Macri se aferra a la moderación

Eduardo Fidanza
Eduardo Fidanza PARA LA NACION
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28 de noviembre de 2015  

Después de concretar una alternancia que se consideraba muy difícil, el gobierno electo ensaya sus primeros pasos en medio de una gran expectativa. Como suele ocurrir en las transiciones, cada sector aguarda un beneficio que se vincula a sus esperanzas, temores e intereses. En el caso de los que votaron a favor, la demanda adquiere carácter reivindicativo. Se esperan restituciones de bienes materiales y simbólicos, como la mejora de ingresos familiares y sectoriales, más seguridad física y jurídica, devolución de derechos, actitud constructiva, acceso al diálogo y al reconocimiento. Entre los que no votaron al nuevo gobierno, las solicitudes tienen tono defensivo. Se aguarda, con recelo, el mantenimiento del salario, el empleo, los planes sociales y el respeto a la cultura nacional y popular que ha sostenido el peronismo. Más allá de las diferencias, existen también expectativas compartidas por la gran mayoría. La equidad distributiva y la defensa sensata de la libertad y los derechos humanos constituyen, acaso, los valores que todos quieren preservar.

Pero el problema no son, por cierto, los consensos, sino las diferencias de intereses, y el modo en que cada sector quiere satisfacerlos. Cabe recordar aquí una lección elemental de la ciencia política: en democracia, la mayoría posee sólo dos armas para defender sus intereses, una es el voto, la otra es la protesta; pero las minorías -económicas, intelectuales, religiosas, sindicales, mediáticas- disponen de herramientas mucho más diversas y sofisticadas para abogar por los suyos. El gobierno electo ya ha experimentado alguna de ellas, antes de cumplir una semana de vida. Empresarios que recomiendan recetas severas de shock, agropecuarios que exigen el cumplimiento perentorio de promesas escritas, editoriales que solicitan revisar las condiciones de detención de condenados por lesa humanidad. Puede tratarse de demandas con una cuota de razón y haberse formulado sin mala intención. Pero se caracterizan más por el apremio que por la mesura. Y por la defensa del interés sectorial, antes que el general. Se convierten así, de manera inadvertida, en el espejo de actitudes severamente criticadas en la etapa que termina.

Frente a este juego de intereses y expectativas cruzadas, que se expresa a diversa escala, el nuevo gobierno parece elegir la equidistancia. Esa actitud equivale a ocupar el centro político, rescatando, entre tantas ansiedades, la moderación. Es una opción llena de riesgos, que nunca conformará a los que se ubican en los extremos, usen formas prepotentes o educadas de actuar. Norberto Bobbio, el politólogo que retomó la distinción entre izquierda y derecha cuando ya se la consideraba arcaica, reivindica esta actitud. A la díada derecha-izquierda le contrapone la díada extremismo-moderación. El cruce de estos ejes muestra que el problema para la democracia no es la posición ideológica, sino la radicalización con que se quieren imponer las ideas en la práctica. En otras palabras: si la derecha y la izquierda no son mesuradas, terminan utilizando los mismos métodos despóticos que dañan a la democracia. Tal vez sirva recordarlo, para evitar que el populismo radicalizado y el conservadurismo nostálgico terminen asfixiando al nuevo presidente.

Mientras está sometido a estas presiones, el gobierno electo debe afrontar problemas de tal dificultad, que puede asimilárselos a "la cuadratura del círculo". La mayoría son de naturaleza económica, no política. Y constituyen la prioridad. Para resolverlos, deberá considerar al menos cuatro datos contradictorios: las expectativas públicas, el sistema productivo, los recursos disponibles y los intereses sectoriales. Las expectativas son de bienestar, no hay conciencia de la crisis; el sistema productivo está debilitado y no se esperan, en el corto plazo, factores externos favorables; los recursos disponibles son escasos, y los intereses sectoriales divergentes. El populismo adoptó un capitalismo hemipléjico: se centró en el consumo, menospreciando la inversión, el equipamiento y la sobriedad en el manejo de las cuentas públicas. Fue la abolición del ahorro y la previsión, el triunfo insostenible de la Cigarra sobre la Hormiga. Al cabo, la alta inflación, el déficit fiscal y un gran desequilibrio de precios relativos generaron una economía inviable y exhausta.

Es probable que la moderación a la que se aferra Macri, frente a coacciones y desastres, se deba a un impulso personal y a una estrategia. Pareciera que el presidente electo se reinventa a cada paso, según lo que ve y encuentra. Alcanza la presidencia después de un largo aprendizaje político, que indica la conveniencia de un liderazgo fuerte, pero con capacidad de negociación y manejo de los tiempos. El partido que creó se especializa en soluciones instrumentales, no en grandes metas ideológicas; sin embargo, triunfó por una combinación acertada de eficacia y visión política. Quizás en los próximos meses haya dificultades, desilusiones y protestas. La frazada actual es demasiado corta para cubrir a todos, y construir otra llevará algún tiempo. No obstante, si la orientación es correcta, y prevalece la mesura, es posible que la Argentina se recupere pronto de los problemas que la paralizan.

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