Los orígenes de una cosmovisión discriminatoria

Daniel Lvovich
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11 de marzo de 2012  

Como en muchos otros ámbitos de la vida nacional, a lo largo de la década de 1930 se completó la transformación de un ejército profesionalista y mayoritariamente apegado a la Constitución a otro basado en una concepción antipluralista y crecientemente antidemocrática de la Nación. Muchos han sido los intentos de explicar esta marcada transformación. Por un lado, a través de factores como la creciente influencia de un catolicismo fuertemente antiliberal en una institución armada que ahora abrazaba, en palabras de Zanatta, el "mito de la nación católica". Por otro, apelando al impacto de las transformaciones internacionales ocurridas al calor de la llegada al poder de distintos regímenes de derecha conservadora autoritaria o fascista en Europa.

Una de las consecuencias de estas transformaciones en el Ejército fue el despliegue de prácticas discriminatorias hacia los judíos, y la difusión en su seno de ideologías marcadamente antisemitas. Por supuesto, las Fuerzas Armadas distaban de ser el único ámbito en que los pensamientos judeófobos se difuminaban en la década de 1930, ya que procesos similares ocurrían en diversos ámbitos de la sociedad civil y el Estado, pero el carácter verticalista de la institución daba a este fenómeno características singulares.

En las Fuerzas Armadas una situación como la del capitán Bernardo Weinstein, oficial judío que en la década de 1920 había formado parte de la comisión directiva del Círculo Militar se había tornado impensable en el decenio siguiente. No obstante, y como estudiaron Cristián Buchrucker, Fabián Brown y Gladys Jozami, a lo largo de la década de 1930 se registró el ingreso de algunos judíos al Ejército, aunque hacia fines de la década el ingreso de israelitas parece haberse tornado mucho más problemático, ya que no se registraron postulantes que se hayan manifestado abiertamente como judíos.

En 1939 se produjo un cambio fundamental en la información requerida para ingresar al Colegio Militar de la Nación, al incorporarse una pregunta sobre la religión que practicaban el aspirante y sus padres, lo que implicaba la intención de restringir o impedir la incorporación a la oficialidad del Ejército de toda persona no perteneciente al catolicismo. Aunque existieron oficiales de origen judío que alcanzaron altos puestos de mando -incluyendo al general Abraham Schweizer, de padre judío aunque bautizado, que se desempeñó como Jefe de la Casa Militar de la Presidencia bajo el gobierno de Justo- aquellos que mantuvieron una identidad judía más visible no lograron aprobar la Escuela de Guerra, lo que permite establecer -como señalan los autores arriba citados- una sugestiva correlación entre el mayor éxito profesional y una menor nitidez en el perfil judío del oficial. De tal modo, la conquista del Ejército por las ideologías centradas en el mito de la Nación católica impidieron o dificultaron la presencia de judíos entre los cuadros militares.

En el seno del Círculo Militar, en particular en el período en que el general Juan B. Molina ejerció la presidencia de la institución, encontraron expresión las posiciones de un antisemitismo motivado por la simpatía por el nazismo. Ello es perceptible en las conferencias sobre la situación alemana pronunciadas en la entidad en 1937 por el coronel Juan Carlos Sanguinetti, en la reproducción en la revista del Círculo Militar de informaciones provenientes de medios argentinos próximos al nazismo -como el Deutsche La Plata Zeitung- y de discursos de explícito contenido antisemita de jerarcas del régimen alemán.

Aunque los archivos militares continúan siendo de difícil acceso, el informe confidencial sobre la situación política y social de Entre Ríos enviado por el general Costa al presidente Justo en 1936, conservado en el Archivo General de la Nación, constituye un excepcional documento que ilumina la mirada de al menos una parte del Ejército sobre la población israelita. Identificando a judíos y comunistas, el militar proponía que se prohibiera el uso del idioma idisch. El general Costa no difería en sus perspectivas de uno de los elementos más difundidos de la demonología antisemita de entonces y de hoy: la creencia en una enorme conspiración en la que los judíos aparecen siempre como impulsores ocultos del mal contra la patria, contra la religión, contra la humanidad.

