"Menem es el mariscal de la derrota"

El gobernador santacruceño dice que la próxima etapa del PJ no se parece a la renovación de 1987, que buscaba democratizar el partido. Ahora se debe aspirar s solucionar los problemas del país y no del peronismo.
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16 de noviembre de 1997  

NESTOR KIRCHNER, gobernador peronista de Santa Cruz, atiende circunstancialmente en el despacho que Cristina Fernández, su esposa, tiene en el Senado. Está de paso por Buenos Aires porque es el lugar que ha elegido para terminar de lanzar una corriente interna antimenemista que parece haberlo puesto en camino hacia la separación definitiva de su partido.

Aunque no lo dice, sus críticas al gobierno nacional se han profundizado en los últimos días. De los encontronazos puntuales por los límites con Chile y las zonas francas ha ido pasando a posiciones más enfrentadas con las del presidente Carlos Menem, y ni él mismo está seguro de poder adivinar su futuro político.

-¿Qué pasó a partir del 26 de octubre? ¿Cuando el peronismo pierde una elección hay dirigentes que abandonan el barco?

-No. El 26 se vio la fotografía de la situación que se estaba dando en el país desde hace bastante tiempo. Y dentro de esa imagen también estaba el peronismo, que tiene la iniciativa en la conducción del Estado. El 26 la gente hizo una demanda por las asignaturas pendientes: claridad de procedimientos, eliminación de la corrupción en la estructura del Estado, insatisfacción...

-¿En qué se diferencia su diagnóstico del de la Alianza? Porque esto que usted dice lo podrían decir también Chacho Alvarez, Terragno o Fernández Meijide.

-Si hablamos específicamente del diagnóstico... bueno, es parecido. Ahora, eso no quiere decir que pensemos exactamente lo mismo. Hay sectores de la oposición que cuestionaron durante mucho tiempo las bases mismas del modelo, cosa que yo nunca hice. Y cuidado con esto, que la oposición tampoco ha dicho hasta ahora cómo se resuelven esos problemas.

-Entonces, si ahora están de acuerdo en el modelo y tampoco saben cómo corregir sus defectos, ¿la oposición y el oficialismo son lo mismo?

-La diferencia entre la oposición y el menemismo es que la oposición se plantea nada más que como una oxigenación ética, sin discutir las cuestiones de fondo. Y se tiene miedo de discutir esas cuestiones porque hoy las estructuras políticas trabajan fundamentalmente en consensuar con el establishment, aun pretendiendo construir ese consenso sobre las expectativas populares. Y esto es grave porque puede generar un corte entre los políticos y la sociedad, donde la pérdida de credibilidad en la dirigencia cada vez se haga más profunda. Pero volviendo a lo del diagnóstico, el que yo hago no sólo es parecido al de la Alianza. También se parece al que hacen otros peronistas: el vicegobernador bonaerense, Rafael Romá; el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti...

-O sea, sus aliados en esta corriente progresista que acaban de lanzar. ¿Qué es el progresismo dentro del peronismo?

-Me cuestionan mucho la palabra "progresista"... Cuando nosotros nos empezamos a juntar y nos preguntaron qué éramos, dijimos: "Progresistas"; pero en el sentido de representar el progresismo del año 2000. Es decir, una posición política que aspira a una sociedad estable, con equilibrio, con razonabilidad, desdramatizada... Nosotros somos el partido de la justicia social, pero no la de cuarenta años atrás. Si usted me pregunta cuáles son nuestros referentes, le contesto que los militantes, los cuadros intermedios, los hombres desconocidos que trabajan por este proyecto. Y le digo desconocidos porque gracias a muchos conocidos estamos como estamos hoy.

-Hablando de conocidos, en su partido, en 1983, se hablaba de "mariscales de la derrota". ¿Quiénes son los mariscales de la derrota del 26 de octubre?

