En lo más alto

Diana Fernández Irusta
Edición fotográfica: Dante Cosenza
Edición fotográfica: Dante Cosenza Fuente: AP - Crédito: Molly Sprayregen
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13 de mayo de 2019  

LOBUCHE, Nepal.- Que los chocolates, que el café y el ícono pop, que el wifi. Y esas piedras, a las que se les adivinan milenios, y así y todo pertenecen a una de las zonas más jóvenes del mundo. Con cincuenta millones de años, el Himalaya es de lo más nuevo que brotó en el planeta y el Everest, su joya mayor. Es ese nombre -la visión que prometen sus nieves, el rigor de su cumbre- lo que ansían quienes hacen un alto aquí: campamento base, Nepal; unos 5000 metros de altura, la panadería más elevada del mundo. Allá adentro, el aroma a confitura será como una caricia larga. Los cuerpos se despojarán un poco; habrá tregua, respiración acompasada -el oxígeno, ese bien escaso a tanta distancia del nivel del mar-, constatación de cuán urbanos y contemporáneos y humanos seguimos siendo. Afuera, los yaks velan su sueño de bestias de carga, ajenos a los empecinados rituales que se realizan del otro lado del muro.

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