Martín Lousteau, el "opo-oficialista"

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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6 de agosto de 2017  

Parecía que el dirigente más ansioso de la política argentina era Sergio Massa, pero Martín Lousteau no se queda atrás. La manera abrupta de descolgarse del gobierno de Cambiemos al abandonar la embajada argentina en Washington semanas antes de la visita del presidente Mauricio Macri a Donald Trump para disputar estas elecciones sonó a portazo.

Al cortarse solo -en cualquier equipo ser orgánico y consensuar es esencial y no está bien visto el individualismo- se cerró una puerta clave: hacer buena letra hasta 2019 y convertirse entonces en el aliado interno casi inevitable para aspirar, sólo entonces, a ser un recambio lógico como jefe de gobierno porteño, tras doce años de gestiones de Pro.

Envalentonado con haber perdido por estrecho margen en la segunda vuelta de 2015 contra Horacio Rodríguez Larreta, se decidió nuevamente a "hacer la suya" sin calcular que esta vez no contará, como hace dos años, con la avalancha de votos kirchneristas que lo apoyaron en esa instancia con tal de que Pro perdiera su principal bastión y la entonces candidatura presidencial de Macri quedara herida de muerte.

Ahora, en cambio, Lousteau ocupa un lugar híbrido y peculiar: lo que queda de la prensa kirchnerista lo define como "opo-oficialista" -porque es un férreo opositor a Rodríguez Larreta, pero casi no critica a Macri ni a Vidal-, los votantes ultramacristas no pueden ni verlo y los incondicionales seguidores de su antigua aliada Elisa Carrió no están dispuestos a abandonarla en la que todo indica será una elección plebiscitaria a su favor.

La peor noticia para Lousteau el domingo próximo no sería no ganar las elecciones capitalinas, algo del todo imposible, sino que se cumplan los vaticinios de algunos sondeos y quede en tercer lugar, detrás de Daniel Filmus, persistente candidato K en la principal ciudad argentina y, como tal, experimentado perdedor en todos y cada uno de los comicios porteños.

Que no exista la alianza Cambiemos en el distrito desde el que Macri arrancó su camino triunfal hacia la Casa Rosada, y que en su seno Lousteau no haya podido ir a las PASO contra Carrió, es algo difícil de comprender. Se parece, con los matices de cada uno, a la intransigencia de Cristina Kirchner a competir con Florencio Randazzo bajo un mismo paraguas partidario. Para Filmus, se trata, en ambos casos, de "una estrategia acordada para dividir la oposición".

Es que hasta en la aparición de "disidentes" como Lousteau, Cambiemos demuestra que ha llegado para quedarse y que, como en el peronismo, en la medida en que va creciendo, el choque de egos puede producir más fenómenos Lousteau. También le ocurrió al radicalismo con Elisa Carrió y Margarita Stolbizer, que también se fueron para armar sus respectivos espacios.

El plus de Lousteau es que siempre ha estado bien atravesado por lo mediático: sus sonados romances al paso con conocidas figuras del espectáculo dieron mucho que hablar en su momento a la prensa del corazón como hoy su estable matrimonio con la actriz Carla Peterson le permite acceder al living de Susana Giménez. Su look canchero ofusca a Guillermo Moreno, que dijo que viste y tiene el pelo "como un chiquito". De tenerlo cerca, volvería a hacerle el mismo gesto de cortarle el pescuezo que usó en 2008 cuando ambos jugaban para Cristina Kirchner y Lousteau creó la resolución 125, que desató el conflicto con el campo y que terminó sirviéndole a la ahora muy suave y parca candidata de Unidad Ciudadana para radicalizar su poder. Será por eso que el ultrakirchnerista Juan Cabandié acaba de afirmar que "Lousteau tiene tantas caras que resulta difícil elegir en cuál creer".

Una movida interesante de esta campaña de Evolución es que golpeó la puerta de Débora Pérez Volpin justo en un momento crucial de su vida: la muerte de su padre y la inminencia de llegar a un cuarto de siglo de destacada labor en las pantallas del Grupo Clarín (o sea la mitad de su vida, ya que en diciembre cumplirá 50). La inteligente, sensible y atractiva periodista resolvió dar el gran salto de dejar todo y abrazar la política.

En los momentos de mayor hostilidad del Gobierno hacia la empresa donde trabajaba, cierta vez alguien la cruzó en la calle de mala manera por ser parte de ese holding periodístico. Resultó que esa persona, a la vuelta de los años, fue profesor de Historia de su hijo Agustín en el Colegio Nacional de Buenos Aires (en el que ella también se formó). Y terminó mandándole disculpas. Odios inútiles de un gobierno que hasta trastocó la cabeza de personas supuestamente pensantes.

Ahora se da otra paradoja: teniendo un pasar y una repercusión asegurada en la TV, Débora retoma la política (ya que en su juventud militó en Franja Morada) y, si es elegida diputada porteña, pondrá el foco en temas de educación, vivienda y salud.

De los muchísimos periodistas militantes que se mostraban fanatizados y obsecuentes en los medios especialmente creados por el kirchnerismo y en las redes sociales, en cambio, sólo emergió como candidata Gisela Marziotta (ex Duro de domar), en la lista de Daniel Filmus. Y del lado de Cambiemos aspira a ser senador provincial Franco Bagnatto. Gente que busca gente, ahora de otra manera.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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