El desafío de Chile y la Argentina

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30 de diciembre de 2011  

Los procesos de integración son complejos, con mitos nacionalistas que los dificultan. Podríamos citar ejemplos, exitosos y fracasados. Sin embargo, aquellos que son impulsados en marcos democráticos muestran frutos fecundos.

El mejor ejemplo de esto, pese a las dificultades que exhibe hoy, es la Unión Europea, cuyos pilares fueron dos enemigos acérrimos: Francia y Alemania, que en menos de 70 años se batieron en tres guerras. A 48 años de terminar la Segunda Guerra Mundial, veintisiete Estados daban vida a este bloque con el Tratado de la Unión Europea. La mayoría sufrió la conflagración que asoló a ese continente. El paso inicial para lograr la unidad fue el Tratado Europeo del Carbón y el Acero, en 1951, que además de incentivar la integración controlaba las dos materias primas básicas para el desarrollo industrial y militar.

Hacemos esta reseña para poner en paralelo los desafíos de la integración entre Chile y la Argentina. No es casualidad que nuestro acercamiento se haga en el siglo XX a partir del casi conflicto bélico entre ambas naciones; lo evitamos, a diferencia de los europeos, que debieron sufrir los horrores de la guerra.

La paz se impuso gracias a múltiples actores; especialmente, a la voluntad de la gente, los gobiernos, los partidos políticos que en ambos países estaban proscriptos, representantes de iglesias y medios de comunicación que actuaron con prudencia. A todo lo anterior se antepone como viga maestra de la paz la decisión de mediar de S. S. Juan Pablo II. El Tratado de Paz y Amistad abrió las puertas al entendimiento. Recuperada la democracia en ambos lados de los Andes, se inicia un proceso de acercamiento que incluso fue más allá del signo político de los gobiernos que se sucedieron en ambas naciones.

Tal política tiene uno de sus hitos en 2009, con el Tratado de Integración y Cooperación, de Maipú, en el que hace 193 años se selló nuestra independencia y la del sur del continente.

En este marco, la embajada de Chile en Buenos Aires acentuó durante el último año la política de integración, profundizando la labor de los ocho comités existentes para tal efecto y la promovió en centros universitarios, políticos y culturales de las provincias trasandinas, dando un nuevo aliento a esa tarea; se publicará además un libro de la historia paralela chileno-argentina.

El fruto político de esa labor con la Argentina profunda, aquella compuesta por las provincias aledañas a la Cordillera, fue la visita a La Moneda de 14 gobernadores que representan el 62,5% del territorio argentino, con el 23,57% del PBI y una población de 14,3 millones de habitantes.

Ahora corresponde pasar del discurso a la concreción de una nueva relación productiva y comercial. Para eso, se programarán el próximo año en el norte, centro y sur de Chile encuentros entre las más altas autoridades políticas y empresariales de las regiones chilenas y de las provincias argentinas. Se trata de aprovechar las oportunidades que se abren con las economías emergentes, principalmente las del Asia Pacífico, y de la sinergia que provoca la gestión comercial de Chile con sus múltiples acuerdos de libre comercio, y en el caso de la Argentina, su capacidad productiva y su condición de ser el tercer país con mayor cantidad de recursos naturales del mundo. O sea, el encadenamiento de bienes producidos en la Argentina y su complementación con procesos de manufactura y/o transformación a ambos lados de la Cordillera, que, cumpliendo con el requisito de origen de los TLC suscriptos por Chile, estén en condiciones de ser exportados a través de nuestros puertos a los mercados donde tenemos rebajas arancelarias significativas.

Con la integración productiva, Chile y la Argentina pasarán a una etapa de relación económica y social superior, que nos permitirá enfrentar juntos la globalización, dándole mayor valor agregado a nuestras materias primas, promoviendo más y mejores trabajos para nuestra gente y abriéndoles espacios a nuestros pequeños y medianos productores.

Habrá que avanzar en conectividad física, energética y la complementación hacia el resto del Cono Sur; donde países como Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay miran con gran interés poder acceder desde el Pacífico a los mercados ribereños de ese océano.

Para llevar adelante este proceso modernizador se requiere desarrollar una adecuada infraestructura. Es fundamental que las autoridades de ambas naciones concreten a la brevedad la conectividad física, terminando la ejecución de los trece pasos fronterizos. La construcción más urgente para evitar el colapso por el creciente tráfico de mercaderías en el complejo fronterizo del Libertador es la terminación del Paso de Pehuenche, donde el lado chileno quedará íntegramente pavimentado en 2012. Esta obra es imprescindible para asegurar el tránsito, mientras se ejecutan los megaproyectos de los túneles de 14 km Agua Negra, entre San Juan y Coquimbo, y el ferroviario de baja altura, de 52 km, entre Mendoza y los Andes, que constituirían un verdadero canal de Panamá en el sur de América.

© La Nacion

El autor es embajador de Chile en la Argentina

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