Maniobra interpretativa de la realidad educativa

Luciana Vázquez
Luciana Vázquez PARA LA NACION
¿Por qué se dan estas paradojas de mejoras de puntajes pero estancamiento o caídas en el ranking?
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9 de diciembre de 2014  • 00:46

¿Hay algo de realista en el optimismo con el que el ministro de Educación, Alberto Sileoni, recibió en los últimos días los resultados de las nuevas evaluaciones internacionales de educación que muestran que la Argentina mejoró significativamente en matemática y ciencias en primaria y, parece, también en lengua, aunque mucho menos? ¿Hay motivo real para festejar? La respuesta es...no.

Sabemos: me estoy refiriendo al Tercer Informe Regional Comparativo Explicativo (Terce) implementado por Unesco en 2013, que evaluó los aprendizajes de alumnos de tercero y sexto grado de primaria de 15 países latinoamericanos en lengua –lectura y escritura- y en matemática, y también en ciencia, en este caso sólo en sexto. Algo así como el "PISA latinoamericano". Además, Terce ofrece una comparación rigurosa entre los resultados del Segundo Informe Regional (Serce) de la Unesco, de 2006, que permite ver cómo mejoraron, o empeoraron, los sistemas educativos.

¿Hay algo de realista en el optimismo con el que el ministro de Educación, Alberto Sileoni, recibió en los últimos días los resultados de las nuevas evaluaciones internacionales de educación?

Es interesante aclararlo: mientras que PISA es casi tabú entre buena parte de los pedagogos argentinos alineados de forma convencida detrás de la utopía de la inclusión educativa, las pruebas de la Unesco cuentan con mejor prensa entre los expertos locales. Serce y Terce están hechas a la medida de las metas y estándares específicamente educativos de los países latinoamericanos.

¿Qué dijo el ministro Sileoni? "Lo importante es haber mejorado en todos los resultados sin el costo de dejar chicos fuera de la escuela", sostuvo. "La Argentina muestra una evolución más que favorable", insistió.

La maquinaria comunicacional del Ministerio de Educación trabajó duro el jueves de la semana pasada, cuando se divulgaron los resultados, para instalar una interpretación inicial, favorable, de las cifras de Terce. En principio, buscó subrayar la mejora comparativa.

La lectura optimista de Terce dice: según Unesco, entre 2006 y 2013, la Argentina mejoró 30 puntos en matemática, 12 puntos en ciencias naturales y entre 2 y 3 puntos en lengua en el nivel primario. ¿Son falsos esos datos? En absoluto: estas cifras son verdaderas. Pero no lo son en absoluto sus interpretaciones optimistas. Efectivamente, en matemática, en tercer grado, la Argentina mejoró en 27,9 puntos entre 2006, cuando obtuvo más de 505 puntos, y 2013, cuando alcanzó 533 puntos. Y en sexto grado, siempre en matemática la mejora fue de 17,2 puntos en el mismo período, con 513 puntos en 2006 y algo más de 530 siete años después. En ciencias, también es cierto, la mejora fue de más de 12 puntos. En 2006, los chicos de sexto grado de la Argentina habían obtenido un puntaje de 488,72 puntos. En cambio, en 2013, subieron a 501. El caso de la mejora en el área de lengua, en cambio, no es cierto. En la práctica, es falso que la mejora se dé en "todas" las áreas, como sostuvo el ministro: lengua es la excepción, precisamente. En lengua de tercer grado, la Argentina, y otros países, "no muestran diferencias en su rendimiento en Serce y Terce en esta prueba". Así lo afirma explícitamente el informe de Terce. Esto quiere decir que la mejora en 2,44 puntos en lengua entre 2006 y 2013 es estadísticamente irrelevante. Para que no queden dudas: esto significa que el aprendizaje de lectura está estancado desde hace siete años en la Argentina en primaria, y en un nivel bajo comparado con el de la región.

