Mayo, el mes de las Fuerzas Armadas

Por Enrique A. Antonini Para LA NACION
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17 de mayo de 2003  

El mes de mayo tiene una significación especial para los argentinos en general y para los integrantes de las Fuerzas Armadas en particular.

El recuerdo colectivo lleva, en primer lugar, a la evocación de la Revolución de Mayo de 1810, que nos dio la libertad y cambió significativamente las estructuras del gobierno establecidas durante el largo período del virreinato. Los nuevos aires agilizaron esas estructuras y favorecieron el manejo económico del potencial nacional lo que, poco tiempo después, solucionados nuestros problemas internos, nos convertiría en un Estado importante en el concierto mundial y digno del mayor de los respetos.

El afianzamiento de la libertad recién conquistada fue el producto de la acción mancomunada de los gobiernos que manejaron las nuevas estructuras políticas y las fuerzas militares, que por tierra y por mar, terminaron por anular el poderío de los realistas sobre el área.

También en un mes como éste tuvieron lugar otros episodios protagonizados por los hombres de armas. Es el caso de un hecho bélico muy cercano en el tiempo: el 1° de mayo de 1982 es conmemorado como el día del bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina en la guerra del Atlántico Sur.

En tales acciones, nuestros pilotos de la Aeronáutica dieron acabada muestra de su profesionalidad, valentía y coraje.

Por su parte, el Ejército Argentino celebra su aniversario el 29 de mayo, con ocasión de evocar la creación de las primeras unidades militares, dispuesta por la Primera Junta de Gobierno, allá por 1810.

Finalmente, y rememorando el aniversario de la Batalla de Montevideo, librada el 17 de mayo de 1814, la Armada nacional celebra hoy orgullosamente su día.

A comienzos del nuevo siglo, como siempre, la Marina sigue llevando adelante una misión cargada de sentido, especialmente en un país bendecido con la fortuna de su amplísimo litoral marítimo.

Más de una década de presupuestos insuficientes y en continua reducción ha tenido, contradictoriamente, una consecuencia positiva: la de servir como materia de aprendizaje en la escasez. De este modo, fue imprescindible encarar la adecuación de las estructuras, la reorganización interna y la reasignación de los recursos, concentrados en lo estrictamente operativo. Fue preciso suprimir áreas complementarias y redefinir diversas funciones.

En el crisol de la tarea en el mar, la Armada funde y acuña en sus hombres los dones necesarios para que su difícil misión sea posible. En todo hay un espíritu que doblega adversidades, que retempla el ánimo y que se traduce, en definitiva, en la sencilla satisfacción de servir.

No es casual, entonces, que vehículos anfibios de la Armada apoyen y asistan -como también lo han hecho coordinadamente, en distintas tareas, integrantes del Ejército y de la Fuerza Aérea- a los ciudadanos en dificultades muy serias a raíz de las recientes inundaciones en la provincia de Santa Fe. Tampoco es casualidad que nuestro seleccionado nacional de rugby, los célebres Pumas, hayan buscado en los campos de entrenamiento de la Infantería de Marina el mejor escenario para realizar su preparación física, con vista a sus próximos compromisos internacionales.

El Irízar, al rescate

Tampoco puede dejar de mencionarse lo realizado por el rompehielos Almirante Irízar y su tripulación cuando se consagró al rescate de la tripulación del barco alemán Magdalena Oldendorff, que se hallaba atascado en una zona muy comprometida, en el sur del mar de Weddell. El Almirante Irízar es el continuador de una histórica y solidaria tarea antártica, que es tradición de la fuerza naval y cuyos comienzos se remontan al rescate de la expedición sueca del doctor Otto Nordensjšld, en 1903.

En los últimos tiempos, y muy especialmente en estos últimos años, en los que se desarrolló lo que de modo coincidente se ha descripto como la crisis más profunda de nuestra historia, y en la cual las instituciones fundamentales de la Nación fueron puestas en tela de juicio, las Fuerzas Armadas obtuvieron un reconocimiento de la sociedad que se tradujo, según los encuestadores, en un 40 por ciento de imagen positiva.

Ello se debe, en primer lugar, a que no formaron parte de la disociación a la que quedaron expuestos los argentinos, dando siempre mensajes de total respaldo constitucional y, en segundo término, a que supieron sobrellevar la difícil situación institucional haciendo pie en experiencias anteriores, con un destacado espíritu de compromiso y servicio.

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