El poder como fin y el poder como herramienta

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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2 de mayo de 2019  • 01:03

1. La mala fama del poder

A lo largo de la historia, el poder ha tenido mala fama o prensa basado en ejemplos negativos. Pero tenemos que reconciliarnos con el poder porque este consiste en "poder hacer". Algunas personas dicen que "la acumulación del poder corrompe", de allí que lo asociemos con la corrupción. Podemos hablar, en primer lugar, de un poder utilizado a través de la coerción, del temor, y es la capacidad de lograr que el otro haga algo por obligación o por miedo al castigo. Y en segundo lugar, de un poder persuasivo que es el poder sano y es la capacidad de influir sobre el otro (como veremos más adelante "poder hacer").

2. Definición de poder

El poder es la capacidad de decidir y de influir en otros, es decir, "poder hacer". Si bien es una posibilidad que todos tenemos, no todos la ejercen. También es reconocer que tengo alternativas para hacer algo. Sin embargo, cuando no tenemos poder, no somos capaces de decidir y, como nos sentimos impotentes, nos rendimos allí donde estamos.

Actitudes frente al poder

  • a. Me siento impotente: No puedo hacer nada por mí mismo y me resigno. Si me persigue un león, veo un árbol y corro hacia este árbol, eso es frustración; pero si me persigue un león y no veo ningún árbol eso es impotencia. Cuando perdemos poder, nos sentimos impotentes.
  • b. No tengo poder y juego el papel de víctima: El otro es el responsable y yo sufro por eso; he perdido mi poder personal.

El poder no es bueno ni malo; es neutro. Se trata de una herramienta y es el corazón el que determinará si se va a usar bien o mal. Podríamos compararlo con un martillo y es la mano que lo administra la que va a determinar cómo lo usa.

El poder debería ser siempre un servidor y nunca un amo.

El poder como un peso

El poder siempre genera beneficios (la mirada, el aplauso, la posibilidad de decisión, etc.). Cuando, por ejemplo, la gente nos aplaude, todos lo celebran. Sin embargo, debería ser un peso más que una satisfacción. Aquí se podría comparar con un bisturí que puede sanar o puede matar a una persona. El poder "adrenaliza", genera seducción, atrae. Por ello, se debe ver como un instrumento y no como un punto de llegada, como un medio para lograr algo y no como un fin. No hay que fusionarse con el poder. Pensemos en el poder del dinero, de los contactos, de la fama, de la belleza, del conocimiento, etc.

El poder como un fin

El poder no sirve para tapar un hueco emocional o llenar una carencia. Esta es la diferencia entre aquel que utiliza el poder como una herramienta y aquel que lo utiliza como un fin. Alguien puede tener un coche para sentirse valioso (como sucede con el poder de las marcas); mientras que alguien puede tener un coche porque es una herramienta que lo lleva a diferentes lugares. Se habla de "psicopatología del poder" cuando este se emplea como un fin (la persona intenta, mediante el poder, tapar agujeros o conflictos emocionales).

¿Cuáles son las características de las personas inseguras frente al poder?

a. Lo ostentan, lo muestran: Por ejemplo, llegan a un lugar y preguntan: "¿Vos sabés quién soy yo?" Necesitan mostrar todo lo que se compran, desde zapatos de marca hasta un coche. Funcionan con la vanagloria. Como la persona que mata un animal en un safari y sube una foto a las redes sociales (que en realidad es una foto mentirosa porque el animal estaba drogado y a metros de distancia). Es un trofeo al narcisismo, un pseudopoder, un autoengaño. No existe mérito alguno en matar un animal, pues no se ganó ninguna batalla y es una pelea inmoral. La vanagloria consiste en jactarse de un poder que no se tiene, en sentirse poderoso. El poder seduce, encandila. No hay nada que produzca tanta atracción y apego como el poder. De ahí que se hable de la "erótica del poder". Quien ostenta el poder puede excitarse y sentirse poderoso y también generar atracción en los demás. Es por ello que el poder siempre debe ser una herramienta en manos de gente sana.

b. Compiten: Una persona que tiene vacíos emocionales compite con el otro por el poder y quiere ganarle. Siente que el de arriba es un techo y lo quiere remover para seguir creciendo. Cuestiona todo lo que el otro dice o hace y compite porque el otro logró algo que él no ha logrado. Por lo general, uno compite con sus pares. Si alguien es escritor de ficción literaria, difícilmente compita con un científico. La competencia es la hija de la envidia y la envidia, de la baja estima.

c. Se ensoberbecen (sienten que es "su" capacidad): El poder no funciona en todas las personas de la misma manera. El narcisista expresa: "Ya no te necesito". Esto es algo muy frecuente que observamos en todos los grupos. La persona construyó poder y desconoce a quien le dio poder. Ahora siente que no necesita más al otro porque le salen bien las cosas. El orgulloso emplea el poder para su propia satisfacción. Dice: "Necesito que me admires, si no, me siento devaluado". El soberbio que logró algo se olvida del proceso, de la construcción, y desprecia ese contexto porque cree que lo hizo gracias a su fuerza. Cuando minimizamos el contexto, "nos la creemos"; pero todos somos el resultado del contexto.

No existen personas sin contexto. ¿Cuál es la diferencia entre el humilde y el orgulloso? El humilde mira el contexto y agradece porque sabe que siempre necesitará de los demás para seguir creciendo. En cambio, el orgulloso, al olvidarse del contexto se vuelve desagradecido, hasta el punto de pensar que ya no necesita a nadie.

d. Complotan: Un complot es un intento por derrumbar a alguien que tiene más poder o el mismo poder. Por ejemplo, en un ambiente laboral. Varios se juntan, aunque no se quieran, porque los une el mismo objetivo: ir en contra del jefe. Lo primero que tienen que hacer es justificar por qué arman ese complot. Su motor es la ambición de poder pero la disfrazan con el beneficio de ser los más admirados, los más queridos. Estas personas se envenenan entre sí y encuentran motivos (como, por ejemplo, que el jefe es injusto) para autoconvencerse y tapar su deseo y ambición de poder.

El poder en la pareja

También vemos la lucha de poder en la pareja. Casi toda pareja pasa por la inevitable lucha por el poder. ¿Quién decide? Las parejas suelen pelear por tonterías (si se abriga demasiado o no al nene, el dentífrico, etc.) pero no lo hacen por los contenidos en sí, sino para establecer quién define la escena, quién tiene el poder. En una pareja ninguno de los dos debe ganar el cien por ciento porque, si gana uno, perdió la pareja.

El poder es una construcción de vínculos. Por esa razón, solo la gente que trabaja en equipo tendrá poder. Pero el poder es temporal. Nadie tiene todo el poder todo el tiempo porque, tarde o temprano, este pasará a manos de otro. Por eso, "yo no soy el poder". Si yo me fusiono con el poder, llámese coche, posición o dinero, y luego lo pierdo me voy a deprimir porque sentiré que perdí algo de mí. En cambio, si yo tomo distancia y lo considero una herramienta, el día que lo pierda no me voy a deprimir porque "yo no soy la herramienta".

El poder es una herramienta, una llave, que debemos usar para bendecir a muchos.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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