Celu, vade retro

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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16 de enero de 2020  

Tal vez cargaba demasiadas cosas. El celular se deslizó de mi mano sin darme cuenta y fue a parar a la arena. No fue suficiente el fugaz lapso que transcurre entre una acción y la siguiente en estos aparatitos que se quedan con la mayor parte de nuestras vidas, porque nunca lo encontré. Se terminaba 2019 y pasé más de diez días sin celular.

La primera sensación fue de desamparo. Mi memoria había partido al más allá y solo quedaba acá mi cuerpo vacío. Al rato me repuse un poco al reencontrarme en dispositivos hogareños con contactos y backups de algunos contenidos perdidos.

Las demás sensaciones fueron todas positivas: al tener la cabeza siempre erguida (y no para abajo, hurgando todo el tiempo en el celu) recobré el mundo circundante sin tontas interrupciones. Viajando en subte hasta percibí algo que antes no había notado: los pasajeros ensimismados en sus pantallas. Volví a mandar mails como hace años y a estar menos disperso. Me alcanzó más el tiempo y me sentí más joven porque la mayor parte de mi vida transcurrió sin estos móviles. Lo más lindo: un almuerzo con mi hija mayor, que me expresó su felicidad por concitar mi plena atención. Consejo: pierdan de vez en cuando el celular.

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