-Con todo respeto a la investidura presidencial y al señor Presidente, creo que si en 1991 dijo "Gané yo", en 1993 dijo lo mismo y también lo dijo en 1995, ahora el que perdió es él. Porque, ¿quién es el hombre que tiene más poder en la Argentina, además de la iniciativa política? Entonces, el responsable de la derrota es el Presidente. Ahora, si él dice que hay responsabilidades compartidas... Bueno, debe de haberlas, pero hacia abajo, porque las responsabilidades disminuyen de acuerdo con el grado de poder que se va obteniendo. A la gente le hubiera gustado que Menem escuchara el mensaje de la sociedad, o que lo escuche, porque todavía está a tiempo. Aunque no le guste.

-Si el 26 el resultado hubiese sido otro y hubiera ganado el peronismo, ¿usted igual pateaba el tablero?

-Yo tengo diferencias con el Presidente desde hace mucho, y el nivel de esas diferencias ha llegado a puntos mucho más altos que el de ahora. Por ejemplo, con el tema de los hielos continentales o las zonas francas...

-Pero eran discrepancias puntuales. Ahora está haciendo cuestionamientos globales.

-¿Usted cree? Bueno, vaya a ver mis discursos y mis declaraciones y advertirá que mis diferencias con el gobierno nacional vienen desde hace mucho tiempo. Por no ir más atrás, desde la Constituyente de 1994. Y ahora, para estas últimas elecciones, me inventaron un partido menemista en la provincia para ver si me podían restar votos. Lo diferente de ahora es que lo ocurrido el 26 de octubre llevó a que mucha gente se fije en lo que yo decía. Antes no nos prestaban mucha atención. Santa Cruz es una provincia chica, casi sin incidencia en la política nacional, en un país que tiene que cambiar. ¡No puede ser que sean más importantes las elecciones para legisladores de la Capital Federal que para diputados nacionales en Córdoba...! Además, le digo, yo era de los que pensaban que el 26 la señora de Duhalde ganaba en su provincia.

-¿Y un triunfo aplastante del menemismo no le hubiera hecho pensar que estaba equivocado?

-Mire, yo pertenezco a una generación que empezó a trabajar en política con el convencimiento de que vale la pena luchar por lo que uno cree. Además, si siempre creyéramos que el que tiene la mayoría tiene razón, siempre seríamos oficialistas. ¿Sabe qué pasa? Que la gente es mucho más sensata que los dirigentes.

-Esta suerte de alianza que había entre el presidente Menem y el establishment, ¿se quebró o sólo se fisuró? ¿O es que los empresarios hacen buenos negocios con Menem, y a la hora de votar votan a otro?

-Ellos defienden sus intereses, y está bien que lo hagan. Entonces, mientras más organizada y transparente sea la administración, mejor para ellos. No les hubiera disgustado tener otra etapa de beneficios como la que tuvieron, pero ahora se están preparando para la alternativa que viene. Creo que todavía no están decididos, aunque ya empezaron a analizar. Pero no hay que cortarse las venas con este tema. Es natural que actúen así.

-Usted dijo, esta semana, que no piensa en mudarse a la Alianza. ¿Esto es definitivo?

-¡Qué difícil pensar en términos absolutos como siempre o nunca! Le voy a dar un ejemplo: en el Congreso, donde se va a garantizar la gobernabilidad, a veces nuestro sub bloque se pondrá de acuerdo con la Alianza, y a veces la Alianza se pondrá de acuerdo con nosotros. ¿Y esto qué significa? ¿Que ellos se tengan que mudar al justicialismo o que nosotros nos tengamos que ir a la Alianza? No, sería un acto de reduccionismo político. Cada uno, desde donde está, tiene que trabajar para resolver los problemas de la gente.

-¿No se ha planteado disputar desde adentro la conducción del partido?

-Por supuesto. Yo tengo vocación de conducir el justicialismo y tener un protagonismo político fuerte en la Argentina.

-¿Se ve candidato a presidente en 1999?

-Yo no quiero hablar de candidaturas, ni hablo de pelear mañana la conducción del partido, porque sé que perdería categóricamente. Pero hablar hoy de candidaturas para 1999 es una falta de respeto a la gente.

-¿Lo de "falta de respeto" va para Ortega y para Duhalde, que aceptaron públicamente sus precandidaturas?

