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Esther Forero, la empoderada de Barranquilla

7 de diciembre de 2019  

Llega diciembre y Bogotá se viste de fiesta. El espíritu navideño inunda las calles, las plazas y los centros comerciales de la ciudad. Por la zona de Chapinero, grupos de amigos arman sus rumbas luciendo gorritos de Papá Noel. Una iluminación imponente engalana los elegantes jardines del Gimnasio Moderno, uno de los colegios más prestigiosos del país. La decoración se corresponde con la tradición, pero lo que ocurre en la biblioteca de esa institución también es motivo de fiesta: la gestora cultural e investigadora musical feminista, Daniella Cura, presenta Esther Forero, La caminadora. La resistencia de una mujer en la música colombiana. La celebración es doble, porque se trata también del lanzamiento de una nueva editorial, Artimaña. Y sobre el escenario, Daniella despliega, junto a la periodista Lina Tono y su editor, Ángel Únfried, el fruto de una larga y profunda investigación.

Bautizada "La novia de Barranquilla", Esther Forero (1919-2011) fue compositora, cantante, folclorista, realizadora radial y publicista. Con ambición renacentista, fue también un estandarte feminista sin banderas. Esa fue una de las claves para que la autora se interesara en explorar su historia. "Daniella es, ante todo y sobre todo, una mujer apasionada por lo que hace", afirma en el prólogo el escritor Alonso Sánchez Baute. "Desde que comenzó a investigar la vida de la más famosa cantante de música popular de su tierra, hace ya tres años, la preocupación que le he conocido no es otra que Esthercita Forero".

Esa minuciosidad le permitió, por ejemplo, profundizar en aspectos biográficos que trascienden la mera curiosidad. Por ejemplo: en 1935, una semana antes del fatídico accidente de avión en Medellín, Carlos Gardel pasó por Barranquilla. Hizo un par de presentaciones en el Teatro Apolo, pero también una visita promocional a La Voz de Barranquilla, una célebre radio caribeña. Con apenas 16 años, la principiante Esther Forero logró traspasar la multitud que rodeaba la sede de la emisora y, una vez adentro, la cantante contó con la buena suerte de que el Zorzal estaba buscando acompañamiento para una de sus presentaciones y la escogió para que cantara junto a él. Ese bautismo de fuego fue un espaldarazo fundamental para la carrera musical que estaba próxima a iniciar. No suena descabellado pensarla como una Tita Merello de la costa del Pacífico.

En los años siguientes, las orquestas de Lucho Bermúdez y Pacho Galán proyectaron cumbias, porros y fandangos desde el Caribe hacia el resto del país y el mundo. Forero se alzó como la única (y por ende solitaria) exponente femenina que aportó composiciones, de igual a igual, que esos próceres de la música colombiana. De condición humilde, fue madre soltera en la década del 30 y se abrió paso en el ambiente musical de un modo sui generis, sin que fuera su profesión principal. Al mismo tiempo que trabajaba como vendedora, hizo una travesía por el interior del país recopilando piezas folclóricas de distintas regiones, en los márgenes del río Magdalena, algo así como el Mississippi colombiano. En los 40, se proyectó a Venezuela y Panamá, y luego a República Dominicana, Puerto Rico y Cuba, donde vivió durante un año. Gracias a su amigo el poeta Nicolás Guillén, tuvo oportunidad de conocer a Josephine Baker, referente de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, con una actitud libertaria equiparable al de Forero, en uno de sus pasos por la isla.

Pero a comienzos de los años 50, instalada en Nueva York, Esther vivió los momentos más importantes de su vida. El pianista, arreglador y compositor cubano René Touzet, uno de los latinos más celebrados de la escena, fue su padrino musical, y fue en ese momento cuando Forero empezó a introducir un discurso revolucionario para la época, al que Cura no duda en calificar de feminista. Un ejemplo es "Disimúlame" (1953), donde propone: "Disimula si me asomo a la ventana. La mujer también debe tener derecho de mirar pa' allá, pa' donde le de la gana". Un verdadero hito en su producción artística.

A mediados de los 70, un crítico escribió: "De Esthercita Forero podríamos escribir páginas enteras porque su dilatada y brillante carrera artística da para mucho, pero digamos así a secas que es la Novia de Barranquilla. Que es la mujer que más cosas bonitas le ha dedicado a Barranquilla".

El problema, dice Daniella Cura, es que esas "páginas enteras sobre su dilatada y brillante carrera artística" nunca se escribieron. Y ese rótulo "así, a secas, la novia de Barranquilla", ahorraba el esfuerzo de escribirlas y eludía la urgencia de leerlas. Este libro, de lectura placentera, viene a subsanar esa omisión y abre las puertas de una obra fantástica y adelantada en muchas décadas a la era del actual empoderamiento.

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