Más confusión a la confusión generalizada

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
¿Hay un doble juego o es que la Argentina se obstina en no acatar lo que el juez dispone?
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27 de junio de 2014  • 14:46

La decisión del juez Thomas Griesa pone en duda las teorías tan conspirativas como optimistas de que hay un acuerdo secreto para que el gobierno argentino pague a los holdouts simulando que sólo lo hace obligado.

El jueves, la decisión unilateral de pagar sólo a los que entraron en el canje y el discurso belicoso y con acusaciones gravísimas contra Griesa parecía destinado a causar una catástrofe en las cotizaciones locales e internacionales de los activos argentinos. Pero no ocurrió.

Sólo los holdouts, que el Gobierno llama buitres, se sumaron al tono belicoso y llamaron "descarada" a la actitud argentina pidiendo el embargo de los fondos. ¿Qué otra cosa podían hacer?

La teoría del acuerdo secreto se respaldó también en que el ministro de Economía, Axel Kicillof, anunció un pago de US$830 millones, de los cuales sólo explicó el destino de US$530 millones. De los otros US$300 millones no quiso decir nada.

Las especulaciones fueron entonces que esa suma es la garantía de que la Argentina cumplirá con el supuesto "acuerdo secreto". Que Griesa embargaría, los holdouts cobrarían y Kicillof iría girando los recursos hasta que todo el mundo recibiera lo suyo.

Para que eso se viera certificado, era necesario que hoy Griesa embargara los giros. En lugar de eso dijo al Bank of New York que devuelva las sumas a la Argentina. ¿Hay default? No, porque el país, según los contratos del canje -dicen los especialistas- tiene plazo para pagar hasta el 30 de julio. Algo así como el segundo vencimiento de las facturas de los servicios públicos.

Para la autovictimización del Gobierno daría igual que el default fuera porque Griesa embargó el dinero o porque impidió que se entregue el dinero a los bonistas que aceptaron el canje

En lugar de eso, en el peor escenario, la Argentina podría haber visto un embargo, dejar que ocurra el default y culpar a Griesa de una catástrofe internacional. El propio magistrado había convocado a negociaciones, antes del fallo adverso de la Suprema Corte porque, argumentó, no quería enviar a ningún país a la cesación de pagos.

Parece haber confirmado eso. Volvió a llamar a negociar y a dejar de tomar decisiones unilaterales. Entonces ¿Hay un doble juego o es que la Argentina se obstina en no acatar lo que el juez dispone? Porque también dijo que negociaría, pero luego actuó unilateralmente.

En todo caso, la incertidumbre en estas cuestiones es gravísima. Porque el propio Kicillof advirtió del peligro de volver a una catástrofe como la de 2001, nada menos. La peor, por sus consecuencias económicas, políticas, sociales, de la historia del país.

Para la autovictimización del Gobierno daría igual que el default fuera porque Griesa embargó el dinero o porque impidió que se entregue el dinero a los bonistas que aceptaron el canje. Finalmente eso es lo que ha dicho en repetidas oportunidades por boca de sus más altos funcionarios. Que la Argentina "quiere pagar y no la dejan", que el juez trabaja para los holdouts, que la Casa Blanca no es capaz de ponerlo en vereda, que se vulneran tratado internacionales y que si no atienden sus pedidos, recurrirá al tribunal internacional de La Haya.

Si de jugar a las ideas conspirativas se tratara también se podría especular con que de todas formas el país está en una situación catastrófica por sus desbalances cambiarios, fiscales, falta de financiamiento. Que el default era inevitable y que Griesa le viene al Gobierno como anillo al dedo para culpar al "imperio" de querer castigar un modelo exitoso de "crecimiento con inclusión" que desafía a los financistas internacionales. Hasta ahora, nadie ha sostenido semejante y temible hipótesis. Los ultraoficialistas sostienen sólo la segunda parte, que previsiblemente, exime absolutamente de toda culpa a Cristina Kirchner y sus funcionarios.

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