Los problemas de la amabilidad crónica

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
Crédito: Shutterstock
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23 de enero de 2020  • 01:42

Algunas personas necesitan permanentemente recibir una confirmación externa para sentirse amadas. Por ejemplo, preguntan: "¿Cómo estuve?". "¿Qué te pareció lo que dije?". "¿Me amás?". Si no reciben un saludo, una mirada, o una felicitación constantes no se sienten valoradas. Esto pone en evidencia un nivel elevado de inseguridad interna. De allí que procuren subsanarla a través de una búsqueda excesiva de confirmación que provenga de otros.

Estas personas suelen pedir para confirmar que son queridas. A veces se trata de objetos materiales con los que, después de un tiempo, se aburren. Otros, se inclinan por lo negativo: inventan problemas y buscan ayuda para sentir que son tenidos en cuenta. Y muchos otros intentan llamar la atención de los demás a través de la queja, el malestar e incluso las discusiones.

El temor a discutir

Aquel que tiene este temor busca evitar toda discusión. Cede y busca agradar al otro diciéndole y haciendo exactamente lo que el otro desea. De esta manera, la simpatía reemplaza la empatía. Pero pretender caerle siempre bien a alguien y ceder permanentemente muchas veces hace que la persona termine sucumbiendo. Esto se debe a que es amable en exceso y experimenta tanta ansiedad por agradar que no soporta ninguna crítica de los demás.

Quiero tener un millón de amigos y ningún enemigo

La necesidad de popularidad hace que la persona "rinda examen" todo el tiempo ante los demás. Su objetivo es caer bien, que el otro se sienta cómodo. Por eso, se vuelve excesivamente adaptable a todos los contextos y a todas las situaciones. Es el que dice las típicas frases: "Vamos donde vos elijas", "Comemos lo que a vos te gusta", "Hacemos lo que vos quieras".

Existen distintas variables o estilos de amabilidad crónica:

  • a.El suplicante: "Te robo un minutito". "¿Tenés un segundito?". "No te molesto, ¿no?". "Si te molesto, avisame que me voy". Vive pidiendo por favor aquello que quiere o necesita.
  • b.El simpaticón: Vive sonriendo y tratando de decir lo que el otro quiere, le gusta y le parece mejor.
  • c.El bueno: Busca por medio de actos bondadosos mostrarles a todos su calidez y su bondad.

No importa lo que el amable crónico haga. Siempre habrá alguien a quien le caerá mal; siempre habrá alguien quien lo criticará y lo rechazará. Estas situaciones las vive con profunda tristeza y un común derrumbamiento de su estima.

Entonces, recordemos que:

  • 1. Todos conoceremos en el camino gente que nos ama, gente que nos detesta y gente que, aunque no nos conoce, igualmente opinará de nosotros. Alguien dijo: "La mejor manera de fracasar con todos es queriendo estar bien con todos". Hagamos lo que hagamos, siempre habrá personas que estarán de acuerdo y otras que estarán en desacuerdo.
  • 2.Una buena estima consiste en conocer tanto nuestras virtudes como nuestras debilidades y no sentirnos mal al respecto sino todo lo contrario, seguir intentando hacer cambios positivos y crecer en aquello que no nos agrada de nosotros. Es decir, busca mejorar continuamente sin angustiarnos.
  • 3.Tenemos que poner nuestro deseo en juego. Ser capaces de expresar lo que pensamos, sentimos y queremos es la mejor forma de llevarnos bien con los demás. El hecho de que el otro no esté de acuerdo, o piense distinto, no invalida nada ni genera desprecio por nada ni por nadie. Poder relacionarnos de modo sano con los demás nos trae paz interior.

Para concluir, a la amabilidad se le debe sumar firmeza sabiendo que la estima nunca se construye de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera. La necesidad de caerle bien a todo el mundo provoca en muchas personas un gran temor al rechazo que experimentan como si fuese algo catastrófico. Colocarnos primeros en la lista y ser solidarios (sin martirizarnos ni sacrificarnos) nos permite construir mejores vínculos.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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