Macri y el sindicalismo: ¿billetera mata galán?

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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2 de agosto de 2016  • 01:00

Agosto comenzó con protestas gremiales y hasta con alguna amenaza de paro general. Ayer, seis provincias, entre ellas la de Buenos Aires, vieron dificultada la normal reanudación de las clases como consecuencia de paros en demanda de mejoras salariales para el segundo semestre del año. Entretanto, voceros del sindicalismo dejan trascender la posibilidad de una huelga general para después de la reunificación de las tres centrales obreras que hoy lideran Hugo Moyano , Antonio Caló y Luis Barrionuevo, que tendría lugar el próximo 22.

El acto en el que, hoy por la tarde, el presidente Mauricio Macri anunciará una suerte de “reparación histórica” para las obras sociales sindicales buscará aplacar la conflictividad. En la Casa Rosada, el primer mandatario recibirá a los popes del gremialismo y anunciará la devolución de unos 30 mil millones de pesos a las entidades de salud de los gremios en bonos y de unos 2700 millones que serán entregados en efectivo.

Era el pago de esta deuda uno de los reclamos que los dirigentes sindicales hicieron oír a los funcionarios del gobierno nacional, junto a la necesidad de poner algún freno a los despidos, de ajustar los salarios de acuerdo con la inflación y de disminuir el impacto de los aumentos tarifarios. Para algunos observadores, se trataba incluso de la principal demanda de algunos gremios, aunque fuera el menos mencionado en los discursos públicos de los líderes sindicales.

¿Logrará Macri tranquilizar las agitadas aguas del sindicalismo con este anuncio? ¿Podrá jactarse en poco tiempo de que “billetera mata galán”? Es difícil predecirlo, porque el sindicalismo se apresta a librar otras batallas que, aunque no sean contra el Gobierno, pueden llevarlo a la necesidad de mostrarle los dientes al Presidente.

Con la reunificación de las tres CGT, algunos dirigentes sindicales creen que estarán en condiciones de disputar espacios de poder de cara a un proceso de renovación del peronismo. Y su mejor carta de presentación no sería otra que su capacidad de movilización para enfrentar al gobierno nacional.

En el macrismo, ciertos dirigentes invitan a no subestimar la capacidad de negociación del Presidente, al tiempo que recuerdan que, cuando fue jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Macri no sólo se las ingenió para gobernar con una legislatura en la que nunca tuvo mayoría propia, sino también para lidiar con gremios municipales alineados con el peronismo, a los que se metió en el bolsillo.

Claro que la mejor o la peor aliada de Macri en sus eventuales pulseadas con el gremialismo no será otra que la economía, y en particular la marcha del proceso inflacionario. No se trata de un tema menor, en momentos en que el propio ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, acaba de reconocer que la inflación de los últimos 12 meses ascendió al 42%, un número bastante mayor al que, en promedio, se fijó en las paritarias como incremento salarial.

Datos oficiales también dan cuenta de que, en junio último, había 42.000 trabajadores registrados menos que un año atrás. Aunque estudios de institutos cercanos a entidades sindicales hablan de una cifra mucho mayor de despidos desde la asunción de Macri, especialmente en el sector informal de la economía.

En este contexto, el mensaje que dé hoy Macri a los sindicalistas será de suma importancia. Ya no se espera que se refiera al mágico segundo semestre, pero sí que anuncie que se está dejando atrás “la parte más fea del proceso” de sinceramiento de la economía y que la Argentina está despegando lentamente. Para más adelante quedarían otros anuncios esperados, como una reforma tributaria que modifique las escalas del impuesto a las ganancias que pagan los trabajadores.

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