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Los primeros frutos

Por Eduardo L. Bonelli
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19 de marzo de 2000  

Llevada a la práctica, la propuesta económica de José Luis Machinea y los suyos está dando sus primeros frutos, pero el previsto encadenamiento de resultados positivos tiende a demorarse más de cuanto querrían las naturales impaciencias de vastos sectores de la comunidad. Y la discordancia entre las aspiraciones colectivas y la realidad suele ser fermento de presiones que gravitan sobre las decisiones -del Gobierno, de las empresas, de la gente- promoviendo respuestas artificiosas, soluciones facilistas y actitudes irracionales que teminan por complicar las cosas y agravar problemas que, sin duda, son reales.

En efecto, la firme determinación con que la conducción económica abordó la crisis de las finanzas públicas y procura restaurar la solvencia fiscal, no sólo con recortes de gastos sino incluso con el sensible costo político -y riesgo económico- de aumentar las cargas impositivas, sumada al claro respaldo del Fondo Monetario Internacional para el programa del Gobierno y para la forma en que se está negociando la reducción del endeudamiento de las provincias, ha comenzado a dar dividendos siguiendo la secuencia esperada: aun sin que la recaudación tributaria haya repuntado, la ganancia de credibilidad trajo consigo una ostensible declinación en el costo del financiamiento que obtiene el Estado, y la respuesta favorable de los mercados comienza a difundirse también, muy lentamente, en el crédito al sector privado.

Ya se ha señalado cómo nuestro país colocó títulos en euros con una sobretasa de sólo 380 puntos básicos respecto de emisiones similares del Tesoro de los Estados Unidos. Ahora, en estos últimos días se ha conseguido renovar letras de corto plazo con tasas tan bajas como no se registraban desde 1997.

A este resultado contribuyó una oferta de fondos que triplicó los requerimientos de la licitación, lo que revela una situación de considerable liquidez en el sistema bancario; si esto se suma al anuncio formulado días atrás por el secretario de Finanzas, Daniel Marx, de que el Estado tiene cubierta su demanda de fondos para todo el primer semestre y las futuras emisiones de deuda serán menos frecuentes, parece claro que los bancos están enfrentados, otra vez, a la necesidad de salir en busca de clientes.

Más crédito

En tal sentido, es elocuente el anuncio del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que se propone expandir su cartera de crédito al sector privado en 870 millones de pesos durante este año. Para tener una idea de la relevancia de esa suma basta señalar que el aumento previsto en las ventanillas de esa sola entidad es casi el 1% del volumen total del crédito bancario, y que se produce después de todo un año en que la cartera activa conjunta del sistema mostró un absoluto estancamiento, frente a un módico crecimiento del stock de depósitos.

El hecho más notorio, en esta materia, es la fuerte oferta de crédito hipotecario que esta semana han lanzado al mercado importantes bancos, con gran despliegue publicitario, en una ardua competencia de precios bajos, condiciones blandas y plazos insólitamente largos, con propuestas en dólares y en pesos. Es la prueba más palpable de que hay una masa de recursos para nada desdeñable que está buscando dónde colocarse.

En medio de esta verdadera guerra hipotecaria, los bancos protagonistas calculan que tal vez 1 millón de personas se encuentra en condiciones de acceder a estos créditos, de acuerdo con los requisitos que establece cada entidad, y sostienen que la cantidad de consultas recibidas en estos primeros días demuestra un notable interés del público, por más que en algunos casos -advierten- se percibe algún escepticismo, alguna aprensión. Menos entusiasmo manifiestan los bancos, en cambio, respecto de la expansión de su cartera general, para la cual los costos y las condiciones no prometen mayores alivios. Pero si la oferta de crédito hipotecario tiene suficiente aceptación, puede ser el comienzo de un interesante proceso de reactivación, dado el proverbial efecto multiplicador de la industria de la construcción.

Algunas dudas se han suscitado acerca de la existencia de recursos suficientes para atender a un millón de personas que demandaran, por ejemplo, 25.000 pesos (no se trata en todos los casos de comprar una vivienda; los fondos pueden tener otros destinos), pues 25.000 millones representarían algo así como el 30% del total de la cartera de crédito de los bancos.

Si la demanda existe, sin embargo, no parece demasiado problemático obtener recursos adicionales en el mercado.

Quejas y presiones

La entidad líder en esta especialidad, el Banco Hipotecario, cuya deuda garantizada con préstamos hipotecarios tiene una calificación superior a la del país -ya en el investment grade -, acaba de colocar títulos por casi US$ 200 millones entre inversores institucionales del exterior, en la mayor operación de securitización que se haya concertado en América latina, lo que abre una interesante perspectiva para el futuro.

Pero mientras la reactivación sigue en las expectativas y no termina de afianzarse en los hechos, en tanto el inmediato efecto astringente del torniquete impositivo sea más fuerte que el aliciente potencial de un financiamiento más fluido, los recelos de las empresas y los consumidores siguen prevaleciendo sobre el desenvolvimiento de la economía real.

Esos estados de ánimo se reflejan cotidianamente en la lasitud de la demanda de bienes y servicios, por una parte, y en las quejas de los sectores empresariales que vienen presionando por subsidios y medidas de protección como no lo hicieron en toda la década de los años 90, en busca de compensación para la merma de su capacidad competitiva.

En el ámbito de la producción agropecuaria, ese retroceso tiene su origen, ya se sabe, en una abrupta caída de los precios internacionales, aunque el Estado -la Nación y la provincia de Buenos Aires- ha hecho también su aporte, por cierto, con el incremento de la presión impositiva. Por estos días, sin embargo, los precios han insinuado algún repunte, lo que permitiría atenuar las reclamaciones del campo y ver las cosas con otro ánimo.

Más compleja es la situación en los sectores industriales, donde se ha desatado un enérgico ataque contra el Mercosur al que se suman algunos gobiernos provinciales liderados por Carlos Ruckauf, que desde La Plata plantea un anacrónico retorno al compre argentino , sin tomar en cuenta lo que significaría, por ejemplo, como aumento del gasto público, en un momento en que el equilibrio de las cuentas estatales ha adquirido máxima prioridad.

Las cifras del comercio exterior indican, entretanto, que las exportaciones de manufacturas no han perdido, en conjunto, competitividad, puesto que aumentaron un 11%, aunque es indudable que hay sectores en graves problemas. Pero en estas circunstancias lo que hay que evitar es la adopción de medidas que son presentadas como la gran panacea que el país necesita y que, sin embargo, terminan perjudicando los propios intereses de aquellos sectores a los que se pretendía beneficiar.

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