-No. Respecto de Ramón (Ortega), él se había lanzado pero ha entendido que hay problemas más urgentes que resolver en la sociedad, y ha puesto un freno. Y respecto de Duhalde, ha dicho que la prioridad es resolver los problemas de gobernabilidad y sólo después hablar de candidaturas. Esto, más allá de lo legítimas que son sus aspiraciones y sus derechos a pelear una interna. Y esto vale también para Reutemann, un administrador excelente que ha sabido defender peso a peso los intereses de Santa Fe.

-El senador Cafiero ha dicho que quiere convocar el congreso partidario para analizar qué se hace de aquí en adelante. ¿Le parece buena idea?

-Mire, ahora que ya no hay más reuniones de gobernadores, que ya no nos convocan más, que ya no se discute nada, cualquier ámbito donde se pueda debatir es bueno.

-Volviendo a esta nueva corriente peronista que usted impulsa, ¿qué diferencias tiene con la renovación de 1985 y 1986?

-La renovación era una intención de cambiar la metodología de hacer política en la Argentina, pero cumplió una etapa y se quedó en eso. Nosotros queremos ir más allá y aspiramos a solucionar los problemas de la sociedad. La renovación planteaba soluciones internas al justicialismo: la democracia interna, el distrito único, el voto directo... Pero nosotros ahora estamos planteando la solución a los problemas estructurales de la Argentina, no sólo del peronismo.

-Está claro cómo quisiera usted que el peronismo llegue a 1999. Ahora, más allá de sus deseos, ¿cómo cree que llegará?

-Yo espero que los dirigentes reaccionen rápidamente, y que los que quieren ser candidatos a Presidente entiendan que no siempre deben esperar la red que los contenga; a veces hay que decidirse y saltar al precipicio.

-¿Usted ve a un presidente peronista a partir de 1999?

-Yo voy a trabajar para que así sea, pero no para que sea cualquier peronista. En esto estoy como la gente: así como yo me expongo a que cuando soy candidato me digan sí o no, quiero tener el mismo derecho. El mío, como el de la gente, ya no es más un voto cautivo.

Por Jorge Camarasa

(c) La Nacion

Duhalde, el mejor

Nestor Kirchner cree que el peronista que más posibilidades tiene para ser presidente en 1999 es el gobernador de Buenos Aires, Eduardo Duhalde. "Esto se lo digo desde la objetividad, no desde la adhesión", aclara. Para Kirchner, aunque el resultado electoral del 26 de octubre afectó a Duhalde, el golpe no fue lo suficientemente duro como para quitarle posibilidades en la carrera hacia la presidencia.

En las preferencias de Kirchner, sin embargo, Duhalde no figura. "Quisiera que apareciera una nueva generación de dirigentes -dice-, que tenga capacidad transformadora y capacidad para converger con otros sectores políticos". No le molestaría que la fórmula del justicialismo (o la fórmula de un frente donde participara su partido) la integraran sectores independientes.

"No creo en el determinismo histórico", sostiene, y cree que la única clave está en buscar a los mejores hombres y mujeres de la sociedad -sean del partido que fueren- para que garanticen un proyecto abierto y pluralista.

Perfil

  • Néstor Kirchner (47 años), gobernador de Santa Cruz, tiene una condición que cada vez menos patagónicos ostentan: es un "nyc" ("nacido y criado") en Río Gallegos.
  • Desde hace veintidós años está casado con Cristina Fernández. La pareja tiene dos hijos. Cristina -que a su marido lo llama "Kirchner"- trabaja en Buenos Aires como senadora nacional por Santa Cruz.
  • Kirchner empezó militando en la Juventud Peronista en los primeros años de la década del setenta y en su provincia estuvo preso bajo los gobiernos de Isabel Perón y de la dictadura militar.
  • Renovador, de las huestes de Cafiero en 1985, dos años después fue intendente de Río Gallegos. En 1991 ganó la gobernación y en 1993 las legislativas, que fue cuando se eligió a su esposa. En 1995 volvió a ganar con el 56 por ciento la gobernación, y el 26 de octubre último sus legisladores obtuvieron el sesenta por ciento de los votos.
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