Más dudas con el presupuesto

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
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15 de diciembre de 2001  

Importantes empresarios y economistas estaban convencidos de que Cavallo intentaba resolver la pulseada con el Congreso por el presupuesto 2002 con una amenaza: menores gastos burocráticos y costo de la política o mayores recortes en las remuneraciones de los empleados del sector público nacional.

El ministro confirmó anoche esas sospechas. El Congreso debe decidir entre encarar y sostener una verdadera reforma del Estado y reducir el gasto en política o profundizar la baja de las remuneraciones de los estatales, ya sea eliminando en 2002 el pago del aguinaldo o aumentando la actual rebaja salarial.

El problema para empresarios y economistas aparece cuando desconfían de la posibilidad de que cualquiera de estas dos alternativas logre sanción legislativa. Incluso entre los que suelen ser más optimistas crece el temor al peor de los escenarios: falta de respaldo del Fondo Monetario por la imposibilidad de sancionar un presupuesto razonable, con la consecuente imposibilidad de hacer el canje de deuda en el tramo internacional y el inevitable default en los próximos meses.

Hay algunos que creen aún que en el borde del abismo los políticos terminan por hacer cosas razonables, "aunque sea de manera insuficiente", como suele decir el ex secretario de Hacienda Daniel Artana. Pero cada vez se sostienen esas opiniones con menos entusiasmo.

"La estrategia de Cavallo puede ser culpar al Congreso de un eventual fracaso, pero éste a su vez puede achacarle que tampoco el Ejecutivo ha hecho la reforma del Estado. ¿O también el Congreso es culpable de que (el ministro de Desarrollo Social, Daniel) Sartor cobre un sueldo superior al que las normas le permiten?", dicen, escépticos.

El clientelismo invencible

Del mismo modo, detallan que "ni en el PAMI ni en la Anses se hizo en dos años nada serio para poner orden". Y toman como señal de alarma que precisamente en la Anses se hayan dado por tierra de un solo plumazo las reformas que hizo la ex ministra de Trabajo Patricia Bullrich para que el organismo que maneja casi la mitad del presupuesto nacional esté en manos de especialistas designados por concurso.

Muchos empresarios y economistas dicen que esas dos áreas cruciales "demostraron ser bolsones intocables de la política, con catastróficas fallas de administración, descubiertas por los propios organismos estatales de auditoría, y nada cambió". Creen que con este panorama será imposible que Cavallo empuje la austeridad necesaria para hacer un presupuesto que pueda recibir la bendición del FMI y alejar al país de la cesación de pagos.

El ex secretario de Modernización del Estado Marcos Makón, que renunció semanas atrás, reconoció al dejar el cargo que en muchos organismos descentralizados que están en la órbita del Ejecutivo no se cumplió con la orden presidencial de reducir los directorios para bajar los gastos. En esos casos, al igual que con Sartor, el presidente Fernando de la Rúa no ha hecho rodar las cabezas de quienes desconocen olímpicamente -y hasta justifican en público- el incumplimiento de las medidas que el titular del Ejecutivo anuncia.

Para varios de los observadores, la entrada de Miguel Kiguel en el equipo de Cavallo es muy positiva. Esperan que el acuerdo con el menemismo que la respalda permita ir por el rumbo correcto. Y hasta ven a Kiguel como un "ministeriable muy sólido y solvente" para reemplazarlo a Cavallo.

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