Más educación para una ciudad integrada

Por Aníbal Ibarra Para LA NACION
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29 de abril de 2004  

En nuestro país, a lo largo de toda la década de los 90 fue mucho lo que se dijo acerca del deterioro y hasta del riesgo de destrucción de la educación pública. Fue mucho lo que se advirtió también acerca del inevitable impacto que ese deterioro proyectaría en el futuro de millones de chicos y de jóvenes. Durante demasiados años, sin embargo, fue más lo que se declamó que lo que se hizo. Estoy realmente convencido de que la Ciudad de Buenos Aires fue una excepción ante ese desagradable contraste entre el nivel de los diagnósticos y la ausencia de políticas públicas reales.

La educación fue nuestra prioridad desde el inicio de la primera gestión; de hecho, emergimos de la crisis con el sistema educativo intacto. Construimos casi desde la nada, urgidos por el estallido social, una extensa red de contención: implementamos 30 mil becas escolares, distribuimos 20 mil juegos de útiles y 13 mil libros de estudio. Al final del período no sólo no perdimos alumnos: logramos atraer al sistema 3500 nuevos estudiantes. Anunciamos el año último que la consigna de esta segunda etapa de nuestro gobierno en cuanto a política educativa sería Deserción cero. Calidad educativa diez . Ese anuncio fue parte de una construcción en etapas. En el año 2002, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con nuestro impulso, había aprobado la ley de Obligatoriedad de la Enseñanza Secundaria. La norma se inspiraba en una realidad que afecta a la población joven de nuestra ciudad: los índices de deserción escolar en el nivel medio han mostrado históricamente una tendencia de crecimiento.

La obligatoriedad sancionada por ley no podía ni oxidarse en escritorios ni diluirse en retóricas. Tomando en cuenta el contexto crítico de los últimos años, teníamos el diagnóstico de lo que podía suceder a futuro: que los índices de abandono aumentaran. Pasar a la acción significó dar prioridad a la escuela media con el objeto de lograr la mejora de los niveles de retención del sistema. Trabajar en el objetivo Deserción cero implicó que el gobierno pusiera en funcionamiento una batería de políticas que traerán -que ya están trayendo- un aumento de la inclusión escolar, lo que a su vez derivará en integración social, en equidad, en sentido de pertenencia y de proyecto para cada chico que podamos reinsertar en las aulas.

Hoy estamos en el despliegue de un abanico de acciones para promover la vuelta a la escuela de todos aquellos que cursaron estudios secundarios y debieron abandonarlos. En la ciudad de Buenos Aires existen cerca de 16.000 adolescentes y jóvenes que no están escolarizados. La enorme mayoría de ellos vive realidades que les dificulta la reinserción educativa. Entre los factores que entorpecen esa reinserción están las propias escuelas secundarias, que ofrecen planes de estudio de escasa flexibilidad y numerosas materias en simultáneo de cursada obligatoria.

Lo que hicimos entonces fue crear nuevas escuelas secundarias diseñadas para atraer y albergar a esta población específica. Son escuelas ubicadas en zonas de la ciudad con déficit de cobertura de los servicios de educación media. Lo que ofrecen -y lo que las hace diferentes e innovadoras- es un plan de estudios que reduce la cantidad de materias de cursado simultáneo y que, además, reconoce los estudios realizados en otros establecimientos de nivel medio mediante un régimen especial de equivalencias. En estas nuevas escuelas se prevé, además, el dictado de actividades de carácter opcional para los alumnos, destinadas a la práctica de Artes, Actividad Física y Formación Profesional. El régimen académico que enmarca y sostiene estas políticas es más adecuado a los requerimientos de los jóvenes que ya han tenido alguna experiencia en la escolaridad secundaria: se cursa y se promueve por materia, se puede cursar al mismo tiempo materias de años distintos del plan, y se organiza un sistema de apoyo escolar.

A la hora de buscar y atraer a los jóvenes que dejaron la escuela, este conjunto de medidas necesitaba de un soporte social y de información en red. Es precisamente la red que pusimos en marcha y que funciona en todos los centros de Gestión y Participación de la Ciudad para orientar y asesorar a los adolescentes, jóvenes y adultos que deseen volver a la escuela.

La ciudad de Buenos Aires cuenta con los niveles de instrucción más avanzados del país, con altas cifras de acceso a todos los niveles y excelentes resultados en la evaluación de calidad. Sin embargo, debimos dedicar un esfuerzo muy especial en atender a la franja más vulnerable de la población, aquella que se ve impedida de terminar sus estudios. En los años anteriores pudimos retener y contener y además pudimos atraer a miles de nuevos estudiantes al sistema público.

Siempre hablamos de la educación como una de las más poderosas herramientas en la construcción de una ciudad más justa. Siempre sostuvimos que garantizar el derecho educativo de todos los habitantes mediante la inclusión educativa plena y el mejoramiento de la calidad es un paso fundamental hacia la construcción de una ciudad más integrada. La ciudad que queremos todos.

Estamos ahora en una etapa que tiene algo de culminación de políticas acumuladas y mucho de ambicioso. Es una etapa nueva que nos está llevando hacia las fronteras más extremas de la exclusión social y cultural. Quiero decir: aquellos terribles presagios de comienzos de la década de los 90, a los que aludí al comienzo de este artículo, se hicieron realidad. Estamos yendo a buscar en toda la ciudad chicos que no sólo se fueron de la escuela. Son chicos que se cayeron de la escuela, de la sociedad, del mundo y acaso de sí mismos. Muchos de ellos seguramente no tienen otro marco de referencia que un puro presente; duro, apretado y difícil. Están imposibilitados de tener proyectos de vida, porque se les ha negado la posibilidad misma de entrever un futuro posible. Nos vamos a encontrar con un desafío fuerte y deberemos resolverlo sobre la marcha: el abrirles ventanas que echen una nueva luz, que les den sentido a sus vidas. Les estamos diciendo que queremos hacerles un lugar que sientan propio entre sus amigos, en su familia, en las escuelas, en la ciudad que todos habitamos y en la que queremos convivir de la mejor manera posible.

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