El anillo

Carlos M. Reymundo Roberts
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5 de agosto de 2019  

Marido y mujer fueron a la joyería en busca del anillo de oro que él le venía prometiendo. El joyero, al que conocían desde hacía años, les mostró unos cuantos. Primero unos modelos, después otros, y otros... Ella se los probaba. Estuvieron un buen rato en el pequeño local, ubicado en una galería sobre la avenida Santa Fe. Como la elección no resultaba fácil, dijeron que lo iban a pensar más y que volverían en unos días. Eso hicieron. El joyero los esperaba con una historia increíble. "La otra vez, apenas se fueron, caí en la cuenta de que me faltaba uno de los anillos que habían estado viendo. Pensé que se lo habían llevado por un descuido o que se les había pegado en una manga, cosa que suele pasar con el oro y la lana. Salí corriendo detrás de ustedes, pero al llegar a la puerta de la galería los busqué, miré para todos lados y no los vi, porque además había muchísima gente. En ese momento pasó algo insólito, un verdadero milagro: miré el piso y ahí, tirado en la vereda, estaba el anillo. Todavía no lo puedo creer".

La historia terminó bien y todos amigos. Pero el buen nombre y honor del matrimonio estuvo a punto de ser arrojado a las llamas del infierno. ¿Moraleja? El "piensa mal y acertarás" está lejos de ser infalible.

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