Mendoza busca su propia reforma

El gobernador explica el proyecto de ley que se discute en su provincia
El gobernador explica el proyecto de ley que se discute en su provincia
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30 de junio de 2002  

En medio de lo que aparece como una de las peores crisis de la historia de nuestro país, el pueblo mendocino se atreve a iniciar el debate de un aspecto fundamental para la democracia, tal es el sistema electoral y de representatividad política de la provincia.

Convencidos de que los momentos difíciles son propicios para enfrentar los desafíos es que hemos puesto un proyecto de ley a consideración de una ciudadanía ávida de tener respuestas y de intervenir más activamente en la problemática nacional y provincial.

La reforma del sistema electivo busca adecuarse a los nuevos tiempos y propone como una de sus bases fundamentales incorporar los sectores independientes a la actividad política. Muchos de ellos quizás alejados por desencanto, pero no ajenos a que el compromiso efectivo con los destinos de la comunidad requiere de la participación de gente inteligente, honesta y con capacidad de acción.

Entendemos que éste es un camino para renovar los estilos y procedimientos de hacer política, que además de abrir las puertas a los que están fuera de las estructuras partidarias devolverá a la denominada clase dirigente la ejemplaridad en la acción de gobierno, algo que nunca debió haber perdido. Contribuirá a restablecer el lazo genuino entre representantes y representados en uno de los momentos de más duro cuestionamiento.

Entre los puntos más importantes de este proyecto impulsamos terminar con la exclusividad de los partidos políticos como vehículos de postulación de candidatos. Se permitirá la libre presentación de ciudadanos o agrupaciones de ciudadanos independientes como candidatos a cargos electivos en el orden provincial. También se eliminarán las listas sábana con lo cual el votante podrá elegir los candidatos independientemente de la lista en la cual figuren mediante una boleta troquelada.

Un modo de dar más autonomía en la capacidad de decisión de los electores y evitar los efectos de "arrastre" en los comicios se concretará con el desdoblamiento de las elecciones municipales, provinciales y nacionales. De esta manera, en el momento del sufragio sólo se privilegiarán las capacidades y condiciones individuales de los postulantes a cada cargo sin ningún tipo de influencias externas y muchas veces pasajeras.

No está ajeno a nuestra propuesta prestar atención al gasto político, el cual se verá optimizado con la reducción de las secciones electorales en que se divide la provincia, y también en la disminución de la cantidad de legisladores, que al mismo tiempo producirá una mejora en la representación. Con respecto a la legitimidad representativa proponemos un sinceramiento en las estructuras partidarias produciendo la caducidad de las afiliaciones para que así las agrupaciones ya reconocidas renueven y actualicen el caudal de sus militantes y adherentes.

La reforma quiere dar respuesta a las demandas que surgen, cada vez con más fuerza, desde la sociedad. Debemos aprovechar esta oportunidad para mejorar la calidad de nuestra democracia enfrentando esta verdadera "crisis de representatividad", buscando la recuperación de la política a través de nuevos modelos de participación.

La dirigencia en crisis

El peligro para la democracia no está hoy en la amenaza de los extremismos que azotaron a nuestro país en los años setenta. Por el contrario el enemigo del sistema está dentro y no fuera de él y éste es, sin dudarlo, la caída de la capacidad y genuinidad representativa tanto de dirigentes como de partidos políticos. No hay nada de azar en esta deslegitimación ni tampoco es un fenómeno aparecido de la noche a la mañana, es el producto de un largo proceso acaecido en los últimos 20 años.

Hubo aspectos clave para llegar a tan pernicioso resultado: promesas electorales incumplidas; el enriquecimiento ilícito de muchos dirigentes confrontado al creciente empobrecimiento de la sociedad; la profesionalización de la política; la falta de utopías, que ha hecho desaparecer prácticamente al militante motivado por ideales, y por último también la ausencia de un programa y líneas de pensamiento para encaminar y estabilizar la situación política y económica de la Argentina.

Hoy, la realidad nos presenta un escenario donde la dirigencia política está sometida a una suerte de "sanción pública" que la obliga prácticamente a vivir en un "encierro"; este "corralito" al que nos somete la sociedad sólo se podrá saltar resolviendo el problema más grave que es el abismo o la ruptura profunda que divide a representantes y representados. Cuando se desdibuja este nexo, el político pierde la autoridad, la fuerza que le confiere la conformidad de sus eventuales electores y el efecto directo es la pérdida de respaldo necesario para realizar los cambios que la misma gente le exige.

