Matriarcado absoluto: el restyling kirchnerista

Pablo Mendelevich
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12 de abril de 2015  

Pasar de la república matrimonial al matriarcado absoluto tal vez sólo sería un restyling, un pequeño corrimiento. Nadie habla de rebautizar como palacio al chalet de la quinta de Olivos ni llamar monarquía hereditaria a esta democracia treintañera tan enemistada con la alternancia. Simplemente se habla de hacerlo.

Que el kirchnerismo, erigido en guardián democrático de pocas pulgas, engome y pegue afiches que dicen "Máximo al gobierno, Cristina al poder" ya no sorprende a nadie. Así son los corrimientos: naturalizan lo anormal, desvirtúan en cuotas, alteran de manera inadvertida.

No hay que esperar, desde luego, que el kirchnerismo se ruborice por su propio déficit republicano en sangre. Lo asombroso es que el resto acepte casi como legítimo un planteo que en muchas otras democracias habría sido calificado de injuria al sistema? o tomado por broma. ¿Cómo se explica la condescendencia de la política argentina con un enunciado que propone, sin señales de humor, una sucesión monárquica, encima a favor de un hijo con capacidades políticas incompletas, que por eso, se supone, necesita ser tutelado por su mamá?

Podría haber dos explicaciones. La primera viene de los analistas políticos que entienden que sólo se trata de una inofensiva fraseología épica -recuérdese la liminar "vamos por todo"-, apenas destinada a reforzar la mística de "los pibes para la liberación". Las frases provocadoras serían para los kirchneristas lo mismo que las latas de espinaca para Popeye; no habría que asignarles otro sentido que el revitalizador proteico.

La segunda explicación se refiere a la reconversión de la historia que nos legó el kirchnerismo, según la cual Colón fue un genocida; Moreno, el primer desaparecido; Dorrego, el padre de la Patria; San Martín, un par de Néstor Kirchner; Isabel nunca existió, y los Montoneros, jóvenes idealistas que peleaban "por la democracia".

En el Lerú kirchnerista Héctor Cámpora queda congelado a fines de 1972. Es cuando la gloriosa JP lanza el eslogan "Cámpora al gobierno, Perón al poder", destinado a mojarle la oreja al gobierno militar, que virtualmente había proscripto la candidatura de Perón. Obsérvese el detalle: en su versión original la idea de que el líder ejercerá el poder desde afuera de la Casa Rosada desafiaba la proscripción de una dictadura, motivo bien distinto del que hoy le impide a Cristina Kirchner ser candidata. Pero además en los hechos la consigna fue un fiasco. La obsecuencia vitalicia del "Tío" se quedó sin pilas cuando el general dejó solo a Cámpora y este antiguo conservador, despechado también por la ortodoxia del Movimiento, se recostó en los Montoneros, que lo hicieron suyo. A las siete semanas, Perón se hartó y desplazó a Cámpora mediante un golpe palaciego.

Ofrecer un formato bicéfalo que a todas luces fue un desastre es algo que sólo se le puede ocurrir al devoto de estampas nostálgicas. ¿Frases de ocasión? Es cierto, imposible dar crédito a la idea de Máximo sentado en el sillón de Rivadavia y su madre ejercitando la arquitectura egipcia con refacciones en la casa de Gaspar Campos. Pero quien puede lo más puede lo menos. Ya había anunciado otra evanescente idea Jorge Coscia cuando era secretario de Cultura: "El proyecto está por encima de la Constitución".

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