Macri y Scioli, en el centro de las miradas políticas

Joaquín Morales Solá
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1 de julio de 2007  

Política con ritmo de vértigo. Mauricio Macri y Daniel Scioli eran los candidatos cantados para las elecciones presidenciales de dentro de cuatro años, en 2011. Todavía lo son. ¿Lo serán? Un murmullo, a veces audible, otras imperceptible, comenzó a mencionarlos como probables candidatos presidenciales para los próximos comicios de octubre. No hay nada palpable; sólo ese insistente rumor que va y viene. Quizás el único dato tangible es que los dos han logrado hacerse en los últimos meses del halago de las encuestas. Reinan donde sólo reinaba el matrimonio Kirchner.

Es posible que se hayan convertido también en emergentes de una situación contradictoria. El gobierno de Kirchner viene atravesando una larga mala racha dezsde la derrota de Misiones. El infortunio no lo ha privado ni de la sublevación patagónica ni de una peligrosa crisis energética ni de un resonante escándalo de corrupción en la administración pública ni de los malhumores colectivos por la inflación.

Cuando cae la noche, la sociedad ve la crisis energética aunque no la sienta en sus casas: ahora los shoppings están a media luz y los hoteles prescinden de la iluminación externa. El bosquejo muestra una ciudad que fue feliz. Lejos de esos crepúsculos, el juez Guillermo Montenegro anunció embargos varias veces millonarios contra los ex funcionarios Fulvio Madaro y Néstor Ulloa, involucrados en el caso Skanska. Está marcando, de manera inconfundible, el camino de sus procesamientos.

A pesar de todo, nada parece poner en riesgo, por ahora, la continuidad del kirchnerismo en el poder. ¿Qué explicación existe, si es que existe alguna, para esa incoherencia? ¿Qué explica, en última instancia, ese desacuerdo entre una realidad desmañada y las escasas alternativas para cambiarla?

No se puede decir tampoco que faltan candidatos diferentes del oficialismo. ¿Qué son sino eso, candidatos opositores, Lavagna, López Murphy o Carrió? ¿Quién podría poner en duda sus condiciones intelectuales y, en algunos casos, sus experiencias al frente del Estado?

El problema de ellos es de otra naturaleza. Coloquemos al margen el debate sobre si tienen, o no tienen, el ángel ineludible para llegar a la gente común.

Los tres candidatos presidenciales opositores tienen, sí, problemas similares: carecen de recursos financieros (López Murphy recorre el interior en colectivo) y ninguno puede mostrar una estructura nacional en condiciones de controlar el poder si llegara al gobierno. Todavía resta saber si lo que está es todo lo que hay en ellos.

Ayuda involuntaria

Pero nunca debe desdeñarse la ayuda involuntaria que Kirchner les prodiga a sus adversarios. ¿Por qué le dio a Macri la posibilidad de dos fiestas triunfales consecutivas, en apenas 20 días, frente a toda la televisión del país sin que haya cometido un solo error?

Scioli es otra cosa. Su nombre surgió de algunos dirigentes peronistas, sobre todo del misionero Ramón Puerta, que lo calificaron públicamente de candidatazo para las próximas presidenciales.

Esos peronistas han sido relegados por Kirchner y creen en la necesidad de una fórmula más afín al peronismo. Ellos piensan, en verdad, más en Felipe Solá o en De la Sota como eventuales candidatos presidenciales que en Scioli; ninguno de aquellos dos ha aceptado el desafío por ahora.

Scioli se quedará donde está. Su posición no es la de Macri, un dirigente que siempre cuestionó el discurso y los actos de Kirchner. La traición es inherente a la política, si a ésta se la despoja de la moral y de la teología.

Sin embargo, hasta la traición necesita de cierta estética. ¿Quién creería en Scioli si en pocos meses pasara de hijo pródigo de Kirchner en la provincia de Buenos Aires a referente de sus opositores en el peronismo nacional?

Es cierto que Scioli expresa cierto fenómeno político. Sin una larga experiencia ejecutiva y sin un discurso de seducción intelectual, su figura ha crecido en la provincia de Buenos Aires hasta ubicarse ahora por encima del Presidente y de su esposa. Calma, a pesar de todo. Su arte es la flotación. No hay ninguna posibilidad, ni siquiera la más remota, de que el actual vicepresidente abandone el redil de Kirchner para pararse en la vereda de enfrente.

