El Palomar

Sergio Suppo
Sergio Suppo LA NACION
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9 de octubre de 2019  

Sábado 28 de septiembre, 3 de la tarde. Una voz que anuncia el resultado de una competencia deportiva en el Colegio Militar de la Nación puede oírse desde la entrada del Aeropuerto de El Palomar. Unos quinientos metros separan esa reunión del silencio que manda en el jardín de ingreso a la base aérea convertida en el tercer aeropuerto comercial de la zona metropolitana. En la pista, ascienden y descienden pasajeros de aviones de Flybondi y JetSmart. El ruido de sus motores no impide seguir a la distancia lo que ocurre en el Colegio Militar.

Domingo 6 de octubre, 9.15 de la noche. El comandante del vuelo de JetSmart informa a sus pasajeros que llegarán en 15 minutos más a El Palomar. "Vamos a aterrizar unos minutos antes de lo previsto, con tiempo suficiente antes del cierre del aeropuerto", informa. Cuando baja, procedente de Bariloche, coincide con otro avión de la misma compañía que llegó minutos antes desde Córdoba. Los dos aviones siguen con sus motores encendidos cuando sus pasajeros ya descendieron y atravesaron el jardín, rumbo a la calle. Lo único que se oye es el ronroneo de dos colectivos estacionados. Obligado por una orden judicial, el aeropuerto cierra a las 22. El barrio siguió en silencio, como siempre.

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