A veces nos ponen un "¡Muy bien 10!"

Graciela Melgarejo
Graciela Melgarejo LA NACION
Este es un momento de cambios, de confusiones, de rectificaciones y de reacomodamientos de nuestra lengua
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21 de mayo de 2012  

Felicidad en el dolor. Dolor por la muerte de Carlos Fuentes, uno de los grandes representantes de las letras de América latina. Felicidad porque sus palabras siempre serán una guía para comprender la grandeza del idioma. Como él dijo, en una oportunidad, sobre su obra, "había cosas que no podían decirse más que en español".

Este es un momento de cambios, de confusiones, de malentendidos, de rectificaciones y de reacomodamientos de nuestra lengua. Sin embargo, es un momento feliz, porque la comunidad hispanohablante está más activa que nunca: desde los ámbitos académicos hasta el último de los "usuarios" atentos, hay una mayor preocupación por mantener la coherencia de un idioma en el cual hay realidades que solo ese idioma puede expresar.

Por eso, son bienvenidas las conclusiones, conocidas la semana pasada, del seminario sobre Periodismo y Lenguaje, celebrado en San Millán de la Cogolla, La Rioja, España. De él participaron expertos en filología y lingüística, y por supuesto periodistas deportivos, para analizar el uso del español que hacen estos últimos en crónicas, transmisiones y reportajes. Como en el colegio, le pusieron un "aprobado alto" (¿será un equivalente del "¡Muy bien 10!" escolar?) al uso del español por los periodistas deportivos, sobre todo por "su capacidad para crear expresiones nuevas".

El aval al periodismo deportivo "contradice la idea que hay en la calle de que los periodistas deportivos son los peores en el uso del lenguaje", explicó Joaquín Muller, uno de los responsables del encuentro. En cualquier caso, ha sido la conclusión general en el seminario difundido por Internet que "el periodismo deportivo aporta más que destruye" al idioma español.

También ha incidido en el juicio de los participantes el hecho de que, como el deporte es un campo "muy específico" del periodismo, y que, por lo tanto, tiene un lenguaje casi propio, hay cierta permisividad, pero eso también da lugar a la creatividad, marcada -han destacado- "por la necesidad de transmitir pasión y fuerza a los aficionados" en el mismo momento que sucede un partido u otro acontecimiento. Así, expresiones como jugón , madriditis o villarato que, en su totalidad o con cambios en los sufijos, se han convertido en comunes en el lenguaje de España han sido avaladas en su creatividad por catedráticos de filología y lingüistas. (Piense el lector argentino cuáles serían aquí, entonces, las aprobadas.)

Claro que hay riesgos en esta "creatividad": la necesidad de los periodistas de ser expresivos puede llevarlos a "ser estrambóticos" (los ejemplos abundan y no es necesario ir muy lejos). Pero es el precio por pagar.

Creatividad, permisividad y riesgos. Un tema trae el otro: escribe a esta columna un mail Andrea Linardi de Minten: "Soy de Buenos Aires pero hace cinco años que vivo en Reno, NV, Estados Unidos. Yo también escribo una columna similar a la suya llamada "Enriqueciendo nuestro idioma" que se publica en un diario de habla hispana ( http://www.lavozhispanadenevada.com/idioma.html ).

"Comencé mi propia empresa de traducciones principalmente legales (tengo el título de abogada en la Argentina) y además enseño español. Como en los Estados Unidos, a partir de la gran cantidad de inmigrantes de habla hispana, se utilizan palabras en inglés y se les agregan una vocal o consonantes convirtiéndolas en una forma de «español» (el famoso «spanglish»), en mi columna trato de guiar a la audiencia y de sugerir a los lectores utilizar las palabras correctas."

Para finalizar la Línea directa de hoy, otro correo electrónico, que escribe desde Paraná, Entre Ríos, Germán Guglieri, "orgulloso papá de Santino". Dice nuestro lector: "Gracias por mencionar la nueva definición de la palabra autismo que le dará el Diccionario de la Real Academia. Pertenezco a una de esas familias que luchan contra el mal uso de la palabra. Traspolar el término médico que acuñó el doctor Leo Kanner en 1943, después de estudiar a un grupo de chicos, al lenguaje diario para definir gobiernos, economías, etc., es un sinsentido.

"Lo que realmente nos duele es el gran desconocimiento por parte de la sociedad de este severo trastorno, lo que la lleva a utilizar este vocablo en forma tan inapropiada."

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