Pérdida del poder político

El dramático corolario es que hoy tenemos un país al borde de la anarquía, al que lo paralizan intereses contrapuestos y en el que sus habitantes sufren los efectos de una creciente fragmentación. Sabemos que la sociedad es muy compleja y el poder hoy está disperso en diversos grupos, muchos de los cuales ejercen fuertes presiones. En este aspecto los gobernantes no nos engañamos, pues una cosa es estar a cargo del Estado y otra es "estar a cargo del poder".

No compartimos la postura pasiva de muchos dirigentes de "aguantar el temporal" y mantenerse al margen de los acontecimientos hasta que pase la crisis, en una actitud suicida que va a destruir los partidos, la política y por consiguiente la democracia. Peor aún es la conducta de algunos políticos que en medio de la tormenta sólo quieren mantener los privilegios traducidos en espacios de poder o formas de enriquecimiento personal. Un ejemplo muy recordado de la historia universal: aquel en el que el rey-gobernante planificaba una salida de caza el día antes de ser guillotinado nos debe servir de experiencia, para que seamos capaces de entender los signos de este tiempo.

Por otro lado, las corporaciones tienen gran capacidad de discusión y de pelea para imponer sus intereses sectoriales, por eso nos proponemos fortalecer a los partidos, a sus hombres y a la política porque, si no, ¿quiénes defenderán los intereses generales, los del bien común, en definitiva: los intereses del pueblo?

Observamos entonces que el fenómeno descripto deriva en el problema central de la Argentina: la falta de autoridad y poder político para llevar adelante cualquier tipo de plan de gobierno. Así se agrava extremadamente la situación actual cuando es más necesaria que nunca la existencia de un poder fortalecido que surja de sólidos consensos o acuerdos en el nivel de Estado, para concretar de una buena vez las transformaciones que la emergencia requiere.

Hacer política seria y comprometida implica ponerse al frente de los cambios necesarios para darle respuestas a la gente. Los argentinos estamos en un callejón sin salida, sortear el atolladero y reconstruir en forma definitiva nuestro país requiere que tomemos conciencia de que no hay soluciones mágicas y que nada ni nadie, de un día para el otro, resolverá la grave situación.

Las soluciones son difíciles y se necesitará tiempo para ver resultados concretos, por eso hay que advertir el peligro de dejarse seducir por cantos de sirenas. Nos preocupa que la sociedad busque una salida fácil, demagógica y populista, experiencias de esta naturaleza hemos tenido varias en el país. Sobre todo porque el objetivo hoy es cambiar las cosas que durante todo este tiempo hemos hecho mal.

Debemos y tenemos que reconstruir el poder político, ese poder que no deviene de la fuerza como en las dictaduras, sino de las energías populares expresadas, por ejemplo, en los partidos y que éstos sean verdaderas poleas de trasmisión entre la ciudadanía y la dirigencia.

Solamente así la política recuperará la fortaleza que es imprescindible en estas épocas de grandes transformaciones, y se podrán poner en marcha programas de gobierno claros y consensuados, para superar las salvajes luchas de los intereses sectoriales y al mismo tiempo satisfacer la creciente demanda de una ciudadanía desesperanzada. Así, la democracia podrá ser curada con más democracia. Esto le devolverá una calidad permanente y continua al sistema.

El autor es el gobernador de Mendoza

Sin el consenso necesario

La Legislatura mendocina debe resolver el destino de los proyectos de ley que el gobernador Roberto Iglesias envió al Senado en mayo último. Se trata de la modificación de la ley electoral y la de partidos políticos en busca de una mayor transparencia en esos temas.

Los proyectos en cuestión alientan, entre otros aspectos, la incorporación de candidaturas independientes, la eliminación de las listas sábana y la división de Mendoza en tres distritos electorales.

Sin embargo, algunos puntos clave de ambas propuestas aún no logran el consenso necesario, no sólo entre los partidos de oposición, sino también entre el propio oficialismo.

Tal como tenía previsto, a mediados de este mes el Senado comenzó una ronda de consultas entre la sociedad civil, como una forma de involucrar a la ciudadanía en el tema.

Pero, hasta el momento, el debate no ha sido demasiado fructífero. Al parecer, la mayoría de los asistentes pertenece a la actividad política, ya sea como dirigentes o militantes, con lo que no se estaría logrando demasiado eco entre la gente.

Por tal motivo, en la presentación pública del proyecto, el 13 de este mes, un senador propuso organizar las jornadas en sitios alejados de recintos legislativos para provocar el interés de la sociedad, de las ONG y de entidades intermedias.

Los legisladores prometieron continuar con su ronda de consultas.

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