Martín Insaurralde, la banalización de la política

Nicolás José Isola
Nicolás José Isola PARA LA NACION
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14 de noviembre de 2014  

Hace tiempo ya el sociólogo francés Pierre Bourdieu habló de los capitales que se ponen en juego en las diversas disputas sociales. Diversos actores políticos han procurado el reconocimiento público -muy costoso en términos publicitarios- por medio de su acercamiento a capitales simbólicos propios de celebridades que les permitieran sumar puntos en las encuestas.

Con Sarkosy y Berlusconi, Europa ha sido una maestra en este sentido. En nuestro país, Carlos Menem fue una referencia ineludible. Sin embargo, más allá de la frivolidad o no del Ejecutivo -por cierto relevante- hoy asistimos a una banalización más pequeña que, sin embargo, horada la dinámica cotidiana de la discusión sobre los problemas importantes que tiene la sociedad.

Martín Insaurralde, en este punto, es un caso de estudio. Elegido a dedo para las elecciones legislativas de 2013, era un desconocido cuando comenzó a mostrarse con Florencia Peña en los programas de Marcelo Tinelli.

"La política no es para hacer marketing", supo decir alguna vez Insaurralde en una entrevista gráfica. Y como no era marketing paseó también por los estudios del programa más visto de la televisión argentina con el único afán de acompañar a su nueva enamorada, Jesica Cirio. Como quien va a comprar al súper 200 gramos de queso de máquina y 200 de jamón cocido, un domingo al mediodía, él se paraba allí sonriente delante de millones de argentinos, sin intención alguna más que la compañía de aquella rubia. Se le daba en bandeja un espacio descontracturado para ser visto como un hombre común y feliz. Aún cuando tuviera que soportar que su novia fuera besada por otros hombres. "La política no es para hacer marketing", seguía rezando el oráculo de Delfos de Lomas de Zamora.

Ahora, el diputado y su novia se casaron y le mostraron al mundo mediático lo intacto que está ese recurso de mixturar la política con la farándula. El abogado Fernando Burlando expresó ya el summum de la conquista: "Jésica Cirio va a ser la reencarnación de Evita". Es posible imaginar la Plaza llena y a más de uno diciendo que quiere ser descamisado por su nueva abanderada.

Lo interesante de este asunto es que Insaurralde, el candidato inventado por la varita mágica, es hoy un personaje con un reconocimiento público notable. Lo único que resta es saber para quién juega ese capital alcanzado (¡oh, majestuosos dislates de la política!). Pero tranquilos. Logró lo más difícil. Ahora es conocido, puede decidir él qué formas, modos y estructuras de la política lo representan. No sabemos si el año próximo jugará al fútbol con Massa o en Villa la Ñata (¿o, acaso, con ambos?).

Como un saltimbanqui, a Insaurralde el vértigo del aire debajo de sus pies no lo perturba, sencillamente porque ya logró lo más difícil de lograr: ser noticia en todos los portales durante más de 48 horas por una boda mediática, sonriendo al lado de una mujer hermosa. Cientos de políticos hace décadas que esperan maquillados esos flashes, desesperados aguardan esas migajas que nunca caen de la mesa.

"MI", como lo vendían los afiches de campaña, lo logró. Aunque aún no sepamos quién cuernos es el sujeto político que lo declara "suyo".

El autor es filósofo y doctor en Ciencias Sociales

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