Mi Dios ¿Qué tan tolerantes con las religiones somos los argentinos?

El antisemitismo que desde que estalló el conflicto en Gaza denuncia la comunidad judía y el que registran muchas encuestas, la mirada estereotipada hacia los musulmanes como peligrosos y los prejuicios que rodean a cultos minoritarios reinstalan la pregunta por el grado de apertura religiosa en la Argentina, donde, dicen los expertos, persisten desconocimientos y clichés que se extienden en la sociedad, enlazados también con discrimaciones de clase
Lorena Oliva
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17 de agosto de 2014  

Ilustración: Martín Balcala
Ilustración: Martín Balcala

Aunque en términos formales la libertad religiosa pueda considerarse una victoria afianzada en los últimos años, en la Argentina moderna, abierta y tolerante de la que tanto nos gusta sentirnos parte, el germen de la intolerancia propio de otras épocas se resiste a morir.

Así lo han sentido, de hecho, los referentes de las principales instituciones judías en el país, que hace pocos días manifestaron públicamente su preocupación por que el actual conflicto en Gaza aliente un rebrote de antisemitismo. A ellos se suman las asociaciones casi automáticas entre ciertas religiones y el delito -como sucede con los umbandistas y los devotos de San La Muerte- o la persistencia de ciertos clichés en la TV local, que vinculan a la comunidad musulmana con el terrorismo.

En un país como el nuestro, de larga tradición católica, ser diferente en términos religiosos aún implica costos más o menos altos, según la religión o devoción que se profese. Los avances en materia de diálogo interreligioso parecen ser, en todo caso, todavía parciales.

Lejos de ser un fenómeno aislado, la intolerancia religiosa en la Argentina se inscribe en un marco más amplio, si tomamos en cuenta el Mapa Nacional de la Discriminación, presentado por el Inadi a fines del año último.

En el caso puntual de la discriminación religiosa, son los musulmanes los que, según el informe del Inadi, afirman haber padecido mayores niveles de intolerancia (el 90 por ciento del total de ese grupo), seguido por los judíos (el 57 por ciento del total) y los testigos de Jehová (26 por ciento de ese segmento).

El estudio agrega otros datos que ayudan a colocar a la discriminación religiosa en el contexto de otras discriminaciones cotidianas. El Inadi apunta que los principales motivos de discriminación en la Argentina tienen que ver con el nivel socioeconómico, con la condición de ser migrante, con el color de piel y con el aspecto físico. El trabajo también especifica que la mayoría de las conductas discriminatorias no suceden en contextos de crisis, sino en los ámbitos educativos, laborales y en la vía pública.

A nivel institucional, en tanto, el Estado argentino da pasos contradictorios. Si bien, en su página oficial, el Gobierno declara que en nuestro país ninguna religión reviste el carácter oficial, sostiene una serie de prerrogativas en favor del catolicismo, que son vistas con desagrado por no pocos referentes del resto de las religiones insertas en el país.

La libertad de cultos, también sostenida por nuestra carta magna, tampoco se condice con la figura del Registro Nacional de Cultos, resistida por muchos académicos y miembros de comunidades religiosas, en parte, por haber nacido al calor de la última dictadura, pero también porque exime al catolicismo del requisito de registrarse. Hasta el día de hoy han circulado diferentes proyectos que promueven la libertad religiosa -y proponen derogar el Registro de Cultos- sin que ninguno, hasta la fecha, se haya convertido en ley.

La ex diputada Cynthia Hotton (Valores para mi País) motorizó hace unos años un proyecto de ley de libertad religiosa que parecía con chances de torcer la historia porque contaba con el expreso apoyo de la Secretaría de Culto y de la mayor parte de las confesiones religiosas, pero, inexplicablemente, se quedó en el camino. Hotton, que es evangélica pentecostal, recuerda que, cuando debió prestar juramento como diputada, pidió expresamente "prometer" o "comprometerse" en lugar de "jurar", verbo contrario a sus convicciones religiosas. "Me dijeron que no podía, porque era un juramento, así que tuve que jurar", rememora.

La falta de un marco jurídico adecuado es, a su entender, lo que deja sin demasiado amparo a quienes padecen algún tipo de discriminación por cuestiones religiosas. Hotton cree, sin embargo, que el prejuicio no es deliberado, sino producto del profundo desconocimiento que prima en nuestro país en materia religiosa. "Existe el Día del Dulce de Leche y hasta el Día del Profesor de Tenis. Pero cuando propusimos, junto con Margarita Stolbizer, la instauración del Día de la Libertad Religiosa, fracasamos. Esa clase de iniciativas fomentan el conocimiento y la difusión, aspectos clave a la hora de fomentar la convivencia interreligiosa", sostiene.