Hemos hablado de exclusiones y de ideologías discriminatorias, pero desde muy temprano a esto se sumó una práctica que se tornaría habitual hasta la derogación del servicio militar obligatorio: en el marco de un maltrato generalizado hacia los conscriptos se destacaban particularmente los atropellos contra los reclutas judíos. Entre otras muchas fuentes, en Memorias de un médico de Alberto Kaplan existen referencias a la discriminación y especiales maltratos hacia los conscriptos judíos en 1944, y al caso de un suboficial de origen sefardí que deformaba su apellido para evitar ser víctima de los prejuicios antisemitas de sus camaradas de armas.

Por supuesto, el modo en que las ideas, las tradiciones y las prácticas se transmiten y se reproducen siempre escapa a la simplificación de considerar los hechos en la pura dimensión de una continuidad lineal, aunque ello no impide considerar la persistencia de las tendencias antisemitas en el seno de las Fuerzas Armadas a lo largo de décadas. En dicho camino -jalonado incluso por la curiosa combinación de la admiración del poderío militar israelí desde la década de 1960 con el desprecio y el maltrato a los conscriptos judíos- resulta muy difícil no reconocer los elementos en común que vinculan en un compartido antisemitismo a los militares de la extrema derecha de la década de 1930, a los ideólogos fuertemente influyentes en el mundo militar como Jordán Bruno Genta en las décadas siguientes, a los torturadores de las mazmorras de la dictadura militar instaurada en 1976 y a sus coetáneos que estaqueaban -entre otros, pero por motivos particularmente definidos- a los soldados judíos en Malvinas.

El autor es historiador, director del Instituto del Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento e investigador del Conicet.

Testimonios

  • CLAUDIO SZPIN

    "Había una cosa de si uno era argentino o no. Era como que por el hecho de ser judío no se terminaba de ser argentino"
  • SERGIO VAINROJ

    "Cada tanto, me decían judío de mierda, y cuando no, me daban una sobrecarga de trabajo, como hacer un pozo de zorro y, después, taparlo y hacer otro. A los demás no les hacían eso"
  • MARCELO EDDI

    "El teniente primero que nos acompañaba era el hijo de Adolfo Hitler, porque era nazi y se vestía igual. Se paró al lado mío y me dijo: ‘Voy a llevar todos soldados criollos, no un judío’
  • PABLO MACHAROWSKI

    "Un sargento me decía: ‘Qué raro que vos que sos judío estés combatiendo acá’. Soy argentino, no tiene nada que ver que sea judío o no."
  • SIGRID KOGAN

    "No estaba en la lista original para ir a las Malvinas y terminé yendo por ser judío, sino, no me tocaba"
  • JORGE CARLOS SZTAYNBERG

    "Me sacaba los borceguíes y tenía las piernas dormidas. Debía sentarme sobre ellas y estar en esa posición durante media hora hasta que empezaba a sentirlas"
  • SILVIO KATZ

    "Flores Ardoino me castigó todos los días de mi vida en Malvinas por ser judío. El tipo se regodeaba de lo que me hacía, era feliz viéndome sufrir"
  • MARCELO LAPAJUFKER

    "No coincido con los veteranos de Malvinas de la colectividad que dicen que la comunidad nunca se ocupó de homenajearnos; tampoco ningún gobierno lo hizo"
  • MARCELO WOLF

    "La comunidad judía estuvo en falta con nosotros en estos treinta años. Me hubiera encantado que nos hicieran algún homenaje, algo"
  • FERNANDO GRUNBLATT

    "En la época que entré en la Marina, no nos hacían ningún problema con el tema de la religión, pero después, eso cambió y me decían judío de mierda y los oficiales me puteaban"
  • ADEMÁS

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