¿Se justifica entonces el optimismo oficialista por los resultados de Terce? Insisto: no. La evidencia rigurosa aportada por Terce no conduce con tanta facilidad hacia el optimismo educativo en el caso argentino. Sí, es cierto: la comparación especular de la Argentina del presente contra la Argentina del pasado, siempre en tiempos kirchneristas, parece traer resultados positivos esta vez. En términos de puntajes absolutos, el signo es la mejora en dos áreas clave como la matemática y la ciencia. Pero a no confundirse. Hay que tener en cuenta cuál es el valor profundo de Terce: su carácter regional, latinoamericano, la posibilidad de comparar desempeños nacionales en el tiempo, confrontándolos con países de la misma región, con realidades y tradiciones culturales más o menos parecidas.

Además de la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay también participan de Terce y Serce. En este contexto, las pruebas de Unesco cobran un valor clave para pensar la educación argentina: es una evaluación educativa latinoamericana, consensuada entre los países de la región a la hora de fijar estándares a ser evaluados, siempre teniendo en cuenta los aspectos comunes de sus currículas educativas locales, sus semejanzas culturales regionales y sus diversidades culturales relativas.

Para ser clara: sobre Serce y Terce no pesan las críticas que pesan sobre PISA, una prueba suprarregional, con estándares educativos globales, orientados al mercado de trabajo, fijados por una organización económica de países hiper industrializados. Por eso el carácter regional latinoamericano es fundamental para interpretar los resultados de Terce. Y ésa es precisamente la dimensión que la interpretación oficial, desde el Ministerio de Educación está dejando de lado. Evitando, en definitiva.

El ranking resultante muestra que la educación argentina sigue estando lejísimos de ubicarse entre las mejores no ya del mundo sino de su región

No es casual esa maniobra interpretativa: en la comparación regional, inclusive con países muy parecidos al nuestro, los chicos argentinos de primaria, pierden. Una vez más. Lo mismo que pasa en PISA con los chicos argentinos de 15 años.

Por un lado, está el ranking que resulta de Terce, aunque no se divulguen de esa manera los resultados y se opte por el ordenamiento alfabético, que minimiza la comparación. El ranking resultante muestra que la educación argentina sigue estando lejísimos de ubicarse entre las mejores no ya del mundo sino de su región.

Los datos son éstos. Entre los 15 países evaluados, la Argentina llega al puesto sexto en matemática de tercer grado y al quinto, en el mismo área en sexto grado. Chile encabeza ambos rankings, con más de 582 puntos en matemática de tercer grado y más de 580 en sexto grado. Lo quiero subrayar: unos 50 puntos mejor que la Argentina en un área tan clave como matemática, en ambos niveles de primaria. Mejor que la Argentina en matemática de tercer grado también están, por ejemplo, Costa Rica con 557,52 puntos, Uruguay con 550; México con 549 y Brasil con más de 539 puntos.

Lo mismo sucede con el ranking en lectura de tercer grado de primaria: la Argentina apenas alcanza el puesto 8. Chile encabeza el ranking, con 572 puntos, unos 60 puntos mejor que la Argentina. En el segundo puesto le sigue, Costa Rica con casi 543 puntos. Y luego Uruguay, con unos 525 puntos, Perú con 521, México con 519,39, Brasil con 519,33 y, por encima de la Argentina, finalmente, Colombia, con 519 puntos.

En lectura de sexto grado, la Argentina se coloca en el puesto siete. Chile sigue liderando el ranking, con 557 puntos. Y otra vez Costa Rica, Uruguay, México, Colombia y Brasil se ponen por encima de la Argentina, con muchos puntos de diferencia. Brasil, en el sexto puesto, le saca a la Argentina más de 15 puntos en la calidad de los aprendizajes en lengua.

¿Es posible que un mismo número, idénticas cifras y los mismos resultados estadísticos puedan conducir a dos lecturas diametralmente opuestas de la realidad educativa, una festiva y optimista y otra preocupada hasta la indignación? Sí, es posible. Todo depende del plano que se elija para sacar conclusiones sobre la realidad educativa local. Plano corto, cortísimo. Estrecho, diría: el que intenta justificar una gestión de gobierno antes que ver de frente una realidad, para poder pensarla en serio y empezar a mejorarla.

Se trata de tomar distancia y optar por el gran angular, que ofrece otra vista: una panorámica de la educación argentina que obliga a considerar el cuadro entero, inclusive el que se escapa por el rabillo del ojo

Se trata de tomar distancia y optar por el gran angular, que ofrece otra vista: una panorámica de la educación argentina que obliga a considerar el cuadro entero, inclusive el que se escapa por el rabillo del ojo. En ese cuadro, entra la región. América latina.