El sociólogo e investigador del Conicet Damián Setton considera que, en nuestro país, los prejuicios que existen sobre la comunidad judía son equiparables a los que padece cualquier otro colectivo social. "Así como se dice que los chinos no enfrían la leche en los supermercados, de los judíos suelen escucharse afirmaciones de lo más diversas, como que todos tienen plata cuando, en realidad, hay judíos pobres porque pobres hay en todos lados. Los prejuicios están instalados y pueden aflorar con mayor facilidad en ciertos momentos", explica.

Setton enmarca la preocupación de las instituciones judías dentro de un discurso muy instalado entre ellas, según el cual cualquier crítica al Estado de Israel es sinónimo de antisemitismo. "Actualmente, el punto de unificación de todas las organizaciones que componen la comunidad judía argentina -laicas, religiosas liberales, ultraortodoxas, de clase alta, media y baja- es la defensa del pueblo de Israel. En un contexto de guerra como el actual, la identificación asume un carácter de reivindicación militante que suele descalificar cualquier discurso crítico. De hecho, existe un concepto con el que suele calificarse a los judíos que hoy asumen una postura crítica con respecto al Estado de Israel: son judíos que se autoodian", agrega el especialista.

Fuera de la comunidad, Setton distingue entre dos tipos de discursos críticos: el que hace foco específicamente sobre la política de Israel y otro más preocupante que, a caballo de la coyuntura actual, despliega todo tipo de expresiones antisemitas.

La mirada de los otros

Las encuestas religiosas más recientes coinciden en la pérdida de influencia de las instituciones eclesiásticas más tradicionales a la hora de forjar las creencias de los argentinos. Sin embargo, de acuerdo con la opinión del sociólogo y doctor en Antropología Alejandro Frigerio, todavía prende en el imaginario social cierta concepción sobre lo que debe ser una religión que posee fuertes reminiscencias del catolicismo secularizado. De esta manera, todo lo que no encaje dentro de ese modelo es mirado con desconfianza y rechazo.

"Las expresiones religiosas fuertes, emotivas, caen en la burla y el temor, como el caso de los umbandistas. Pero lo cierto es que hoy en día todas las religiones son pasibles de sospecha. Incluso el catolicismo no está bien mirado en ciertos círculos sociales, aunque, por supuesto, allí son menos los prejuicios. Eso sí: a nadie se le ocurriría decir, ahora que el padre Grassi fue condenado, que todos los sacerdotes son como el padre Grassi", asegura Frigerio, apelando con esa ironía a otro caso reciente.

A fines del mes último, se difundió la historia de tres niñas rescatadas en el barrio de Lanús luego de ser víctimas de todo tipo de abusos durante meses. Bastó que se difundiera que los autores de tales aberraciones serían un pai y una mai umbandistas para que el factor religioso se convirtiera, en amplios sectores de la opinión pública, en el fundamento de lo delictivo, a pesar de que los estudios más serios sobre religiones afroamericanas dejan en claro que la esencia de la religión umbanda no está en lo absoluto relacionada con acciones de tipo criminal.

"Una vez que el tema se instala en los medios de esta manera, contribuye a consolidar esa versión estereotipada y alejada de la realidad que hace que muchos umbandistas se sientan estigmatizados y prefieran ocultar su condición. Porque más allá de todo lo que se predique acerca del diálogo interreligioso argentino, el nivel de apertura no es igual para todas las religiones", concluye el especialista.

El mapa de la fe

En el ya mencionado Registro Nacional de Cultos hay inscriptas en la actualidad unas 5050 instituciones. De ese total, el 90% pertenece a la tradición evangélica -de gran crecimiento en el noroeste y el nordeste argentino en la actualidad-, en tanto que el resto se divide, entre otros, entre judíos, musulmanes, iglesias cristianas ortodoxas, iglesias pertenecientes al protestantismo histórico, budistas, hinduistas y umbandistas.

Vale decir que la inscripción no es un requisito obligatorio ni significa que el Estado avale de alguna manera la seriedad, trayectoria o el fundamento religioso de cada una de ellas.

El secretario de Culto, Guillermo Oliveri, recuerda la encuesta sobre creencias religiosas, elaborada por el Conicet y difundida en 2008, que establece en un 90 por ciento la proporción de argentinos creyentes. "Desde 2003 en adelante, hemos trabajado mucho para fomentar una mayor convivencia interreligiosa, aunque eso no siempre se ve reflejado en la urgencia mediática o en las redes sociales", reconoce el funcionario.

