2015  

Los crecientes niveles de complejidad tecno-cultural en que nos vamos imbricando, la automatización algorítmica y la robotización ubicua nos obligarán a replantear la manera en que hoy trabajamos. No sin cierto pavor, se puede afirmar que el trabajo del futuro será mucho más flexible e inestable. No es casualidad que hoy se le rinda tanto " coolto" al emprendimiento y la innovación como fuentes de creación de valor y riqueza. Muchos de los emprendedores de hoy, al no poder realizar esa fantasía aspiracional inoculada de hacerse millonarios con sus start-ups, serán los trabajadores autónomos del mañana, los freelancers de un futuro que los convertirá en vendedores de sí mismos puestos a competir y diferenciarse en el reality show del mercado de las marcas personales, obligados a asimilar nuevas competencias para sobrevivir en un contexto cada vez más exclusivizado.

Por eso, emerge con vigor la convergencia entre el conocimiento científico y técnico, la experiencia emocional y la práctica continua de la resolución de problemas. Deberemos tener una mayor inteligencia social y emocional, trabajar colaborativamente en entornos desespacializados y multiculturales, imprimirle a nuestra labor sentido y propósito, desarrollar el pensamiento adaptativo/creativo y poseer una mentalidad orientada al diseño y el marketing a partir de altos niveles de alfabetización computacional y transmedial. En sí, deberemos poseer la capacidad líquida de navegar el universo transdisciplinario del conocimiento, como muestran algunas de las profesiones del futuro, con nombres entre curiosos e inquietantes: expertos en big data, operadores virales, antropólogos digitales, agregadores de talento, permacultores, nanomédicos, diseñadores de experiencias, consultores en simplicidad, desorganizadores corporativos, asesores en criptofinanzas, consultores de privacidad, gerentes de bienestar y bioinformáticos.

Abandonado el anhelo de tener un trabajo para toda la vida, el vértigo de hoy nos convoca a aceptar, no sin cierto estrés, una vida colmada de proyectos fugaces. Los trabajadores del mañana, más que empleados y jefes, deberán ser conectores y líderes; obligados a diseñar y comunicar futuros no tendrán otra posibilidad que ser pluriespecialistas: knowmads transitando un estado siempre aprendiente. El trabajador calificado del futuro actuará como puente transfronterizo entre saberes diversos y dispersos. Deberá poseer una capacidad de aprendizaje multidisciplinario tal que le permita sintetizar y resumir el aluvión de información disponible, extrayendo lo útil, hibridando, "remixando", conectando en forma atinada relaciones insospechadas.

Esa necesaria fluidez, experiencia, viabilidad y variabilidad acontece en un universo transdisciplinario en el que producción, conocimiento, actividad, conectividad, creatividad y circulación se integran. El trabajador del mañana se conducirá como un facilitador transdisciplinario, como un hacker que cataliza, empática y desprejuiciadamente, múltiples áreas de especialización con el fin de generar nuevos paradigmas sea en el área que sea.

En esta época en la que el cambio es la única constante y la obsolescencia de productos, tecnologías y marcas se incrementa, la habilidad de transitar lo transdisciplinario se convierte en una ventaja competitiva sostenible. Por eso, los buscadores de talento ya se orientan a personas que poseen una gran variedad de destrezas, gustos e intereses, personas que puedan formular ideas disímiles que permitan intervenir mejor sobre el contexto, de naturaleza tan poliédrica. Una carrera universitaria puede ser el punto de partida; sin embargo, hay tantas historias de aprendizaje como personas, lo que muestra que no puede haber una sola versión de lo que es el talento y asimilar esto es expandir el espacio de las posibilidades cuando las oportunidades parecen acotarse.

El autor es físico y economista, socio fundador de Crearquia.com

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