Y en el cuadro completo, la Argentina está en problemas. Lo acabamos de ver. Pero todavía es más graves el panorama. Por un lado, la mejora argentina de casi 30 puntos en matemática de tercer grado es menor si se la compara con la mejora de Chile en ese área, por ejemplo, que mejoró en más de 52 puntos aun cuando en 2006 estaba muy bien posicionada, en el tercer puesto del ranking regional, por la calidad de sus aprendizajes en matemática de tercer grado.

En siete años, siempre en matemática de tercer grado, Perú mejoró en casi 59 puntos, Brasil en 34 puntos, República Dominicana en 52 puntos. Pero las malas noticias no se terminan ahí. La supuesta mejora de 30 puntos, o 27 para ser precisos, en matemática de tercer grado en los últimos siete años es una falacia: de hecho, la Argentina, cayó –sí, cayó- en el ranking de Terce comparado con el ranking de Serce, en 2006, cuando alcanzó el quinto puesto. Ahora Brasil le sacó el lugar y la Argentina está en el puesto 6. En matemática de sexto grado, mantuvo el puesto quinto a pesar de haber mejorado en 17 puntos. Y en ciencia, sigue estancada en el puesto 3, aunque mejoró su puntaje en 12 puntos.

¿Por qué se dan estas paradojas de mejoras de puntajes pero estancamiento o caídas en el ranking? Porque muchos países de la región mejoraron mucho, pero mucho más que la Argentina, y así pudieron conservar sus posiciones de liderazgo educativo.

La conclusión es alarmante: para que los chicos de primaria argentinos puedan alcanzar al resto de buena parte de América latina 30 puntos de mejora ya no alcanzan. Por otro lado, también hay signos preocupantes en el aspecto más reivindicado por la política educativa de los años kirchnerista: la inclusión educativa. Entre 2006 y 2011, según Terce, creció en 2 puntos porcentuales la cantidad de chicos que abandonan la primaria. En 2006, el abandono era del 5,1 por ciento. En 2013, del 6,9 por ciento.

Para subrayar que ese fenómeno no es parte natural de la vida actual de los sistemas educativos de la región, vale un ejemplo. En 2006, la tasa de abandono de la primaria en Chile era del 8 por ciento. En 2011, fue del 1,3 por ciento.

Además, la tasa neta de matrícula de la Argentina del 99,1 por ciento, un dato subrayado por el ministro Sileoni que interpretó que pone a la Argentina liderando este nivel de inclusión educativa, no es un dato actualizado: corresponde a 2006 según lo aclara el informe Terce. Con el crecimiento del abandono de primaria registrado en 2011, es difícil creer que se pueda haber mantenido.

No hay dudas: el optimismo surgido de la lectura simplificada de puntajes en aumento no se sostiene. Cuando los resultados estadísticos de estudios hechos en serio se convierten en partes de guerra de bandos en contienda pierden su efectividad. La idea es que esa suerte de auditorías externas educativas a las que la Argentina se somete por propia voluntad funcionen como fotos con las que los gobiernos y los funcionarios públicos confronten los planes que llevaron adelante y el resultado final que tuvieron. PISA o Tercer son en definitiva evaluaciones de las políticas educativas. Y en consecuencia, también de los aprendizajes de los chicos argentinos.

Lo que queda claro es que el trabajo de los responsables de la gestión educativa en la Argentina, tanto en el plano nacional como en los planos provinciales, está perjudicando la competitividad futura de los alumnos argentinos. Los chicos de primaria de entre 7 y 8 países latinoamericanos avanzan mejor preparados que los chicos argentinos desde el arranque, en primaria, por el trayecto educativo donde los cimientos iniciales son imprescindibles para alcanzar logros futuros, cuando la educación de las diversas generaciones finalmente derrama en desarrollo y crecimiento económico.

No importa si PISA o Terce: todo indica que la gestión educativa argentina de los últimos diez años ha recibido otra vez un aplazo. Los chicos argentinos siguen perdiendo la carrera educativa también en América latina. Por más esfuerzos que se hagan para tapar el cielo con las manos.

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