Macri, en cambio, vacila y oscila. Por primera vez en cuatro años un dirigente opositor alcanzó la misma aceptación popular del Presidente en el área metropolitana (Capital Federal y Gran Buenos Aires), según los encuestadores más serios, tras la centelleante victoria del ballotage. Ya antes de las elecciones porteñas era el político con más intención de votos, luego del matrimonio presidencial, en muchas regiones del interior del país.

Políticos y empresarios han desfilado en las últimas horas por las oficinas de Julio Aurelio, el único encuestador que pronosticó resultados con la precisión de un cirujano.

¿Cómo está Macri?, le preguntan. Una medición nacional profunda sobre la figura de Macri comenzará en la semana que se inicia. ¿La encargó Macri? Conoce los preparativos, por lo menos.

Cinco meses en la Argentina es mucho tiempo . La frase corresponde a Macri y se la dijo a los corresponsales extranjeros, que se encariñaron con ella, cuando le preguntaron sobre octubre.

¿Mucho tiempo para qué? ¿Para decidir qué hará él o para resolver a qué candidato apoyará? No se sabe. Ninguna precisión salió de su boca. La ambigüedad es la esfera que más le gusta en estos días.

Por el momento, hace los preparativos para conducir la ciudad de Buenos Aires, mientras espera, no sin ansiedad, la dinámica de las circunstancias nacionales.

Su encuentro con Kirchner fue menos frío de lo que trascendió. Empezó con un presidente que tomaba distancia de él ("ingeniero", lo llamó secamente de entrada) y terminó con un Kirchner cómplice de Macri en las chanzas que éste les hacía a Alberto y a Aníbal Fernández. Encontró un compinche fácil para zumbar a sus funcionarios.

Acuerdo a medias

El traspaso de la policía fue un acuerdo a medias. Kirchner intentó esquivar un compromiso firme. Yo ya me estoy yendo , argumentó ante Macri. ¿Le anunció así la candidatura de Cristina Kirchner? No lo dijo. Macri fijó la fecha del 15 de agosto para un acuerdo político sobre la policía ante las renuencias presidenciales, pero no hubo acuerdo aún sobre el traspaso de los recursos para financiar la policía.

No hubo ni una palabra entre ellos sobre la contienda nacional. Pero Macri se asombró por dos cosas que abordó Kirchner y que nadie había puesto sobre la mesa: analizó la crisis energética, cuya responsabilidad remontó al gobierno de la Alianza, y se manifestó contra el sistema de ballotage.

Lo envidio. Me hubiera encantado gobernar esta hermosa ciudad, se despidió Kirchner de su rival. Los roles se habían cambiado. Kirchner no abandonó nunca su vocación de intendente y Macri quiere ser presidente.

Un relámpago

Su provincia forma parte de su incesante contrariedad. Sergio Acevedo apareció como un relámpago inesperado en Santa Cruz.

Comenzó a correrlo por izquierda, cuestionando la transparencia de las decisiones para ampliar el plazo de concesión de los pozos petroleros a las empresas que los tienen. Es un negociado , estalló el hombre que fue su vicegobernador, su primer jefe de la SIDE y el primer gobernador elegido de Santa Cruz en la era presidencial de Kirchner.

El gobierno percibió en el acto la sensación de que lo acorrala una tempestad de conspiraciones nacionales e internacionales. Deducciones sin sustancia.

Acevedo es un hombre honesto ( el único puro del kirchnerismo, coinciden Carrió y Patricia Bullrich), que volvió a su trabajo de maestro del secundario en el interior santacruceño luego de dimitir al gobierno.

Se fue con una muy alta aceptación popular, aunque todavía le piden explicaciones por el silencio tras su renuncia. Puede caminar por las calles de Río Gallegos sin custodia. Eso es casi un lujo político ahora. Radicales y socialistas lo están cortejando para que los ayude a tumbar a los Kirchner en Santa Cruz. Acevedo está dispuesto a explorar esa aventura.

Acevedo lo inquieta a Kirchner más que Macri. ¿Qué tienen que ver Macri y Acevedo? Nada, o casi nada. Pero la política argentina se ha tornado así de contradictoria dentro de un mundo fugitivo.

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