El helado

Carlos M. Reymundo Roberts
(0)
18 de noviembre de 2019  

Un matrimonio joven camina por las calles de Manhattan. Es de noche y hace mucho calor. Entran en uno de esos locales que están abiertos las 24 horas para comprar un agua mineral. Él se tienta y compra también un helado envasado de muy buena marca. De vuelta en la calle, lo abre y, después de tomar unas cuantas cucharadas, se da cuenta de que ya no quiere más. Es un pote grande y queda al menos el 70% del contenido. Como su mujer no toma helado, el destino parecía fijado: el primer tacho de basura que encontraran. Un crimen. En eso estaban cuando pasan al lado de un homeless que, desde el piso, estira la mano y les pide una limosna. Él no lo duda: le regala el helado. Siguen caminando y los asalta una inquietud: ¿estuvo bien ese gesto? ¿Está bien dar un helado a medio comer? Aunque esa no sea la intención, ¿no se trata, en el fondo, de algo despectivo? ¿No se humilla a la persona que lo recibe, más allá de que esa persona, como en este caso, lo agradezca de buena gana? La pareja comenta después el episodio entre amigos y rápidamente se dividen las opiniones, con sólidos argumentos de los dos lados.

Es una historia sin moraleja. Mejor dicho: sin otra moraleja que la que cada uno le pueda encontrar.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.