El inhundible Sr. Scioli

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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23 de noviembre de 2014  

Para Daniel Scioli , el helicóptero es como el caballo para el paisano: trata de apearse lo más cerca posible del parroquiano que lo espera.

Tenerlo a tiro le da la tranquilidad de saber que, al volver a montarlo, llegará a su próxima cita en minutos, por más que quede a decenas de kilómetros. Así, con sus galopes continuos entre las nubes, el hombre no sólo se saltea el tránsito y los piquetes, sino que consigue ejercer como nadie el don de la ubicuidad: estar en todas partes a la vez y en ninguna en particular, tal vez una de las características más notables de su personalidad.

Por eso, de los tantos lugares donde mantiene conversaciones en on y en off -su despacho en La Plata; su oficina en la City, al lado del Banco Provincia, y su quinta La Ñata, entre otras locaciones-, a veces se inclina por un rincón más escondido y desangelado, el helipuerto frente al circuito KDT, en la bajada de Salguero hacia la Costanera. Las aspas todavía giran y lo despeinan cuando se baja a metros de la oficina anodina y sin ventanas a la que se dirige.

Allí hay un escritorio minúsculo y sillas de oficina, mientras permanece un televisor encendido en TN. Cuelgan de las paredes sendas imágenes del gobernador; en una aparece solo, con la leyenda "Sigamos creciendo", y en la otra, junto a su mujer, saludando al papa Francisco.

Afuera llueve copiosamente el miércoles a la mañana y dentro del televisor Elisa Carrió vomita rayos y centellas contra el resto del mundo, tras el portazo a UNEN.

Al llegar Scioli pregunta si Carrió lo aludió de alguna manera. Lo tranquilizan: no ha dicho nada? aún. Pide que le preparen una síntesis de sus dichos, mientras el aparato queda en mute justo cuando la líder cismática lo torpedea con que "Scioli es igual a Cristina, sólo que le falta un brazo".

Carrió es su perfecta antítesis: ella escapa de todos lados y él es un orgánico inamovible; ella maldice a todos y él no dijo ni mu de los gobiernos que integró -los de Menem (su mentor), Rodríguez Saá, Duhalde y los Kirchner-; casi podría decirse que cuenta con asistencia perfecta en el boletín de la esquizofrénica fauna peronista.

El ex motonauta no ha dejado de ser el hombre que siempre flota, el inhundible Sr. Scioli que surfea en su ola naranja las peores adversidades, sin congelarse con el frío polar del gobierno nacional ni ahogarse en las inundaciones de su distrito/país.

Sin embargo, en el duelo electoral final, en octubre de 2015, no se imagina enfrente a Carrió sino a Mauricio Macri.

El 4 de diciembre próximo se cumplirán 25 años del peor accidente de su vida, del que sobrevivió nadando con un solo brazo, mientras el otro se perdía en el río Paraná.

Ese día, en Esquina Carlos Gardel, presentará un libro de fotos y testimonios que recopilan su vida. Si logra capear diciembre -como lo hizo el año pasado cuando se incendiaban otros distritos-, se zambullirá de vuelta en las aguas que mejor nada para ser el "presidente del verano", el RR.PP. por excelencia de Mar del Plata, donde los demás candidatos llegarán como visitantes forzados y él actuará como cómodo anfitrión.

Ahí también juega con otra ventaja: cuando el público más popular lo ve asomar, el contacto es menos frío que con un político convencional porque tiene el approach de una celebridad que conocen desde siempre y que les habla simple. Ídem para su esposa, la ex modelo y ahora muy activa presidenta de la Fundación Banco Provincia, Karina Rabolini.

A los 57 años, Scioli se aferra al deporte mientras contabiliza a sus pares de la política que se suman al club del bypass.

Apunta al corazón del voto peronista porque "el otro mercado está sobrecargado". Se ve a sí mismo en la antesala del poder y por eso quiere llegar en forma a lo que considera la tercera parte del "proyecto" (la palabra "modelo" no es tan habitual en su vocabulario): tras la "salida del infierno" (el gobierno de Néstor Kirchner, según su lectura) y la "etapa de las reformas" (las dos gestiones de Cristina Kirchner), sobrevendría, según su plan, la "fase del desarrollo".

"Ellos me han encontrado la vuelta y yo, a ellos", suele repetir a su círculo de íntimos al hablar de su particular relación con el kirchnerismo. Se mueve con tranquilidad porque, por más precandidatos oficialistas que haya, la Presidenta deja que la situación fluya y que las PASO resuelvan.

En un rito metódico y cotidiano, que comienza a las 6 de la mañana de cada día y que se extiende durante toda la jornada, alterna actos oficiales, indicaciones a sus colaboradores inmediatos y la meticulosa selección en persona de las imágenes que produce su equipo de fotógrafos antes de que sean enviadas a los medios.

Pero aunque la vorágine va in crescendo, desde que el destino lo impuso como el precandidato del oficialismo con más chances, los nervios no se le notan. Se ufana de ser un tipo cada vez más parecido a sí mismo: previsible, que no piensa refundar la República. Está convencido de que encaja perfectamente en la demanda de la hora donde, según algunas encuestas, la gente no quiere un cambio total.

Flotar es su especialidad.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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