A veces, también, cierta clase de humor masivo es funcional a la hora de consolidar clichés, como es el caso de "El peor vuelo de tu vida", la nueva cámara oculta de ShowMatch en la que se le hace creer a alguien que el avión en el que supone estar volando se está cayendo. Entre los actores que simulan ser pasajeros no falta el que aparenta ser musulmán.

"Las comunidades musulmanas son conscientes de los prejuicios que prevalecen. Desde la asociación del terrorismo con lo islámico hasta la idea del sojuzgamiento de la mujer", reconoce Silvia Montenegro, investigadora del Conicet especializada en la temática.

La especialista sostiene que la demonización posterior al 11-S contribuyó para que las comunidades se abrieran a la sociedad, generando, incluso, curiosidad y hasta adhesiones entre muchos argentinos. "En su relación con el Estado, el vínculo es más bien fluido. El Centro Islámico Argentino es su principal interlocutor. Por lo general, salvo casos puntuales, no es frecuente que las comunidades se presenten con un discurso que las coloque en el lugar de víctimas de la intolerancia. El problema más fuerte lo tienen con los medios de comunicación, que, con frecuencia, replican situaciones y traen a la arena local representaciones y estigmas que no tienen un arraigo en nuestra forma de concebir la diversidad religiosa", agrega.

Con casi un siglo de presencia en nuestro país, la historia de la comunidad islámica argentina siguió un derrotero compartido en mayor o menor medida por otras confesiones religiosas. Durante los años veinte y treinta del siglo pasado, profesar una fe religiosa diferente al catolicismo implicaba altos costos sociales. Luego de décadas de invisibilización social, no son pocas las confesiones que debieron esperar al retorno de la democracia para resurgir.

Claro que tantos años de intolerancia dejan resabios, como bien se puede comprobar en el rechazo manifiesto que las comunidades evangélicas pentecostales padecieron, en especial, durante los años ochenta y noventa.

En la actualidad, como bien señala el doctor en Antropología e investigador del Conicet César Ceriani Cernadas, las religiones afrobrasileñas y ciertos cultos de devoción popular -como el culto a San La Muerte- son las que se ubican en el escalón más bajo de la jerarquía de credibilidad religiosa vigente en nuestro país.

"Si bien somos más tolerantes que antes, persiste en la actualidad cierta dificultad para comprender y aceptar la diversidad religiosa. Aquí también se juegan identificaciones culturales y, más o menos conscientes, de clase", analiza el especialista, quien ha trabajado con diferentes grupos religiosos -pentecostales, adventistas del séptimo día, mormones- y de todos ellos es capaz de mencionar prejuicios sin fundamento.

Y agrega otro dato preocupante: "Es cierto que los pentecostales ya no están en el escalón más bajo de esta jerarquía, pero los pentecostales de pequeñas iglesias, ubicados en los sectores populares, están en una especie de arena movediza: allí también puede darse esta línea unicausal capaz de relacionar a la religión con lo delictivo".

Una muestra más de que en la Argentina actual existen muchos caminos para conectarse con lo divino, pero tal vez no tantos puentes que los comuniquen entre sí. Una condición vital para consolidar, por fin, la libertad religiosa.

Un universo tan extenso como heterogéneo

Sin cifras oficiales desde 1960

El último censo nacional que consultó sobre las creencias religiosas de los argentinose, 1960, reveló que algo más del 90% se manifestaba católico, en tanto que un 3% quedó afuera de toda clasificación por manifestar creencias desconocidas para la época. A pesar de que hubo pedidos formales para reponer esa pregunta en el censo de 2010, eso no sucedió.

Diversidad religiosa a la carta

Los relevamientos estadísticos más recientes mostraron el notable crecimiento de las religiones evangélicas, así como la coexistencia de los cultos más históricos con otros más recientes vinculados con la new age y el bienestar, las devociones populares y hasta la posibilidad de tomar un poco de cada uno -e, incluso, cruzarlos con el catolicismo- para armar la propia religión.

Los pentecostales, en la cima

Dentro del movimiento evangélico, los submovimientos pentecostales representan la mayor proporción de ese universo. Mientras que los evangélicos constituyen el 9% del total de los argentinos, de ese total, el 7,9% lo integran los pentecostales.

Discriminación y tolerancia, en cifras

5050 entidades se encuentran inscriptas en el Registro Nacional de Cultos, aunque no es un requisito obligatorio para las organizaciones.

90% de los musulmanes consultados en el relevamiento del Inadi afirman haber sufrido discriminación por religión.

92% de los miembros de las comunidades afroamericanas experimentó situaciones de discriminación.

243 denuncias registró la DAIA en 2012. El 36% del total refería a simbología nazi.

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