Esperando el fin del mundo en un sótano

Mariano Donadío
Mariano Donadío LA NACION
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20 de octubre de 2019  

La historia comienza con la entrada de un hombre joven de pelo largo, barba sucia y ropas viejas a un bar de Ruinerworld (Holanda). Pidió cinco cervezas y se las tomó de un trago. "Conversé con él y me reveló que se había escapado y que necesitaba ayuda... Entonces llamamos a la policía", dijo el dueño del bar. Cuando la policía se dirigió a una granja en las afueras del pueblo, encontró a la familia del joven, que llevaba nueve años encerrada en su sótano esperando el fin del mundo.

El resto de la historia permanece en el misterio.

Apenas se sabe que un hombre de 58 años era la única cara visible de la familia, junto con un perro y algunos gansos. Que el joven fugitivo tenía hermanos con edades que iban entre los 18 y los 25 años. Que estaban hacinados en un lugar oculto -detrás de la despensa, bajando una escalera- y que su madre ya no estaba con ellos. Que el fin del mundo no llegó, todavía. Y que así como existe la pasión por la libertad, también existe la (triste) pasión por quitársela a otros.

Fuente: LA NACION

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